Lo que era para ser un sendero pavimentado con piedras se convirtió en una carretera de hasta 30 metros de ancho abierta hasta la cima, con remoción de vegetación. El Ministerio Público detectó barrancos, pérdida de suelo y árboles enterrados, y la Justicia llegó a detener la obra, antes de que el Tribunal permitiera la reanudación.
El gobierno de Mato Grosso decretó la expropiación de 13 inmuebles para asfaltar el acceso al Morro de Santo Antônio, un monumento natural protegido cerca de Cuiabá que está en el centro de una intensa disputa ambiental. El decreto, firmado por el gobernador Otaviano Pivetta, fue publicado en el Diario Oficial el 27 de mayo de 2026, y prevé expropiaciones con carácter de urgencia para viabilizar la pavimentación de la carretera de acceso al punto turístico, en Santo Antônio de Leverger.
La medida reaviva la polémica en torno a una obra que, según el Ministerio Público de Mato Grosso, ya ha provocado erosión grave en la unidad de conservación. Lo que debería haber sido solo un sendero pavimentado terminó convirtiéndose en una carretera que subió hasta la cima del cerro, generando acciones judiciales, decisiones contradictorias y la exigencia de explicaciones en la Asamblea Legislativa. Las visitas al lugar siguen suspendidas desde el año pasado y deben continuar cerradas hasta noviembre de 2026.
Lo que dice el decreto de expropiación

La conducción estará a cargo de la Secretaría de Estado de Infraestructura y Logística, la Sinfra, y de la Procuraduría General del Estado, la PGE, con los recursos saliendo del propio presupuesto de la Sinfra. El objetivo declarado por el gobierno es viabilizar la implementación y pavimentación de la carretera de acceso al cerro.
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Al portal Primeira Página, que reportó el caso, la Sinfra informó que el proceso ya ha comenzado, pero aún depende de la evaluación de los inmuebles y de la notificación de los propietarios, sin plazo definido para el inicio efectivo de las expropiaciones. La alcaldesa de Santo Antônio de Leverger, Francieli Magalhães, fue contactada por el reportaje, pero no se había manifestado hasta la publicación.
El cerro que es patrimonio natural e histórico
El Cerro de Santo Antônio se encuentra en el municipio de Santo Antônio de Leverger, a unos 27 a 30 kilómetros de Cuiabá, y es considerado Monumento Natural Estatal desde 2006. Se trata de una unidad de conservación de aproximadamente 258 hectáreas, conocida por la vista panorámica de la Bajada Cuiabana, que atrae a senderistas, turistas y devotos, siendo una de las principales postales de la región.
Además del valor paisajístico, el cerro tiene importancia histórica. Con cerca de 500 metros de altitud, tuvo un papel estratégico durante la Guerra del Paraguay, cuando se instalaron puntos de observación en la cima para prevenir una posible incursión paraguaya por el río Cuiabá. Este conjunto de atributos ambientales, históricos y turísticos es precisamente lo que hace que la discusión sobre las obras sea tan sensible.
Cuando el sendero se convirtió en una carretera
El núcleo de la polémica está en la diferencia entre lo que se proyectó y lo que se ejecutó. El gobierno elaboró un proyecto de sendero pavimentado con piedras, cercano a la vegetación, autorizado por la Secretaría de Estado de Medio Ambiente, la Sema. Sin embargo, lo que se observó en el lugar fue la apertura de una carretera de hasta 30 metros de ancho en algunos tramos, subiendo hasta la cima, con remoción de vegetación nativa.
La obra, presupuestada en unos R$ 10,5 millones y previendo pavimentación, terraplenado e infraestructura de visita, pasó a ser objeto de cuestionamientos. El diputado estatal Lúdio Cabral, del PT, llegó a aprobar en la Asamblea Legislativa un requerimiento exigiendo explicaciones de la Sema y de la Sinfra, cuestionando el fundamento técnico para abrir una carretera tan ancha y usar pavimentación de concreto, en lugar de soluciones de menor impacto, como senderos suspendidos, pisos drenantes o pasarelas elevadas.
La erosión grave señalada por el Ministerio Público
El punto más delicado es el daño ambiental. Tras una inspección técnica, el Ministerio Público de Mato Grosso identificó erosión grave en la carretera abierta, con formación de cárcavas, surcos profundos, pérdida de suelo, exposición de rocas y arrastre de sedimentos sobre la vegetación nativa, con mortandad de árboles por soterramiento, según consta en la acción civil pública.
