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Querían Construir Un Rascacielos Bajo Tierra, Un Hueco De 300 Metros De Profundidad En Forma De Pirámide, Con 65 Pisos Y Capacidad Para Alojar Hasta 100 Mil Personas

Escrito por Fabio Lucas Carvalho
Publicado el 13/11/2025 a las 11:36
Actualizado el 13/11/2025 a las 11:46
O Earthscraper prometia revolucionar a Cidade do México com um arranha-céu invertido, mas desafios sísmicos, legais e financeiros
O Earthscraper prometia revolucionar a Cidade do México com um arranha-céu invertido, mas desafios sísmicos, legais e financeiros
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Uno de los conceptos arquitectónicos más audaces del mundo, el Earthscraper prometió crear una megaconstrucción de 300 metros debajo de la Ciudad de México, pero enfrentó barreras estructurales, legales y sísmicas que enterraron el proyecto antes de comenzar

Cuando el Earthscraper apareció en 2011, presentado por la oficina mexicana BNKR Arquitectura, la idea de edificios bajo la tierra sonó tan audaz que inmediatamente llamó la atención de arquitectos, ingenieros, urbanistas y curiosos de todo el mundo.

En lugar de buscar el cielo, como hacen todos los rascacielos tradicionales, la propuesta desafiaba la lógica al imaginar una estructura gigantesca cavada hacia abajo desde la superficie, formando un rascacielo invertido de aproximadamente 300 metros de profundidad.

La inspiración partía de una pregunta provocativa: ante el crecimiento urbano acelerado de la Ciudad de México y las restricciones impuestas al centro histórico, ¿sería posible crear espacio adicional sin comprometer su patrimonio cultural y arquitectónico?

La propuesta se presentaba como una solución futurista para la falta de terrenos disponibles en una metrópoli verticalmente limitada.

No obstante, a medida que el concepto ganaba titulares, exposiciones y debates, también comenzaron a surgir innumerables cuestionamientos técnicos, ambientales, financieros y legales.

Verás en este artículo el origen del proyecto, los principales desafíos involucrados en su posible construcción y la explicación completa sobre lo que sucedió con el Earthscraper y por qué nunca dejó de ser solo un concepto teórico.

El origen de la idea de un rascacielo invertido

El Earthscraper surgió como una respuesta creativa a un problema real. La Ciudad de México, una de las mayores metrópolis del mundo, enfrenta desde hace décadas una intensa presión por espacio urbano.

El centro histórico es un área protegida, repleta de construcciones coloniales, ruinas aztecas y limitaciones rígidas impuestas por leyes de preservación.

Las construcciones altas están prohibidas y las excavaciones profundas son extremadamente controladas, pues cualquier intervención puede afectar estructuras seculares y sitios arqueológicos sensibles.

Fue en este contexto que BNKR Arquitectura buscó estimular el debate público. En lugar de proponer nuevas torres, imaginaron un rascacielo invertido bajo la Plaza del Zócalo, una de las regiones más simbólicas de México. El concepto preveía una pirámide invertida con diversos niveles subterráneos.

Los primeros pisos estarían destinados a exposiciones y museos sobre la cultura azteca, los niveles intermedios recibirían oficinas, áreas habitacionales y espacios comerciales, mientras que los pisos inferiores albergarían actividades técnicas, depósitos y operaciones de soporte.

Para contrarrestar la ausencia de iluminación natural, el proyecto incluía un sistema de claraboyas de vidrio en la parte superior de la plaza, que funcionaría como un espejo ampliado, captando luz y distribuyendo la luminosidad a lo largo de los niveles internos.

En papel, la combinación de cultura, innovación y urbanismo sostenible parecía intrigante. Sin embargo, bastaron algunas análisis preliminares para que los expertos comenzaran a señalar enormes obstáculos.

Los desafíos estructurales de cavar un rascacielo de 300 metros hacia abajo

El primer y más evidente desafío del Earthscraper está relacionado con la ingeniería. Al excavar la tierra a profundidades extremas, el peso del suelo ejerce una presión mucho mayor que en construcciones realizadas sobre la superficie.

La estabilidad de un vacío con cientos de metros de diámetro exige sistemas de contención colosales, con capas continuas de refuerzo, monitoreo constante del movimiento del terreno y uso intensivo de hormigón, acero y técnicas avanzadas de excavación.

Además, la forma en pirámide invertida reduce el área útil de los pisos a medida que se desciende. Eso, por sí solo, ya genera desperdicio de espacio y aumenta el costo proporcional de cada metro cuadrado construido. En edificios tradicionales, la curva de eficiencia se mantiene estable; en el Earthscraper, caería de manera progresiva.

Otro punto crítico involucra la fundación. En lugar de apoyar el edificio en columnas o zapatas, como ocurre en construcciones comunes, el Earthscraper requeriría una base increíblemente resistente que soporte el suelo comprimido alrededor.

