Nuevo estudio liderado por la Universidad de California en Los Ángeles indica que el polvo suspendido en la atmósfera, especialmente el proveniente de regiones áridas como el Sahara y el Gobi, puede representar cerca del 10% del calentamiento provocado por el CO₂ emitido por actividades humanas.
El polvo del desierto puede actuar como una manta térmica más fuerte de lo que se estimaba, calentando la Tierra casi el doble de lo previsto por los modelos climáticos actuales. Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles señala que las partículas suspendidas provenientes de regiones áridas tienen un mayor impacto en la retención de calor terrestre.
El efecto puede representar cerca del 10% del calentamiento asociado al dióxido de carbono emitido por actividades humanas. Estimaciones anteriores situaban esta influencia en torno al 5%, lo que indica una diferencia relevante para la comprensión del sistema climático.
Manta térmica altera la visión sobre el polvo atmosférico
El polvo atmosférico siempre ha sido tratado como un componente secundario en el clima, principalmente por su capacidad de reflejar parte de la luz solar de vuelta al espacio. Este proceso tiende a enfriar la superficie terrestre, pero no resume todo el comportamiento de las partículas suspendidas.
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El nuevo estudio muestra que el polvo también absorbe y reemite la radiación infrarroja liberada por la propia Tierra. Este mecanismo refuerza el efecto de manta térmica, atrapando calor en la atmósfera y alterando el balance entre enfriamiento y calentamiento.
Durante años, el saldo general del polvo atmosférico fue visto como ligeramente refrigerante. El cambio ahora está en la dimensión del calentamiento producido por estas partículas, mayor de lo incorporado en parte de los modelos climáticos.
Partículas más grandes tienen un papel central en el calentamiento
El resultado se obtuvo con la combinación de datos de satélites, mediciones aéreas y simulaciones climáticas. Este enfoque permitió una lectura más precisa del efecto de retención de calor provocado por el polvo en suspensión.
Las partículas más grandes aparecen como un punto decisivo. Este polvo más grueso, visible en tormentas del Sahara, por ejemplo, retiene calor con eficiencia, pero su presencia en la atmósfera había sido subestimada en modelos climáticos.
El comportamiento del polvo depende de factores como el tamaño de las partículas, la altura en la atmósfera, la concentración y la composición mineral. Por ello, el mismo fenómeno puede reflejar radiación solar y, al mismo tiempo, contribuir al calentamiento mediante la retención de radiación infrarroja.
La actividad humana amplió las fuentes de polvo
El polvo atmosférico no proviene solo de procesos naturales. Durante el siglo XX, las concentraciones aumentaron de forma notable y alcanzaron un pico en los años 80, antes de retroceder ligeramente.
Incluso con la caída posterior, los niveles aún permanecen por encima de los registrados en el período preindustrial. La degradación del suelo, la desertificación, el uso intensivo de agua en la agricultura y la transformación de ecosistemas crearon nuevas fuentes de polvo.
Entre los ejemplos se encuentran antiguos lechos de lagos secos o sobreexplotados en regiones de Estados Unidos y Asia Central. Así, además de desiertos como el Sahara y el Gobi, hay fuentes asociadas a cambios provocados por decisiones humanas.
Los impactos llegan a la lluvia, el agua y la agricultura
El polvo influye en más que la temperatura global. Modifica la estructura térmica de la atmósfera, altera los patrones de circulación del aire y puede cambiar la distribución de las lluvias en diferentes regiones.
Áreas a sotavento de grandes desiertos, como el Sahel, Oriente Medio y partes de Asia, pueden enfrentar menos lluvia o episodios más intensos e irregulares. El aumento de temperatura también puede acelerar la evaporación del agua y reducir la disponibilidad hídrica en zonas vulnerables.
Los efectos afectan a la agricultura, los ecosistemas naturales y la prevención de eventos extremos. En algunas áreas, lluvias más espaciadas y fuertes pueden elevar el riesgo de inundaciones, mientras que otras pueden sufrir sequías más prolongadas.
El polvo también transporta nutrientes, como fósforo del Sahara hasta la Amazonía, fertilizando suelos a miles de kilómetros. Incluso este equilibrio puede cambiar si las dinámicas atmosféricas se alteran, reforzando la importancia de ajustar los modelos climáticos para representar mejor esta manta térmica natural.
El polvo del desierto parece inofensivo, pero los científicos han descubierto que retiene el doble de calor de lo que se pensaba y esto podría afectar las previsiones climáticasHaz clic aquí para acceder al estudio.

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