Proyecto en California transforma 1.300 baterías usadas de coches eléctricos de Honda y Nissan en planta solar con 25 MWh de almacenamiento y muestra cómo la segunda vida de las baterías ya salió del laboratorio
Cuando un coche eléctrico pierde parte de la autonomía, eso no significa que su batería ha llegado al fin. En muchos casos, aún conserva capacidad suficiente para seguir operando en aplicaciones menos exigentes que mover un vehículo en las calles. Fue exactamente esta lógica la que llevó a B2U Storage Solutions a construir en Lancaster, California, una de las mayores instalaciones comerciales del mundo basadas en baterías automotrices de segunda vida. El sistema utiliza 1.300 packs reutilizados de vehículos Honda y Nissan y alcanzó 25 MWh de capacidad de almacenamiento.
El proyecto funciona integrado a una instalación solar y conectado a la red eléctrica de California. En lugar de ir directamente al reciclaje, estas baterías pasaron a operar como reserva energética para almacenar electricidad y devolverla al sistema cuando sea necesario. El caso ganó relevancia porque mostró, a escala comercial, que baterías retiradas del uso automotriz aún pueden tener valor económico y utilidad real en el sector eléctrico.
Planta de California muestra cómo baterías de coches eléctricos pueden ganar una segunda vida
La instalación se conoció como Sierra, en Lancaster, y fue desarrollada para probar que packs retirados de vehículos eléctricos aún pueden operar durante años en almacenamiento estacionario. Según B2U Storage Solutions, la capacidad de 25 MWh se alcanzó con los 1.300 packs usados de Honda y Nissan, formando una estructura híbrida de solar más almacenamiento.
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El punto central del proyecto es simple. Una batería que ya no ofrece la autonomía ideal para un coche aún puede almacenar electricidad producida por paneles solares y liberarla en horarios de mayor demanda o de menor generación. Esto crea una etapa intermedia entre el uso en vehículos y el reciclaje final de los materiales.

Este modelo interesa cada vez más porque la flota global de vehículos eléctricos sigue creciendo. Cuantos más autos eléctricos entran en circulación, mayor tiende a ser el volumen de baterías retiradas del servicio automotriz en los próximos años. La segunda vida estacionaria pasa a ser vista, así, como una solución industrial y económica cada vez más relevante.
B2U reutiliza los packs casi en el formato original para reducir costo
Una de las diferencias más importantes del proyecto está en la forma en que las baterías son reutilizadas. Según B2U Storage Solutions, la empresa usa una tecnología llamada EV Pack Storage, o EPS, que mantiene los packs casi en el formato original en lugar de desmontarlos célula por célula.
Esta elección reduce uno de los principales obstáculos económicos de la segunda vida de las baterías. La reutilización suele ser costosa cuando requiere un desmontaje profundo, reconfiguración de módulos y reconstrucción completa del sistema. Al preservar el pack en gran parte como ya sale del vehículo, la empresa reduce costo, simplifica la instalación y aprovecha elementos electrónicos ya existentes en el conjunto.

En la práctica, esto transforma la instalación en una especie de gran reservorio eléctrico hecho de baterías que antes movían autos. En lugar de ser tratadas como residuo inmediato, pasan a operar como infraestructura energética útil y comercialmente activa.
Sistema vende energía y servicios para la red eléctrica de California
Según Utility Dive, la instalación de B2U está conectada al mercado mayorista de electricidad de California. Esto significa que las baterías no solo sirven como experimento técnico, sino que participan directamente en la dinámica real del sistema eléctrico del estado.
El funcionamiento sigue la lógica típica de almacenamiento de energía. En momentos de mayor generación solar, la electricidad excedente puede ser guardada en las baterías. Luego, cuando la generación cae o la demanda sube, la energía almacenada es devuelta a la red. Esa flexibilidad ayuda a estabilizar el sistema y aumenta el valor de la electricidad producida en horarios de mayor precio.

Este detalle es lo que diferencia el proyecto de muchas iniciativas experimentales. La planta de Lancaster entró en operación comercial y fue ampliada en etapas, lo que refuerza que el reaprovechamiento de baterías no está restringido a laboratorio, prototipo o demostración académica.
Proyecto se convirtió en vitrina global para el mercado de baterías de segunda vida
El caso de Lancaster llamó la atención porque muestra una escala inusual para baterías de segunda vida. Según B2U, la empresa ya ha reaprovechado miles de paquetes en proyectos de almacenamiento estacionario y trata la instalación como prueba de que las baterías automotrices usadas pueden continuar operando por años antes de seguir para el reciclaje.

Según Utility Dive, la empresa también presentó el proyecto como respuesta al volumen creciente de baterías que comienzan a salir de la flota de vehículos eléctricos. En lugar de considerar este material solo como pasivo ambiental o industrial, la propuesta es verlo como una nueva fuente de almacenamiento para energías renovables y soporte a la red.
Esto ayuda a explicar por qué la instalación ganó tanta visibilidad. No resuelve por sí sola el destino global de todas las baterías de coches eléctricos, pero muestra que existe una ruta económicamente interesante entre el uso automotriz y el reciclaje final.
Segunda vida de las baterías puede convertirse en etapa central de la economía de los coches eléctricos
El avance de los vehículos eléctricos ha hecho más urgente la discusión sobre el futuro de las baterías cuando dejan los coches. Durante años, el debate se ha concentrado en dos extremos: fabricación y reciclaje. El proyecto de Lancaster ayuda a consolidar una tercera etapa entre estos dos momentos.
Esta etapa intermedia tiene sentido porque el uso estacionario exige menos de la batería que el uso diario en un vehículo. Un coche necesita aceleración, potencia instantánea y autonomía confiable. Ya una instalación conectada a la red puede operar con otro perfil de demanda, lo que permite aprovechar packs que ya no cumplen tan bien con el sector automotriz.
El proyecto de California muestra precisamente eso. Una batería retirada de las calles no necesita convertirse en chatarra inmediatamente. En muchos casos, todavía puede almacenar energía solar, ayudar a equilibrar la red eléctrica y prolongar por años el valor de un equipo que, dentro del coche, ya había perdido parte de su función original.

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