Sería necesario crear un sistema estructural que funcione casi como una concha interna, protegiendo el edificio de presiones laterales que crecen con la profundidad.

En la práctica, los desafíos estructurales harían del Earthscraper algo mucho más caro y complejo que cualquier rascacielo convencional de la misma escala.

El riesgo sísmico en la Ciudad de México

Si la ingeniería ya era un obstáculo gigantesco, el terreno elegido hacía que el desafío fuera aún mayor. La Ciudad de México fue construida sobre el lecho de un antiguo lago.

Su subsuelo está formado por capas de arcilla blanda, susceptible a deformaciones y amplificación de vibraciones.

La región también sufre con sismos frecuentes, provenientes de zonas de subducción cercanas al Océano Pacífico.

Un pozo excavado con 300 metros de profundidad crearía un punto de fragilidad en el terreno. Cualquier temblor sísmico podría generar fisuras internas, desplazamientos de masa, colapso parcial de paredes laterales o daños irreversibles.

En lugar de ser una estructura estable y protegida, el Earthscraper se volvería altamente vulnerable en uno de los terrenos más inestables del mundo.

Aún edificios subterráneos mucho menores ya requieren cuidados excepcionales. Excavar decenas de metros es arduo; excavar cientos sería demasiado arriesgado.

Las limitaciones legales y la protección del patrimonio histórico

Otro motivo decisivo para que el Earthscraper nunca saliera del papel involucra la legislación mexicana. El Zócalo y su área circundante son patrimonios nacionales. Cualquier intervención en el subsuelo requiere autorización de organismos de preservación, arqueología y cultura. Excavar un pozo gigantesco en una región que alberga ruinas aztecas y construcciones coloniales es algo considerado inviable por las propias autoridades.

La legislación mexicana no solo restringe la construcción de torres. También impide modificaciones profundas en el subsuelo, precisamente para evitar riesgos al patrimonio histórico y arqueológico. La propuesta del Earthscraper, por lo tanto, choca directamente con normas rígidas que protegen la identidad cultural de la ciudad.

Ventilación, iluminación y el desafío de hacer habitable un edificio subterráneo

Aunque las barreras legales y sísmicas no existieran, aún habría desafíos ambientales. Un edificio totalmente bajo la superficie depende de sistemas de ventilación artificial, ductos de aire, filtración constante y control térmico permanente. La ausencia de luz natural exigiría espejos solares, claraboyas complejas, ductos reflectores e iluminación artificial continua.

Además de aumentar exponencialmente el consumo de energía, estas soluciones crearían ambientes menos saludables que las edificaciones convencionales. Investigaciones muestran que espacios sin ventanas generan sensación de confinamiento, mayor cansancio visual e impacto psicológico negativo. El Earthscraper tendría dificultades para atraer residentes o trabajadores dispuestos a vivir y trabajar cientos de metros bajo tierra.

Logística y costo: un proyecto financieramente inviable

Si todos los desafíos anteriores ya parecían difíciles, el aspecto financiero hace que el Earthscraper sea prácticamente imposible. Para excavar un pozo de 300 metros en el centro de la ciudad, sería necesario remover millones de toneladas de tierra, desviando el tráfico, bloqueando vías, instalando grúas, camiones y equipos pesados durante años. El impacto urbano sería extremo.

Además, el costo para construir cada piso sería mucho mayor que en edificaciones tradicionales, ya que cada nivel exigiría refuerzos estructurales adicionales. Los inversores prefieren proyectos seguros, probados y económicamente viables. El Earthscraper no cumplía con ninguno de esos criterios.

¿Qué fin llevó el Earthscraper?

Con la suma de todos estos obstáculos, el Earthscraper nunca avanzó más allá del papel conceptual. No fue presentado como un proyecto real ante las autoridades mexicanas y nunca entró en fase de preaprobación.

Con el paso de los años, el Earthscraper pasó a integrar exposiciones de arquitectura radical, siendo frecuentemente citado en debates sobre urbanismo extremo y límites de la construcción subterránea.

La oficina BNKR reconoce que la propuesta era una provocación, creada para estimular reflexiones sobre densidad urbana y expansión vertical limitada. No había expectativa real de construcción y no existen planes para retomar la idea. En la práctica, el Earthscraper permanece como una pieza de ficción arquitectónica que inspiró conversaciones, reportajes y análisis, pero nunca tuvo condiciones reales de convertirse en una obra.

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Fabio Lucas Carvalho

Jornalista especializado em uma ampla variedade de temas, como carros, tecnologia, política, indústria naval, geopolítica, energia renovável e economia. Atuo desde 2015 com publicações de destaque em grandes portais de notícias. Minha formação em Gestão em Tecnologia da Informação pela Faculdade de Petrolina (Facape) agrega uma perspectiva técnica única às minhas análises e reportagens. Com mais de 10 mil artigos publicados em veículos de renome, busco sempre trazer informações detalhadas e percepções relevantes para o leitor.

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