Estudio publicado en Science muestra cómo hongos micorrízicos arbusculares forman una red subterránea gigantesca, mapeada con aprendizaje de máquina y más de 16 mil muestras de suelo
Un descubrimiento científico de gran impacto ambiental fue divulgado recientemente, atrayendo atención internacional. La red subterránea formada por hongos micorrízicos arbusculares tiene cerca de 110 cuatrillones de kilómetros de extensión, según estudio publicado en la revista Science en junio de 2026. La longitud equivale a aproximadamente 750 mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol y revela la dimensión de una infraestructura biológica esencial. Esta red actúa bajo el suelo, conectada a las plantas, y ayuda a sustentar ecosistemas, distribuir nutrientes, almacenar carbono y proteger cursos de agua contra productos químicos.
Mapeo técnico revela dimensión inédita de la red subterránea
La investigación fue conducida por científicos de la Sociedad para la Protección de Redes Subterráneas, conocida como Spun, con uso de modelos de aprendizaje de máquina. Los investigadores analizaron datos de más de 16 mil muestras de suelo recolectadas en diferentes regiones del mundo y produjeron el primer mapa global de esta infraestructura biológica. El autor principal, Justin Stewart, afirmó al The Guardian que puede haber hasta 10 metros de red micorrízica en solo una cucharadita de suelo. La estimación muestra cómo estructuras casi invisibles pueden formar sistemas de escala planetaria.
Regiones más densas llaman la atención de los investigadores
Los lugares con mayor densidad de estas redes incluyen áreas como los Everglades, en Florida, las praderas inundadas de Sudd, en Sudán del Sur, además de ecosistemas de praderas y estepas. Muchas de estas regiones, a pesar de la importancia ecológica, enfrentan presión creciente de actividades humanas y cuentan con bajos niveles de protección ambiental. Este escenario aumenta el riesgo de degradación de las redes de hongos micorrízicos arbusculares y preocupa a los investigadores que estudian la conservación del suelo.
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Actividades humanas reducen la fuerza de los ecosistemas fúngicos
La densidad media de las redes en áreas agrícolas fue señalada como 47,3% menor que la observada en ecosistemas salvajes. Prácticas agrícolas a gran escala perjudican estas estructuras, según Justin Stewart. El arado aparece como una de las técnicas más evidentes, pues penetra en el suelo, revuelve la tierra y rompe parte de las conexiones subterráneas. Fertilizantes y fungicidas también pueden interrumpir la simbiosis entre plantas y hongos, reduciendo la eficiencia de esta relación natural.
Reducción de las redes puede afectar carbono, nutrientes y ríos
Redes fúngicas de menor densidad disminuyen la capacidad del suelo de almacenar carbono, distribuir nutrientes y proteger cursos de agua del nitrógeno, del fósforo y de otros productos químicos. La investigadora Toby Kiers advirtió que, si estas redes desaparecen, habrá muchos más productos químicos en los cursos de agua. La advertencia refuerza la importancia de estos organismos para funciones ambientales que raramente se ven, pero influyen directamente en la calidad de los ecosistemas.
Investigación busca orientar decisiones ambientales
El objetivo final del estudio es ayudar a científicos y tomadores de decisión a entender dónde los ecosistemas fúngicos están prosperando y dónde están amenazados. A partir del mapa global producido por Spun, los investigadores pueden observar con más precisión qué áreas concentran redes subterráneas densas y qué regiones necesitan atención. Este avance amplía la comprensión sobre la vida bajo el suelo y muestra que la protección ambiental también depende de estructuras invisibles.
El futuro de la conservación de los hongos subterráneos
El descubrimiento coloca a los hongos micorrízicos arbusculares en un contexto más amplio de conservación ambiental. Estos organismos no aparecen en el paisaje como bosques, ríos o áreas inundadas, pero desempeñan funciones decisivas para el equilibrio de los ecosistemas. La continuidad de las investigaciones puede ayudar a transformar la forma en que gobiernos, científicos y productores ven el suelo.

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