Con base en estos señalamientos y en un informe del Centro de Apoyo Operacional realizado en noviembre de 2025, la Vara Especializada del Medio Ambiente de Cuiabá determinó, el 19 de febrero de 2026, la paralización inmediata de las obras, formalizada por un término de paralización. La decisión también prohibió expresamente la extracción de piedras del cerro y determinó medidas de emergencia para contener la erosión, ante el riesgo de colapso de laderas en el período lluvioso.
El pulso en la Justicia
El caso, sin embargo, está lejos de un desenlace definitivo. En marzo de 2026, el juez Deosdete Cruz Junior, del Tribunal de Justicia de Mato Grosso, revocó la medida cautelar y autorizó la reanudación de las obras, al considerar que la decisión de primera instancia era contradictoria: obligaba al Estado a ejecutar medidas técnicas complejas, pero, al mismo tiempo, suspendía la licitación que serviría justamente para contratar a la empresa que realizaría esos servicios.
La Sema, por su parte, sostiene la regularidad del proyecto. El órgano afirmó que no fue notificado ni escuchado antes de la concesión de la medida cautelar inicial y que, en su evaluación técnica, no había motivos para la suspensión de la obra. Es importante destacar que la disputa judicial sigue abierta, sin decisión final de mérito, y que tanto el gobierno como el Ministerio Público presentan sus versiones dentro del proceso, correspondiendo a la Justicia el desenlace.
El episodio de las piedras retiradas del cerro
Otro capítulo que compone el historial, y que merece el debido cuidado en cuanto a las fechas, es el de las piedras. En febrero de 2025, aún el año pasado, piedras similares a las del Cerro de Santo Antônio fueron encontradas en el Parque Novo Mato Grosso, en la MT-251, lo que levantó sospechas sobre la retirada de material de la unidad de conservación.
El Estado, en nota, confirmó que las piedras eran de la unidad de conservación y afirmó que estaban siendo usadas en la construcción de un pequeño monumento escénico. En la época, la fiscal Ana Luiza Avila Peterlini de Souza consideró la práctica irregular, ponderando que solo obras de contención de la erosión serían permitidas en el lugar. Se trata de un episodio que integra la investigación sobre la obra, sin que haya, hasta el momento, decisión judicial definitiva responsabilizando a los involucrados.
Desarrollo turístico contra preservación
En el fondo, el caso del Cerro de Santo Antônio ilustra un dilema clásico en Brasil. De un lado, el deseo legítimo de hacer un patrimonio natural accesible al turismo, con infraestructura y seguridad para los visitantes; del otro, la obligación de preservar una unidad de conservación que existe justamente para proteger ese ecosistema. El equilibrio entre los dos es el meollo de la cuestión.
Casos como este reavivan el debate sobre licenciamiento ambiental, fiscalización de obras públicas en áreas protegidas y la importancia de elegir soluciones de ingeniería compatibles con la fragilidad del terreno. Cuando una obra de mejora acaba provocando el daño que debería evitar, queda la lección de que, en áreas sensibles, el cómo se construye puede ser tan decisivo como lo que se construye.
La expropiación de los 13 inmuebles marca un nuevo capítulo en la novela del Morro de Santo Antônio, que mezcla turismo, medio ambiente, política y Justicia. El gobierno de Mato Grosso defiende la obra como un avance para el acceso y la seguridad de los visitantes, mientras que el Ministerio Público y parte de los parlamentarios señalan daños ambientales serios a la unidad de conservación. Con la disputa judicial aún sin desenlace definitivo y las visitas suspendidas hasta noviembre, queda acompañar si el estado logrará conciliar la mejora del acceso con la preservación de uno de los patrimonios naturales más queridos de la Baixada Cuiabana.
¿Y tú, qué opinas de esta obra en el Morro de Santo Antônio? ¿Crees que es posible llevar turismo e infraestructura a un área protegida sin destruirla, o el medio ambiente debería tener más peso? Deja tu comentario, comparte tu opinión sobre el equilibrio entre desarrollo y preservación y comparte el artículo con quienes se preocupan por el medio ambiente y el patrimonio natural de Brasil.

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