En Senador José Bento, en Minas, José Sirval muele cerca de 125 kilos de maíz por día en un molino de agua que él mismo levantó, y aún usa el monjolo centenario del bisabuelo. Es un retrato de tradición rural casi extinta y de harina de maíz artesanal hecha como antiguamente.
En una época en que todo es eléctrico y automático, hay quienes aún confían en la fuerza del agua corriente. Es el caso de José Sirval, productor rural que mantiene en funcionamiento un molino movido por la propia corriente, sin gastar un watt de energía de la red. Al lado de la estructura moderna que él levantó, sigue girando una pieza mucho más vieja: el monjolo que perteneció al bisabuelo.
Según la Tribuna Popular, del Brejo Mineiro, el molino de agua de José Sirval llega a moler cerca de 125 kilos de maíz por día. El destaque, sin embargo, es el monjolo centenario, máquina de más de 100 años que atravesó generaciones de la familia y continúa activa. En Senador José Bento, mantener este tipo de ingenio funcionando se ha vuelto una rareza.
Cómo funciona un molino de agua

El agua de un curso o de una represa es desviada por una canaleta hasta caer sobre una rueda.
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El peso y la fuerza del agua giran esa rueda, y el movimiento se transmite a una piedra que tritura el grano.
En el caso del molino de agua, es la corriente la que hace todo el trabajo pesado, sin motor ni combustible.
El maíz entra por arriba, pasa entre las muelas de piedra y sale del otro lado ya transformado en harina de maíz.
Cuanto más constante el agua, más regular queda la molienda, lo que explica por qué estos ingenios se ubicaban cerca de ríos.
Es una máquina que funciona desde hace siglos con el mismo principio, solo ajustado de generación en generación.
El monjolo centenario del bisabuelo
Al lado del molino de agua está la pieza de mayor valor afectivo de la propiedad.
El monjolo es un tipo de pilón movido por agua, usado para machacar y quebrar granos antes de la molienda fina.
El monjolo centenario de José Sirval tiene más de 100 años y perteneció a su bisabuelo, lo que lo convierte en una reliquia viva.
Funciona como un balancín de madera: el agua llena un canal en un extremo, que baja y levanta el pilón en el otro.
Cuando el canal se vacía, el peso cae de nuevo y el pilón machaca el grano, en un vaivén rítmico y ruidoso.
Mantener un monjolo centenario funcionando requiere conocer la madera, el agua y el punto exacto de cada pieza.
Pocas familias en Brasil aún conservan y usan un monjolo centenario como este.
125 kilos de maíz por día: el fubá artesanal

El fubá artesanal hecho en el molino de agua es diferente del industrial, vendido en supermercados.
Molido despacio, en la piedra, el fubá artesanal preserva más sabor y textura que el producido a gran escala.
Los 125 kilos de maíz molidos por día rinden harina y fubá que abastecen la cocina y el vecindario.
Para quienes crecieron comiendo broa y angu de verdad, el fubá artesanal tiene un sabor que remite a la infancia.
Esta diferencia de calidad es lo que da valor de mercado a un producto que parecía condenado al pasado.
No por casualidad, el fubá artesanal de ingenio ha vuelto a ser disputado en ferias y ventas directas.
Una tradición rural casi extinta
Lo que José Sirval hace ya fue común en todo el interior del país.
Hasta mediados del siglo 20, los molinos de agua y monjolos eran el corazón de la producción de harina en las haciendas.
Con la llegada de la energía eléctrica y la harina industrial barata, esta tradición rural fue desapareciendo poco a poco.
Muchos ingenios fueron abandonados, se convirtieron en ruinas o se oxidaron a la orilla de los ríos.
En ciudades pequeñas como Senador José Bento, mantener viva esa tradición rural depende de pocos productores obstinados.
Cada molino que deja de girar se lleva consigo un pedazo de conocimiento que nadie anotó en ningún lugar.
Por eso la continuidad del trabajo de José Sirval tiene más peso del que parece.
Por qué José Sirval mantiene el molino de agua vivo
No es solo cuestión de economía o de nostalgia.
Para José Sirval, operar el molino de agua es una forma de honrar la historia de su propia familia.
El monjolo del bisabuelo conecta el presente con un tiempo en que cada grano dependía del trabajo manual y del agua.
Mantener el engranaje funcionando es también mantener viva la memoria de quienes vinieron antes.
Aún está el orgullo de dominar una técnica que pocos en la región aún saben operar.
En Senador José Bento, él se ha convertido en una especie de guardián de un saber que corre el riesgo de desaparecer.
La elección de no apagar el molino de agua es, en el fondo, una elección de no olvidar.
El valor de preservar técnicas antiguas
La historia gana relevancia en un momento en que el mundo discute sostenibilidad.
Un molino de agua es, en la práctica, una máquina movida por energía limpia y renovable.
Mientras la industria gasta electricidad y combustible, el ingenio de José Sirval usa solo el agua que ya corre allí.
Preservar esta tradición rural tiene valor cultural, ambiental e incluso turístico para ciudades pequeñas.
Ingenios antiguos se convierten en atractivo para quienes buscan el turismo rural y la comida de raíz.
Recuperar y mantener un molino de agua puede ser, para muchos municipios, una forma de generar ingresos con la propia historia.
Lo que parece cosa del pasado puede ser, en realidad, una apuesta de futuro.
Lo que el caso del molino de agua de Senador José Bento muestra
La rutina de José Sirval es un recordatorio de que no toda tecnología útil es nueva.
Muestra que un molino de agua y un monjolo centenario aún tienen lugar en el siglo 21.
Pero vale mantener los pies en la tierra.
Es una producción artesanal y local, que no compite en volumen con la harina industrial de las estanterías.
Mantener el ingenio depende de la salud del productor y de la transmisión del saber a las próximas generaciones.
Y, como tradición rural de ciudad pequeña, el caso corre el riesgo de perderse si nadie le da continuidad.
Aún así, pocos ejemplos resumen tan bien el valor de preservar la tradición rural y la harina de maíz artesanal del interior.
De Senador José Bento, el molino de agua de José Sirval sigue moliendo maíz y memoria en la misma rueda.
¿Y tú, aún recuerdas el sabor de la harina de maíz artesanal molida en un molino de agua de verdad? Comenta aquí si en tu familia alguien ya manejó un molino de agua o un monjolo centenario como este.
