El Black Hornet es un nanodrone militar fabricado por Teledyne FLIR Defense que cabe en el bolsillo de un soldado y permite el reconocimiento de áreas peligrosas sin exposición directa de la tropa. El nanodrone más reciente, el Black Hornet 4, pesa 70 gramos, vuela por más de 30 minutos, recorre más de tres kilómetros y opera bajo vientos de 25 nudos y lluvia. FLIR Defense ya ha entregado más de 33 mil unidades del nanodrone a fuerzas militares y de seguridad en más de 45 países, y los contratos con el Ejército de los Estados Unidos ya suman más de 300 millones de dólares.
El nanodrone que está cambiando el reconocimiento militar en todo el mundo pesa 70 gramos y tiene el tamaño de un dedo. El Black Hornet, desarrollado originalmente por la noruega Prox Dynamics y hoy fabricado por Teledyne FLIR Defense, fue diseñado para dar a los soldados en el campo una forma discreta de observar amenazas, acceder a lugares remotos y ampliar la conciencia situacional sin necesidad de exponerse. El nanodrone está listo para volar en menos de un minuto, genera un ruido casi imperceptible y transmite video en vivo e imágenes a un dispositivo portátil usado por el operador, quien puede controlarlo con un joystick o programar una ruta con GPS integrado.
El sistema completo del nanodrone incluye dos drones y una estación base, concebidos para caber junto al equipo individual de un militar. FLIR Defense ya ha entregado más de 33 mil unidades del Black Hornet a fuerzas de más de 45 países, y los pedidos realizados por el Ejército de los Estados Unidos a través del programa Soldier Borne Sensor y otros contratos ya suman más de 300 millones de dólares. En mayo, la empresa inauguró una instalación de 13 mil pies cuadrados en Somerset, Kentucky, como centro de mantenimiento, pruebas y entrenamiento para los sistemas usados por las Fuerzas Armadas estadounidenses.
Lo que el nanodrone Black Hornet puede hacer

El Black Hornet 4, la versión más reciente del nanodron, pesa 70 gramos, vuela por más de 30 minutos y recorre más de tres kilómetros. El equipo cuenta con cámara diurna de 12 megapíxeles, cámara térmica de alta resolución y recursos avanzados de evasión de obstáculos, permitiendo operación en ambientes urbanos congestionados, túneles y edificaciones sin depender de GPS.
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Según información divulgada por el portal de Época Negócios, el nanodron alcanza una velocidad de hasta 10 metros por segundo y opera bajo vientos de 25 nudos y lluvia, condiciones que derribarían drones civiles de tamaño similar. El enlace digital de datos permite operar el Black Hornet en línea recta a hasta mil metros de distancia. Para el soldado en el campo, el nanodron funciona como un par de ojos extra que puede entrar en un edificio, verificar qué hay al otro lado de un muro o sobrevolar un cruce antes de que el equipo avance.
La evolución del nanodron en cuatro generaciones
El desarrollo del nanodron comenzó en abril de 2008 por Prox Dynamics. El primer modelo, el PD-100, medía 100 milímetros de longitud, pesaba solo 16 gramos incluyendo la cámara y entró en producción en serie a principios de 2012. El Ministerio de Defensa del Reino Unido cerró un contrato de 31 millones de dólares para 160 unidades del nanodron, que fue desplegado en Afganistán para la vigilancia de las tropas británicas.
En 2016, FLIR Systems adquirió Prox Dynamics por 134 millones de dólares. El Black Hornet 3, lanzado en 2018, pasó a pesar 32 gramos y ganó la capacidad de volar sin GPS. La versión 4 del nanodron prácticamente duplicó el peso a 70 gramos, pero a cambio amplió la autonomía a más de 30 minutos, el alcance a más de tres kilómetros y añadió cámara térmica y evasión de obstáculos.
Por qué 45 países adoptaron el nanodron
El nanodron resuelve un problema que acompaña a la infantería desde que la guerra existe: saber qué hay al frente sin arriesgar vidas para descubrirlo. En operaciones urbanas, selvas o terrenos montañosos, el Black Hornet permite que una patrulla de pocos soldados tenga la misma capacidad de reconocimiento que antes requería helicópteros, drones más grandes o el envío de exploradores en misiones de alto riesgo.
El costo, aunque elevado para un objeto tan pequeño, se justifica por la reducción de bajas. El Ejército de los Estados Unidos adquiere el nanodrone desde 2018 y ya ha invertido más de 300 millones de dólares en el programa, evidenciando que el valor de proteger soldados supera el precio del equipo. En más de 45 países, fuerzas de defensa y seguridad utilizan variantes del Black Hornet en operaciones que van desde combate en zonas urbanas hasta vigilancia de fronteras.
El nanodrone y el futuro del reconocimiento militar
La inauguración del centro de mantenimiento en Kentucky señala que FLIR Defense trata el nanodrone como un producto a largo plazo, no como una novedad tecnológica pasajera. La inversión en infraestructura de soporte indica que el Ejército americano planea operar el Black Hornet por décadas, integrando el equipo a la doctrina de combate de pequeñas unidades como herramienta estándar.
Para el futuro, la tendencia es que el nanodrone sea aún más ligero, más autónomo y capaz de operar en enjambres coordinados, multiplicando la capacidad de vigilancia de una única patrulla. El Black Hornet ya ha demostrado que un equipo de 70 gramos puede cambiar la ecuación de un enfrentamiento, y cada nueva generación amplía las posibilidades para soldados que, antes del nanodrone, tenían como única opción asomar la cabeza fuera de la cobertura.
¿Sabías que existe un nanodrone militar de 70 gramos que cabe en el bolsillo y ya ha sido vendido a más de 45 países? ¿Qué impresiona más: el tamaño, la cámara térmica o los 300 millones de dólares en contratos? Cuéntanos en los comentarios.


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