El Mundial en Estados Unidos, México y Canadá debe mover miles de millones, pero los especialistas alertan sobre riesgos de greenwashing, sportswashing y aumento de las emisiones de CO₂.
La Copa del Mundo 2026 ya ha entrado en el centro del debate ambiental incluso antes de que el balón empiece a rodar. En pleno Junio Verde, el torneo reaviva cuestionamientos sobre el compromiso climático de la FIFA tras la polémica dejada por Catar, en 2022.
Con una previsión de mover US$ 8,9 mil millones, cerca de R$ 46 mil millones, la competición avanza para convertirse en el torneo más lucrativo de la historia, según datos de S&P Global Market Intelligence.
El brillo deportivo, sin embargo, viene acompañado de una preocupación creciente. Especialistas y entidades internacionales alertan sobre el riesgo de un nuevo caso de greenwashing ligado al mayor evento de fútbol del planeta.
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La discusión también involucra el llamado sportswashing, práctica en la que intereses económicos y ambientales controvertidos se asocian al deporte para suavizar impactos negativos ante el público.
El legado climático de Catar aún presiona a la FIFA
La desconfianza actual tiene origen en las acusaciones hechas tras la Copa del Mundo de Catar, realizada en 2022.
En diciembre de ese año, la Comisión Suiza de Equidad cuestionó la comunicación ambiental de la FIFA sobre la supuesta neutralidad climática del torneo.
Según información de Carbon Market Watch, la entidad habría creado una impresión falsa y engañosa al afirmar que la competición no tendría impactos climáticos relevantes.
Organizaciones de Bélgica, Francia, Reino Unido, Países Bajos y Suiza también cuestionaron la promesa de neutralidad de carbono divulgada por la FIFA.
Para Liu Berman, líder del Movimiento Reinventando Futuros y de LB Cultura Circular, la nueva edición coloca a la entidad nuevamente en una posición delicada.
La realización de la Copa de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá amplía los desafíos ambientales. El escenario se vuelve aún más sensible porque Estados Unidos retiró su participación del Acuerdo de París por segunda vez.
Ante este contexto, la especialista plantea una cuestión central: ¿es la sostenibilidad una preocupación real o solo una respuesta a las agendas internacionales?
Previsión de CO₂ aumenta alerta ambiental
La preocupación crece ante la estimación de 7,8 millones de toneladas de CO₂ lanzadas a la atmósfera durante la competencia.
Este número contrasta con el pilar ambiental de la FIFA para 2026, especialmente con el objetivo EN3, que prevé la reducción de la contaminación atmosférica local causada por estadios y operaciones del torneo.
La logística del Mundial será uno de los puntos más desafiantes. La competencia involucrará desplazamientos entre tres países, gran concentración de público, uso intenso de transporte aéreo y movimiento constante entre arenas.
Compañías aéreas, combustibles, asignación de estadios y desplazamientos de aficionados deben presionar aún más la cuenta ambiental del evento.
Para los especialistas, evitar la repetición de las críticas hechas a Catar será una tarea difícil para los organizadores.
La mayor Copa de la historia amplía los impactos
La dimensión del desafío puede medirse por los propios números de la Copa del Mundo 2026.
En comparación con la edición de 2022, el nuevo Mundial tendrá 50% más selecciones, 62,5% más partidos y el doble de estadios.
La competencia también se disputará en tres países, y no solo en una sede nacional.
La duración del torneo será cerca de 35% mayor, lo que amplía los desafíos logísticos, operacionales y ambientales.
Según Liu Berman, los efectos climáticos no deben afectar solo a los jugadores. Árbitros, comisiones técnicas y aficionados también pueden sentir los impactos de la ola masiva de contaminantes en la atmósfera.
Universidad de Manchester señala riesgo de sportswashing
El debate ganó fuerza con el informe “Football and Climate Change: A preview of the 2026 FIFA World Cup”, de la Universidad de Manchester.
El documento advierte que cada evento o equipo patrocinado por empresas de combustibles fósiles fortalece la presencia del capital fósil en la sociedad.
En este escenario, el greenwashing busca hacer que una organización parezca menos perjudicial para el medio ambiente de lo que realmente es.
El sportswashing, por su parte, integra intereses económicos al fútbol de forma tan profunda que su presencia puede pasar desapercibida, incluso ante daños ambientales evidentes.
Para Liu Berman, esta alerta necesita ser observada a escala mundial, especialmente en un contexto geopolítico en el cual los recursos fósiles siguen como activos de enorme valor.
La transparencia será la gran prueba del Mundial 2026
La Copa del Mundo 2026 llega rodeada de desafíos que van mucho más allá de los campos de juego.
La FIFA tendrá que equilibrar el lucro histórico, la logística internacional, la presión ambiental y la demanda por transparencia.
Los expertos defienden indicadores reales de desarrollo económico, social y cultural en los países sede.
Estas métricas serían esenciales para comprobar si los cambios anunciados son suficientes, verificables y compatibles con la dimensión del torneo.
El legado controvertido de Catar sigue como advertencia para la mayor competición de fútbol del mundo.
La magia del fútbol internacional, por lo tanto, también dependerá de la capacidad de los organizadores para enfrentar los impactos climáticos con acciones concretas.
¿Qué crees que debería ser prioridad en la Copa de 2026: ampliar el alcance global del torneo o garantizar una operación ambientalmente más transparente y sostenible? ¡Deja tu opinión!

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