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Ex-ingeniero de la NASA transforma drones en “helicópteros de semillas” capaces de disparar 300 bolas por minuto, apuntar a áreas degradadas con una precisión de medio metro y plantar hasta 40 millones de árboles por año en una nueva carrera de reforestación aérea.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 17/06/2026 a las 00:00
Actualizado el 17/06/2026 a las 00:02
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Empresa usa drones, bolas de semillas y análisis de datos para acelerar proyectos de restauración ambiental en áreas degradadas, con pruebas en la Amazonía peruana, en California y planes de expansión para otros países.

La restauración de áreas degradadas viene incorporando drones capaces de lanzar cientos de bolas de semillas por minuto en terrenos donde la plantación manual puede requerir más tiempo, equipos más grandes o acceso físico difícil.

La tecnología es desarrollada por Flying Forests, empresa de Reno, en el estado estadounidense de Nevada, fundada por el ex-ingeniero de la NASA Lauren Fletcher y por Irina Fedorenko-Aula.

En publicación del 8 de enero de 2026, la NASA Spinoff informó que el sistema puede disparar 300 bolas de semillas por minuto, con precisión de cerca de media yarda, el equivalente a poco menos de medio metro.

La propuesta de la empresa es usar la plantación aérea como alternativa complementaria en proyectos de recuperación de suelos empobrecidos, áreas mineras, regiones afectadas por incendios y pequeñas propiedades rurales.

Según Fletcher, cuatro drones podrían plantar hasta 40 millones de árboles por año, si operaran a escala suficiente.

La estimación se presenta como potencial operativo, no como resultado ya alcanzado en campo.

El uso de la tecnología volvió a aparecer en proyectos de restauración en 2026.

En marzo, la Sugar Pine Foundation, organización dedicada a la recuperación forestal en California, relató una acción de plantación con drones de Flying Forests en un área afectada por el incendio de Loyalton, usando semillas nativas de pino Jeffrey.

De acuerdo con la entidad, los drones cargan de 500 a 700 bolas de semillas cuando están totalmente abastecidos, con cerca de 15 kilos de peso total.

El caso más detallado citado por la NASA ocurrió a principios de diciembre de 2024, en la Amazonía peruana, cerca de Puerto Maldonado, en la región de Madre de Dios, próxima a la frontera con Bolivia.

Tras una semana de lluvia intensa, 20 soldados del Ejército peruano ayudaron a Fletcher a preparar 20 mil bolas de semillas para recuperar un área degradada por la minería de oro.

Cuando hubo una pausa en la lluvia, la plantación aérea llevó cerca de una hora y media.

Un único dron equipado con lanzador rápido esparció las 20 mil cápsulas sobre un área de 25 acres, el equivalente a poco más de 10 hectáreas de suelo arenoso y empobrecido.

Las bolas contenían semillas de Crotalaria, una leguminosa resistente usada como cobertura inicial para proteger y mejorar el suelo antes de la introducción de otras especies nativas.

Tecnología de reforestación une drones y experiencia de la NASA

La trayectoria de Fletcher ayuda a explicar la combinación de ciencia ambiental, robótica, teledetección y biología en el proyecto.

Durante cerca de 20 años de carrera ligada a la NASA, trabajó en programas de ciencias de la vida en el Ames Research Center, en el Valle del Silicio, en California.

Según la agencia espacial americana, su actuación incluyó proyectos relacionados con el estudio de plantas y animales en ambiente espacial.

Fletcher afirma que el desarrollo de este tipo de tecnología parte de la comprensión del organismo que se pretende cultivar.

“Necesitas entender la biología primero y, luego, diseñar la ingeniería para corresponder a la biología que estás tratando de apoyar”, dijo él a NASA Spinoff.

Esa lógica aparece en el diseño de las bolas de semillas.

No son solo semillas lanzadas desde lo alto.

Cada cápsula reúne una base similar a la arcilla, nutrientes y componentes para reducir la depredación por animales, como ajo o pimienta de cayena, según el ambiente.

El concepto de envolver semillas en pequeñas bolas de barro es antiguo, pero el modelo de Flying Forests combina esta técnica con drones, mapas digitales y análisis de datos.

