Kewinal, en Bolivia, reúne 154 familias que piden electricidad desde hace 15 años. La ausencia de energía frena el estudio, limita la atención de salud y reduce oportunidades de trabajo.
La Fundación Rockefeller, fundación filantrópica internacional enfocada en desarrollo y energía, describe que vivir fuera de la red deja a los niños atrás en un mundo cada vez más tecnológico y presiona el futuro de la comunidad.
La expectativa es de cambio con un programa de electrificación rural en fase de expansión, incluyendo soluciones con paneles solares y extensión de red, incluso en lugares de difícil acceso.
Kewinal tiene 154 familias y vive fuera de la red eléctrica desde hace 15 años
El acceso a Kewinal implica un camino de tierra estrecho e irregular, en medio de las montañas de los Andes. El aislamiento ayuda a explicar por qué la electrificación no es sencilla.
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Sin electricidad, la comunidad reporta dificultades para mantenerse al día con las demandas actuales, como el acceso a herramientas, equipos y recursos de comunicación. Esto también afecta el tiempo de estudio en casa y el acceso a servicios básicos.
Kewinal alberga al pueblo indígena Ragaypampa, con una fuerte tradición de música, danza e historias orales. La espiritualidad combina prácticas indígenas animistas y elementos del catolicismo introducido por colonizadores españoles.

Programa de electrificación busca 56.000 residencias con paneles solares y extensión de la red
El Programa de Electrificación Rural de Bolivia entra en una etapa que pretende llevar electricidad a 56.000 hogares, con tres caminos: instalar paneles solares y fotovoltaicos, extender la red existente, o combinar ambas opciones.
Los paneles fotovoltaicos son placas que convierten la luz solar en electricidad. Esta alternativa suele aplicarse donde llevar cables e infraestructura es más caro o demorado.
El plan fue descrito como la tercera etapa del programa, señalada como la más ambiciosa, con Kewinal entre las prioridades y el inicio previsto este verano.
El Banco Interamericano de Desarrollo supervisa la etapa 3 y enfrenta el desafío del aislamiento
El Banco Interamericano de Desarrollo, banco multilateral de desarrollo que financia proyectos en la región, aparece como responsable de la supervisión del trabajo en áreas remotas como Kewinal.
El principal desafío es la distancia y la logística para transportar materiales y equipos. Aun así, la llegada de electricidad suele generar un impacto inmediato en la rutina, con la posibilidad de encender luces y equipos por primera vez.
Aun cuando la solución implique la extensión de la red, el cambio tiende a reducir el uso de diésel, queroseno y madera, opciones citadas como comunes donde no hay electricidad.

La falta de luz aumenta el riesgo de accidentes domésticos con velas y lámparas
La vida sin energía también pesa en la seguridad dentro de casa. Un episodio narrado involucra a una madre que se quedó dormida con una vela encendida, y el fuego alcanzó el colchón.
El relato refuerza un problema recurrente en comunidades sin electricidad: las velas, fogatas y lámparas de queroseno elevan el riesgo de accidentes e incendios.
Se menciona un estudio que indica que casi un tercio de las familias sin energía reportaron un accidente doméstico propio o de alguien cercano a causa de estas fuentes de iluminación.
Escuela con 208 alumnos espera proyector y más tiempo de estudio en casa
El director Rodrigo Puyal coordina 16 profesores responsables de 208 estudiantes en Kewinal. La falta de electricidad impide recursos básicos como computadoras y copiadoras.
Para acercar a los alumnos a referencias de la vida urbana, utiliza fotos de objetos como lavadoras y laptops, intentando ampliar el repertorio y la curiosidad.
La prioridad declarada para cuando llegue la energía es un proyector, para mostrar más del mundo más allá de las montañas y ampliar las posibilidades de aprendizaje.

El puesto de salud quiere historial electrónico y artesanos proyectan triplicar la producción
En la atención de salud, el enfermero Juan Carlos Ancaya señala la dificultad de trabajar sin registros electrónicos. Sin un historial digital, es más difícil identificar condiciones crónicas, entender lo que surgió recientemente y hacer un seguimiento de intentos anteriores de tratamiento.
La expectativa es llevar una computadora y organizar expedientes que puedan ser compartidos con el hospital en Aiquile y con profesionales que asuman el puesto en el futuro.
En el trabajo, artesanos de comunidades cercanas reportan ganancias directas con herramientas eléctricas. Un carpintero afirma que puede hacer tres veces más piezas con sierras y lijadoras eléctricas, además de extender la producción con iluminación nocturna. En otro taller, los ceramistas dicen que logran duplicar la producción con torno de alfarero eléctrico y mezcladora de arcilla, manteniendo la tradición en el aprendizaje familiar.
La falta de energía aparece como un empujón para la salida de jóvenes, que buscan lugares con más oportunidades, tecnología y estructura. La llegada de la electricidad surge como una oportunidad real para reducir este movimiento y fortalecer la permanencia de las familias.
El escenario descrito muestra que electrificar comunidades aisladas va más allá de encender lámparas: involucra educación, salud, seguridad y ingresos. Para Kewinal y sus alrededores, el cambio puede redefinir el futuro de quienes viven en las montañas.

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