Transformación militar en curso redefine estructura, prioriza drones, amplía la prontitud y reorganiza brigadas estratégicas ante amenazas modernas y conflictos multidominio cada vez más tecnológicos e integrados entre diferentes entornos operativos.
El Ejército Brasileño definió una política de transformación integral para adaptar su estructura, doctrina y formación militar al escenario de guerras contemporáneas.
Cada vez más marcadas por drones, sensores avanzados, armas de precisión y operaciones simultáneas en múltiples entornos estratégicos.
El cambio fue formalizado en la Política de Transformación del Ejército Brasileño, publicada oficialmente en el Boletín del Ejército y dirigida por el Estado Mayor de la Fuerza, después de que evaluaciones internas detalladas señalaran limitaciones relevantes para enfrentar conflictos actuales y amenazas proyectadas para las próximas décadas.
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El documento afirma que los conflictos recientes han hecho que el campo de batalla sea más transparente y significativamente más letal, debido a la combinación de sistemas no tripulados, fuegos de precisión y redes de vigilancia capaces de reducir drásticamente el tiempo entre la detección y el ataque.
Prontitud militar y brigadas estratégicas
La nueva organización prevé que, como mínimo, el 20% de los efectivos de las fuerzas de empleo permanezcan en un elevado grado de prontitud y resiliencia, garantizando una capacidad consistente de respuesta rápida ante amenazas potenciales o crisis ya instaladas en diferentes regiones del territorio nacional.
Según la política establecida, estudios compararon a Brasil con países en situación similar en el escenario internacional e identificaron que este nivel de prontitud se adopta como referencia para asegurar una reacción inmediata en escenarios de mayor inestabilidad geopolítica y estratégica.
Cinco de las 25 brigadas del Ejército deberán componer el núcleo de mayor prontitud operacional, incluyendo la Brigada Paracaidista, en Río de Janeiro, además de la 12ª Brigada Aeromóvil, la 11ª Brigada Mecanizada, la 23ª Brigada de Selva y la 5ª Brigada Blindada.
En caso de empleo operacional efectivo, estas unidades quedarán subordinadas a la 2ª División de Ejército, con sede en São Paulo, que asumirá un papel central en la coordinación de las fuerzas preparadas para el desplazamiento rápido y la actuación en diferentes puntos estratégicos del territorio nacional.
Nueva estructura con cuatro tipos de fuerza
La política reorganiza el Ejército en cuatro categorías distintas de empleo, con funciones específicas orientadas a la respuesta inicial inmediata, la actuación ofensiva a gran escala, el sostenimiento de conflictos prolongados y la ejecución de operaciones integradas en el entorno multidominio.
Las Fuerzas de Empleo Inmediato serán posicionadas conforme a criterios estratégicos de localización, especialmente en áreas de frontera o regiones con potencial de crisis, teniendo como misión principal ofrecer la primera respuesta rápida ante cualquier amenaza emergente.
Las Fuerzas de Empleo de Prontitud tendrán capacidad ampliada para actuar en cualquier parte del territorio nacional y también en áreas de interés del Estado brasileño, con poder de combate suficiente para someter amenazas mediante acciones ofensivas coordinadas.
Por su parte, las Fuerzas de Empleo Continuado deberán garantizar el sostenimiento de las operaciones militares en escenarios de conflicto prolongado, mientras que las Fuerzas de Empleo en el Multidominio reunirán capacidades avanzadas que incluyen defensa antiaérea, misiles, cohetes y sistemas integrados de guerra tecnológica.
Uso de drones en todos los niveles del Ejército
La transformación prevista establece la presencia de drones en todos los niveles de la Fuerza Terrestre, abarcando equipos aéreos, terrestres y marítimos destinados a misiones de reconocimiento, vigilancia continua y ataque en diferentes contextos operativos.
Un batallón específico deberá ser creado en el Comando de Aviación del Ejército con la misión de operar drones de los tipos 3 y 4, caracterizados por mayor autonomía, alcance y capacidad de actuación en altitudes elevadas en escenarios más complejos.
Además, esta unidad deberá funcionar como centro de instrucción y capacitación, siendo responsable de formar militares y diseminar conocimiento técnico para el uso de sistemas no tripulados en toda la estructura de la Fuerza Terrestre.
En las brigadas operacionales, compañías y pelotones deberán operar drones de las categorías 1 y 2, ampliando significativamente la capacidad de observación en tiempo real y permitiendo respuestas más rápidas y precisas en los niveles táctico y operacional.
El documento sostiene que la superioridad en el combate moderno depende directamente de información, letalidad, protección, movilidad y sostenimiento, factores considerados esenciales para una actuación eficaz en escenarios caracterizados por alta complejidad tecnológica e integración entre diferentes dominios.
Inversión de R$ 400 mil millones hasta 2040
El Ejército presentó al Ministerio de Defensa un estudio detallado que estima en R$ 400 mil millones el volumen necesario para modernizar integralmente la Fuerza Terrestre hasta el año 2040, considerando la evolución tecnológica y las exigencias del escenario militar futuro.
La propia política reconoce que la disponibilidad presupuestaria nacional destinada al área de Defensa tiende a permanecer por debajo de las necesidades estratégicas identificadas, exigiendo la adopción de criterios rigurosos de priorización, reorganización administrativa y mayor eficiencia en los procesos internos.
El plan también señala que la demanda global de materiales de uso militar supera la capacidad productiva disponible actualmente, lo que refuerza la necesidad de fortalecer la Base Industrial de Defensa y fomentar la producción nacional de equipos estratégicos.
Entre las capacidades críticas destacadas en el documento se encuentran la **defensa antiaérea, cibernética, guerra electrónica, inteligencia, comando y control**, además de la protección de estructuras estratégicas y la integración de sensores con herramientas avanzadas de inteligencia artificial.
Cambios en la formación y en la doctrina militar
La transformación propuesta no se limita a la incorporación de nuevos equipos y tecnologías, involucrando también cambios estructurales en la formación de los militares y en la forma en que la doctrina de empleo de la Fuerza será aplicada en los diferentes escenarios operacionales.
El Ejército pretende revisar la formación de sus cuadros, ajustar especializaciones conforme a las nuevas demandas tecnológicas y reforzar la mentalidad de empleo conjunto, ampliando la autonomía decisoria en los escalones inferiores de la estructura militar.
La política prevé además la capacitación de los profesionales para el uso militar de tecnologías emergentes y disruptivas, así como la realización de estudios sobre ética profesional ante el uso creciente de sistemas no tripulados y autónomos en operaciones militares.
El Estado Mayor del Ejército será responsable de conducir el proceso de transformación, mientras que la 7ª Subjefatura se encargará de la gobernanza, estableciendo metas, indicadores y mecanismos de seguimiento dentro del Plan Estratégico del Ejército.
Las primeras medidas deberán ser incorporadas al ciclo actual del Plan Estratégico 2024-2027, con una implementación más concreta prevista para el ciclo siguiente, entre 2028 y 2031, buscando una adaptación gradual al entorno de guerra multidominio.
El proyecto afirma que la transformación no implicará pérdida de presencia territorial ni reducción de la capilaridad del Ejército en el país, sino un cambio de prioridades para ampliar la **prontitud, protección, movilidad, sustentación y capacidad de respuesta** ante nuevos desafíos estratégicos.

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