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Ni siquiera el fin de la ‘montaña rusa’ descrita por el precio del petróleo tipo Brent (principal referencia global) – que saltó de una cotización de US$ 72 a US$ 120, hasta bajar al nivel de US$ 76 el barril – debido al reciente acuerdo de paz firmado entre EE.UU. e Irán, fue suficiente para aliviar la economía brasileña de presiones inflacionarias.

Escrito por Corporativo
Publicado el 17/06/2026 a las 11:27
Actualizado el 17/06/2026 a las 11:28
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El motivo es el tarifazo del 37,5% aplicado por el gobierno de Trump a las exportaciones brasileñas, a ser adoptadas por la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos (USTR). Sin embargo, las sanciones estadounidenses aún no tendrán aplicación inmediata, ya que estas pasarán por el filtro de consultas públicas y audiencias en ese país, previstas para el próximo 7 de julio.

Derrotado por la Corte Suprema, Trump recurre al Trade Act de 1974

Después de que la Corte Suprema de EE.UU. decidiera derribar las tarifas del 50% impuestas en 2025, bajo el argumento de que la base legal empleada por la Casa Blanca ‘no era apropiada’, el gobierno de EE.UU. recurrió al Trade Act de 1974, para crear las alícuotas del 25% y 12,5%.

En la evaluación de la CNI (Confederación Nacional de la Industria), más de 1/3 de las ventas externas brasileñas deben ser afectadas por la medida. No obstante, si se consideran tarifas sectoriales ya aplicadas (con base en la sección 232) el contingente de productos nacionales afectados puede llegar al 54,1% del total.   

CNI: la medida no beneficia a ninguno de los lados

Al señalar que el tarifazo debe tener impacto en las cadenas productivas de ambos países, el presidente de la confederación, Ricardo Alban comenta que “la eventual imposición de nuevas tarifas no beneficia a ninguno de los lados. Aumentarían costos para empresas, reducirían la competitividad y crearían incertidumbres para inversiones. El camino más eficiente es el diálogo, basado en criterios técnicos y en la búsqueda de soluciones que preserven una asociación económica estratégica para ambos países”.

Componen la lista de artículos sujetos al tarifazo del 37,5%:

Hierro gusa no aleado;

Azúcar de caña en forma sólida;

Sebo no comestible;

Alcohol etílico no desnaturalizado;

Marcos de madera estándar de pino.

Productos que pueden ser sometidos a la tarifa del 12,5%:

Mineral de hierro y concentrados, pellets aglomerados;

Láminas de cuarcita;

Aceites esenciales de frutas cítricas de naranja;

Silicio;

Pasta de madera química, sulfato o soda, grados para disolución.

Al menos en teoría, Brasilia dispone de un ‘arsenal’ de alternativas para hacer frente a la arremetida tarifaria ‘trumpeana’, como represalias en la OMC (Organización Mundial del Comercio); aplicación de sobretasas reflejadas en productos estadounidenses; diversificación de mercados, con el objetivo de reducir la dependencia comercial; concesión de desgravaciones tributarias e incentivos de crédito a los exportadores.

Ya entre las posibles estrategias gubernamentales, destaque:

Disputas en la OMC: activar el sistema de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio para impugnar la legalidad de las tarifas.

Sobretasas reflejadas: elevar tarifas de importación sobre productos estratégicos de Estados Unidos como respuesta proporcional.

Apoyo interno: Reducir tributos internos o proporcionar líneas de crédito subsidiado para compensar las pérdidas de los productores.

Diversificación de mercados: Intensificar acuerdos comerciales y buscar nuevos socios en Asia y Europa para canalizar los productos.

Estrategias brasileñas, en contraposición a la ‘voracidad’ comercial de Tío Sam

Etanol de maíz: gravar el biocombustible de EE.UU. afecta directamente a los productores rurales del Medio Oeste americano (como Iowa e Illinois), una base electoral históricamente decisiva y con fuerte bancada política en Washington.  

Productos agrícolas y alimentos procesados: gravar bienes como trigo americano, algodón y productos lácteos obligaría a las cooperativas agrícolas de EE.UU. a presionar al Representante de Comercio (USTR) para retroceder en las barreras a Brasil.  

Combustibles y derivados del petróleo: aunque los aceites combustibles son la mercancía más importada por Brasil de EE.UU. (generando miles de millones de dólares), el gobierno brasileño necesita calibrar esta gravación con cuidado. Si por un lado castiga a las refinerías texanas, por otro corre el riesgo de trasladar la inflación a las estaciones de servicio nacionales.  

Componentes aeroespaciales y alta tecnología: Brasil importa turbinas, motores y partes de aeronaves cruciales para la cadena de producción nacional (como los insumos de Embraer). Gravar este sector afectaría a grandes corporaciones norteamericanas, pero traería el efecto colateral de encarecer la propia industria de transformación brasileña.

Bajo la directriz de ampliar, diversificar mercados y reducir la dependencia comercial de EE.UU., el Ejecutivo federal avanza en negociaciones con la Unión Europea y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), sin contar negociaciones con países, como Emiratos Árabes Unidos y Canadá; y los diálogos han avanzado con India y Vietnam.

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