En el episodio de Giro da Reciclagem publicado por el canal Cleber Puerta, el fundador Leandro Diana abre los 6.000 m² de la fábrica y cuenta cómo la empresa que nació de la venta de una motito casi quebró antes de convertirse en referencia
El reciclaje de plástico tiene en el interior de São Paulo una de sus historias más improbables, y fue contada en un video publicado el 19 de junio de 2026 por el canal Cleber Puerta, en YouTube. En la visita a Tecnoplast, en Terra Roxa (SP), el fundador Leandro Diana, socio de su hermano Ulisses, muestra los bastidores de una industria que procesa cerca de 350 a 360 toneladas de resina granulada por mes e inyecta 27 mil piezas por día.
El punto de partida no podría ser menor. Según el canal Cleber Puerta, Leandro trabajaba con telefonía, vendió el coche simple y la motito que tenía y, con el dinero y la ayuda de amigos, montó un molino de plástico en el patio trasero, el embrión de lo que vendría 25 años después.
De la motito vendida al molino de patio trasero
La empresa existe formalmente desde hace 23 años, pero la operación comenzó antes, aún informal, sumando 25 años en el mercado, como cuenta Leandro en la visita registrada por el canal Cleber Puerta. El inicio fue en la base de la selección y la molienda de material, las etapas más simples de la cadena.
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Nada vino fácil. El galpón era alquilado, la caja vivía en rojo y la rutina incluía mirar la cuenta bancaria súper negativa con el corazón apretado, según registra el canal Cleber Puerta. Es el tipo de comienzo que la fachada actual de 6.000 metros cuadrados de galpones esconde de quien solo ve el resultado.
La deuda de R$ 1 millón que casi terminó la historia

El fondo del pozo tiene número y fecha. Según el canal Cleber Puerta, con pocos años de operación, hace cerca de 20 años, Tecnoplast acumulaba una deuda de aproximadamente R$ 1 millón sin tener ni R$ 10.000 de patrimonio: ni el galpón era propio.
Leandro admite en el vídeo que la familia llegó a sentarse, llorar y pensar en parar todo. Lo que separó la bancarrota del cambio no fue una máquina nueva, sino una decisión administrativa: entender, por primera vez, cuánto facturaba la empresa, cuánto de eso era líquido y cuántas toneladas necesitarían ser procesadas por mes para pagar las cuentas.
El cambio: descubrir cuánto ganaba realmente la empresa
La primera acción concreta de la reconstrucción fue contratar a una persona para estructurar la administración, montar un sistema y poner computadoras en la empresa, cosas que simplemente no existían, según el canal Cleber Puerta.
Con los números sobre la mesa, el endeudamiento ganó plazo y plan. La empresa pasó a saber en cuántos años podría pagar la deuda y qué volumen mensual de producción garantizaría la ganancia necesaria, además de seleccionar socios confiables para eliminar impagos. La lección que Leandro repite en el vídeo se convirtió en el mensaje central del episodio: quien está comenzando debería organizar la administración antes de correr tras el volumen, porque sin conocer el propio costo nadie sabe ni siquiera si está teniendo pérdidas.
Dentro de los 6.000 m² del reciclaje de plástico: selección manual y lector óptico

El recorrido por la fábrica muestra una cadena completa: separación, selección, molienda, lavado, secado, extrusión, pigmentación e inyección, todo dentro de casa. La selección del material, curiosamente, sigue siendo manual: como explica Leandro en el vídeo, es la opción que garantiza material sin contaminación, porque los separadores ópticos disponibles aún no entregan la calidad que la empresa exige para el tipo de chatarra que compra.
La tecnología entra donde compensa. Una máquina con lector óptico detecta el negro y el blanco y separa tapa y etiqueta después de la molienda, trabajo que antiguamente se hacía pieza por pieza, a mano. En el patio, todo es concreto, sin barro ni agua estancada, y la empresa compra solo material enfardado de la región de Terra Roxa, Bebedouro, Barretos, Sertãozinho y Araraquara, aunque ya ha comprado incluso de Bahía cuando la logística cerró la cuenta.
Extrusión con ciencia: color dedicado, laboratorio y lote estandarizado
En la extrusión, Tecnoplast opera dos cascadas y dos extrusoras convencionales, con una producción media de 350 a 400 kilos por hora por máquina, según el canal Cleber Puerta. Mezcladores que soportan de 2 a 3 mil kilos homogeneizan los lotes para eliminar la oscilación de tono que asombra al plástico reciclado, en el que ningún rojo es igual a otro.
Un detalle de gestión industrial marca la diferencia al final del mes: máquinas dedicadas por color, oscuras siempre en las mismas líneas y claras en otras, para no desperdiciar material limpiando el cañón en cada cambio. La fábrica mantiene además un pequeño laboratorio con prueba de fluidez para controlar la calidad de la resina granulada que va para la industria.
Nueve inyectoras, un operador y 27 mil piezas por día
El extremo final de la cadena es la inyección de productos propios. Según el canal Cleber Puerta, son 9 inyectoras automatizadas operadas por un único empleado, y, funcionando 20 horas por día, entregan cerca de 27.000 piezas diarias.
El producto estrella es un nicho que pocos imaginan: tazas para recolectar látex, en 6 modelos y varias capacidades, vendidas como kit completo para el extractivismo del caucho. Además de las piezas, la empresa vende resina de PEAD y de PP para inyección y soplado, en los colores natural, lechoso, azul, verde y negro, con rosa, amarillo y rojo en polipropileno.
360 toneladas por mes y la decisión de no crecer a cualquier costo
Las cifras actuales dan la dimensión de la recuperación: 350 a 360 toneladas de resina granulada por mes, con capacidad estimada de llegar a 500 toneladas con pequeñas ampliaciones, como relata Leandro en el video. Cerca del 30% de la producción abastece la propia línea de inyección, y el resto va al mercado.
La elección estratégica llama la atención en un sector adicto al volumen. En lugar de correr hacia las 500 toneladas, la empresa prefiere verticalizar y capturar margen en el producto final, manteniendo la operación redonda, licenciada en la CETESB y en la Sabesp, con sistema de hidrantes y todo al día. El enfoque, palabra que Leandro más repite, es la misma regla que lo sacó de la deuda: hacer 100% bien hecho antes de dar el próximo paso.
El episodio aún registra un rasgo de cultura que explica muchas cosas: los dueños continúan con botas en los pies, en el suelo de fábrica, junto con los empleados. Si hay que barrer, barren; si hay que operar montacargas o camión, operan. En un sector donde la informalidad aún es regla, la combinación de dueño presente, administración organizada y licencias al día se ha convertido en el diferencial competitivo de la casa.
Para quienes están comenzando en la chatarra, la regla que el video deja es objetiva: descubre cuánto ganas, cuánto cuesta producir y cuánto sobra líquido, aunque sea en el cuaderno. Fue esa disciplina, y no una máquina milagrosa, la que transformó un molino de patio endeudado en una industria que abastece el mercado nacional de resina.
Mira la visita completa a Tecnoplast en video
El episodio 7 del Giro del Reciclaje, con el recorrido completo por los 6.000 m² de la fábrica y la conversación sobre la deuda, el cambio administrativo y el modelo de negocio, está en el canal Cleber Puerta, en YouTube.
Al final, queda el mensaje que Leandro se enviaría a sí mismo hace 25 años: nada es fácil, pero es en lo administrativo donde muchas empresas ganan o pierden dinero sin darse cuenta. Cuéntanos en los comentarios: ¿cuántos negocios de reciclaje de plástico conoces que quebraron por no saber su propio costo?
