Parceria entre gobierno, universidad y empresas pretende capturar el gas liberado en la fabricación del etanol y evaluar su almacenamiento permanente en formaciones geológicas profundas
Sao Paulo dio el primer paso para desarrollar la primera unidad piloto brasileña de captura y almacenamiento de carbono proveniente de la producción de etanol de caña de azúcar. La iniciativa busca impedir que parte del dióxido de carbono liberado durante la fermentación sea lanzada directamente a la atmósfera.
De acuerdo con la Agencia FAPESP, el proyecto fue anunciado el 10 de junio de 2026, durante un evento de la Semana del Medio Ambiente, con la firma del término que creó el Centro de Tecnologías para Captura y Almacenamiento de Carbono Biogénico, llamado CTCCSBio. La inversión total estimada es de R$ 30 millones a lo largo de cinco años.
El centro estará ubicado en la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo y reunirá al gobierno paulista, investigadores y representantes del sector productivo. Entre los participantes están la Secretaría de Medio Ambiente, Infraestructura y Logística, Petrobras, Grupo São Martinho y la oficina Rolim Goulart Cardoso Abogados.
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A pesar del anuncio, la planta aún no tiene dirección, capacidad de almacenamiento o fecha exacta para comenzar a operar. Los primeros años se dedicarán justamente a descubrir dónde y en qué condiciones el proyecto podrá ser instalado con seguridad ambiental, viabilidad económica y aceptación social.
Proyecto de captura de carbono comenzará con dos años de investigaciones
La iniciativa fue estructurada en dos grandes fases. En los dos primeros años, los investigadores deberán identificar regiones adecuadas, analizar la geología del subsuelo paulista y calcular los costos necesarios para capturar, transportar y almacenar el carbono.
La segunda etapa deberá avanzar hacia la implementación y el funcionamiento del proyecto piloto. Esto significa que el anuncio de R$ 30 millones no representa necesariamente el precio de una futura planta comercial de gran tamaño, sino el presupuesto estimado para investigaciones, planificación, desarrollo tecnológico y construcción de la experiencia inicial.
Según información de Semil, el trabajo se organizará en cinco ejes principales, involucrando tecnología, infraestructura, mercado, regulación y aspectos socioambientales. La propuesta también está ligada al Plan de Acción Climática 2050 y al Plan Estatal de Energía 2050 de São Paulo.
Cómo el carbono del etanol podrá ser capturado
La tecnología elegida es conocida por la sigla inglesa BECCS, que significa Bioenergía con Captura y Almacenamiento de Carbono. El sistema aprovecha una característica específica de la fabricación del etanol para separar el CO₂ antes de que sea liberado en el aire.
Durante el crecimiento, la caña de azúcar retira dióxido de carbono de la atmósfera a través de la fotosíntesis. Cuando los azúcares de la planta son fermentados para producir etanol, parte de ese carbono vuelve a aparecer en forma de un flujo concentrado de CO₂.
Este gas puede ser recogido, purificado, deshidratado y comprimido. Luego, es transportado hasta un pozo e inyectado en formaciones geológicas profundas, donde deberá permanecer almacenado por largos períodos, acompañado por sistemas de monitoreo.
La Empresa de Investigación Energética informa que el gas producido durante la fermentación alcohólica puede presentar una concentración superior al 95% de CO₂, condición que facilita la separación. La institución estima costos de captura entre US$ 25 y US$ 35 por tonelada en este proceso, por debajo de las estimaciones para plantas termoeléctricas o para la retirada directa de carbono del aire.
El etanol podrá presentar una huella de carbono negativa
El objetivo del BECCS no es solo evitar una emisión industrial. Como el carbono fue inicialmente retirado de la atmósfera por la caña, su almacenamiento permanente puede generar una remoción neta, siempre que la cantidad almacenada sea superior a las emisiones producidas en el cultivo, transporte y procesamiento.
Es por eso que los responsables del proyecto afirman que el etanol podrá convertirse en un combustible de carbono negativo. Esta clasificación, sin embargo, dependerá de cálculos completos del ciclo de vida y no solo de la cantidad de gas capturada dentro de la planta.
Una disertación desarrollada en la USP simuló la aplicación de la tecnología en una gran destilería de caña e indicó que la intensidad de emisiones podría caer de 27,3 gramos de CO₂ equivalente por megajulio a un resultado negativo de 3,2 gramos. El estudio representa una simulación académica y no una previsión garantizada para la futura unidad paulista.
También será necesario considerar el consumo de electricidad de los equipos, las emisiones en el campo, el uso de fertilizantes y el transporte del combustible. Por lo tanto, instalar un sistema de captura no transforma automáticamente todo el etanol producido en un combustible sin impactos ambientales.
La ubicación de la unidad dependerá de reservorios profundos y seguros
Uno de los mayores desafíos será encontrar una planta de etanol cercana a una formación geológica adecuada. Transportar grandes cantidades de CO₂ por largas distancias puede elevar los costos y exigir la construcción de tuberías específicas.
Los investigadores buscarán los llamados reservorios salinos profundos, formados por rocas porosas llenas de agua de alta salinidad. Esta agua no es apropiada para el abastecimiento humano, y las formaciones evaluadas deberán estar a más de mil metros de profundidad.