Antes de los vuelos, la empresa cruza imágenes de satélite, registros hechos por drones, levantamientos de suelo e información sobre relieve y disponibilidad de agua.

La inteligencia artificial se usa para identificar patrones en grandes volúmenes de datos y ayudar en la elaboración de mapas de plantación.

La elección de las especies, el tamaño de las cápsulas y la densidad de lanzamiento dependen de las condiciones ecológicas y del objetivo de cada área.

Plantación aérea busca alcanzar áreas de difícil acceso

La reforestación tradicional suele depender de viveros, transporte de plántulas, equipos de campo y acceso físico al terreno.

Este modelo sigue siendo utilizado en diferentes proyectos, especialmente cuando la supervivencia de las plantas requiere seguimiento cercano.

En áreas remotas, quemadas, inundadas, contaminadas o degradadas por minería, sin embargo, el trabajo puede requerir mayor costo logístico.

Flying Forests intenta actuar en este segmento con un sistema de plantación aérea.

El dron permite alcanzar tramos de acceso difícil, esparcir semillas rápidamente y reducir parte de las etapas iniciales de implantación.

Fletcher afirma que hay sistemas competidores con mayor precisión, pero dice que su prioridad es ampliar la distribución y reducir costos mediante la velocidad de lanzamiento.

“Mi sistema busca una mayor distribución y menor costo al aumentar la tasa de plantación”, dijo él.

El modelo de negocio también fue presentado por la empresa como un diferencial en relación a proyectos centralizados de gran escala.

Flying Forests afirma trabajar con una lógica de franquicia, entrenando organizaciones locales que ya actúan con restauración ambiental.

La propuesta incluye capacitar operadores de drones, técnicos, analistas de teledetección, fabricantes de bolas de semillas y gestores en las propias regiones atendidas.

La restauración forestal, sin embargo, no depende solo del equipo.

Los expertos del área suelen señalar que la elección de semillas adecuadas, el conocimiento ecológico local, el mantenimiento y el monitoreo influyen directamente en los resultados de proyectos de recuperación.

Por eso, la empresa afirma buscar asociaciones con equipos que conocen el territorio, las especies y la relación con gobiernos locales.

Flying Forests prueba expansión en proyectos de reforestación

En los primeros cinco años, Flying Forests realizó demostraciones en Panamá, Perú y Kenia, con cerca de 200 mil árboles plantados, según la NASA Spinoff.

La empresa también informó que proyectos más grandes están en marcha en Perú, Brasil, Indonesia y las Bahamas, además de conversaciones con otros socios.

Fletcher dijo esperar operaciones comerciales completas en al menos dos países hasta el fin de 2026.

La afirmación indica una meta empresarial, y no una confirmación de que todos los proyectos ya estén operando a gran escala.

El financiamiento puede venir de créditos de carbono, gobiernos, fundaciones, propietarios rurales y otras fuentes, de acuerdo con el modelo descrito por la compañía a la NASA.

La plantación de árboles se asocia frecuentemente a la captura de carbono, pero Fletcher presenta la tecnología dentro de un concepto más amplio, el de recuperación de servicios ecosistémicos.

La expresión se refiere a funciones ambientales como regulación de lluvias, protección del suelo, ciclaje de nutrientes, soporte a la agricultura y preservación de ríos y áreas costeras.

En la operación de la Amazonía peruana, el objetivo inicial no era formar un bosque completo a partir de un solo vuelo.

La primera etapa consistió en reconstruir una base ecológica mínima en suelo degradado por la minería.

En ese contexto, la Crotalaria fue usada como especie pionera para cubrir el terreno y mejorar las condiciones antes de la introducción de plantas nativas más exigentes.

La comparación con un “helicóptero de semillas” ayuda a describir el funcionamiento visual de la tecnología, pero el resultado depende de factores posteriores al lanzamiento.

Entre ellos están la lluvia en el período adecuado, la elección correcta de las especies, la calidad de las cápsulas, la protección contra depredadores, el acompañamiento técnico y la participación de organizaciones que actúan cerca de las áreas restauradas.

La expansión de este tipo de plantación aérea aún depende de la comprobación en diferentes biomas, costos competitivos y el seguimiento de la supervivencia de las plantas a lo largo del tiempo.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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