Por encima de la capa porosa, debe existir una formación rocosa impermeable capaz de funcionar como una barrera natural. Se necesitarán estudios sísmicos, perforaciones y pruebas de presión para verificar la capacidad de almacenamiento y reducir el riesgo de movimiento del gas.
La operación también necesitará acompañar permanentemente la presión del reservorio, la integridad de los pozos y la ubicación del CO₂ inyectado. El monitoreo deberá continuar incluso después del cierre de las actividades, siguiendo reglas que aún serán detalladas para el sector brasileño.
Además de las condiciones geológicas, se evaluarán los impactos ambientales, la proximidad de las plantas, la infraestructura existente y la percepción de la población. Un área técnicamente favorable puede ser descartada si presenta dificultades ambientales, económicas o sociales.
El mercado de carbono será decisivo para pagar la tecnología
Capturar y almacenar carbono requiere equipos, energía, perforaciones, monitoreo y mano de obra especializada. Como el CO₂ permanece en el subsuelo y no se transforma directamente en un producto vendido al consumidor, el proyecto necesitará encontrar formas de generar ingresos.
Entre las posibilidades están la venta de créditos de remoción de carbono, incentivos públicos y la valorización comercial de un etanol con menor intensidad de emisiones. Compradores internacionales también pueden aceptar pagar más por combustibles que presenten certificación ambiental robusta.
El Ministerio de Hacienda informó que la Ley nº 15.042, sancionada el 11 de diciembre de 2024, creó el Sistema Brasileño de Comercio de Emisiones. La implementación del mercado regulado será gradual y deberá establecer criterios para monitoreo, registro y negociación de activos relacionados con las emisiones y remociones de gases de efecto invernadero.
Para que el carbono almacenado genere créditos confiables, será necesario comprobar cuánto fue realmente removido, por cuánto tiempo permanecerá en el subsuelo y quién será responsable de eventuales problemas. También será preciso evitar la doble contabilidad, situación en la que una misma remoción es utilizada por más de una empresa o programa ambiental.
La Ley del Combustible del Futuro abrió camino para el almacenamiento
Brasil pasó a contar con un marco legal específico para la actividad tras la aprobación de la Ley nº 14.993, de 8 de octubre de 2024, conocida como Ley del Combustible del Futuro. El texto trata de la captura, el transporte por ductos y el almacenamiento geológico de dióxido de carbono.
Según la Agencia Nacional del Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles, la legislación atribuyó al organismo la responsabilidad de regular y autorizar estas operaciones. Las normas deberán abarcar desde la habilitación de las empresas hasta la transferencia de responsabilidad por los reservorios después del cierre de los proyectos.
El marco jurídico será una de las áreas estudiadas por el nuevo centro paulista. Sin reglas claras sobre licenciamiento, fiscalización, seguridad de los pozos y responsabilidad a largo plazo, los proyectos comerciales pueden encontrar dificultades para obtener financiamiento.
São Paulo tendrá la primera experiencia dedicada al etanol de caña
La denominación de primera unidad del país debe ser comprendida de forma específica. El proyecto de São Paulo pretende ser el primer proyecto piloto brasileño de BECCS enfocado al sector sucroenergético y al etanol de caña de azúcar.
Brasil ya cuenta con una iniciativa anterior relacionada con el etanol de maíz en Lucas do Rio Verde, en Mato Grosso. En diciembre de 2025, el BNDES aprobó R$ 384,3 millones para apoyar una unidad de FS destinada a comprimir y almacenar aproximadamente 423 mil toneladas de CO₂ por año.
Los dos valores no deben ser comparados directamente como si representaran proyectos idénticos. El emprendimiento mato-grossense fue estructurado a escala industrial, mientras que los R$ 30 millones anunciados en São Paulo abarcan un centro de investigación y el desarrollo de una unidad piloto cuya capacidad aún será definida.
La experiencia de Mato Grosso podrá proporcionar información importante sobre licenciamiento, costos, monitoreo y comercialización de créditos. São Paulo, por su parte, podrá probar la aplicación de la misma tecnología en una cadena basada en la caña, que posee características productivas y estacionales diferentes.
La tecnología puede abrir un nuevo mercado para las plantas brasileñas
El potencial nacional es significativo porque Brasil posee una gran producción de etanol y cientos de unidades industriales. Estimaciones técnicas indican que la captura del carbono generado en la fermentación alcohólica podría alcanzar decenas de millones de toneladas por año en la próxima década, si la tecnología fuera adoptada a gran escala.
La expansión, sin embargo, dependerá de la existencia de reservorios cercanos, infraestructura de transporte, financiamiento y compradores para los créditos de carbono. No todas las plantas estarán ubicadas sobre regiones adecuadas, lo que puede hacer necesaria la creación de redes compartidas de ductos y lugares de almacenamiento.
El proyecto paulista podrá mostrar si la captura de carbono es económicamente viable para el sector de la caña o si continuará restringida a instalaciones de gran tamaño. El resultado de los cinco años de investigaciones será más importante que el anuncio inicial, pues definirá si la solución logrará salir de la fase experimental.

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