Oosterwold, en Almere, muestra una forma inusual de pensar en casa propia, porque combina vivienda alternativa, agricultura urbana, calles hechas por los residentes y responsabilidad colectiva en un área planificada cerca de Ámsterdam
En los Países Bajos, los residentes compran terrenos en Oosterwold, una ciudad cerca de Ámsterdam, y encuentran una regla muy diferente de la compra común de un lote: además de planificar su propia casa, también deben lidiar con calles, drenaje, residuos y producción de alimentos.
La información fue divulgada por MVRDV, oficina de arquitectura y urbanismo de los Países Bajos. La estrategia de Almere Oosterwold abarca un área de 43 km² y está vinculada al año 2011, con implementación en Oosterwold, en Almere.
La idea llama la atención porque cambia el sentido de casa propia. El residente gana libertad para construir, pero esa libertad viene junto con responsabilidad colectiva sobre el barrio donde va a vivir.
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Un barrio donde comprar terreno no significa recibir todo listo
En muchos desarrollos, la persona compra el terreno y espera encontrar calles, redes básicas, drenaje y reglas ya organizadas. En Oosterwold, la lógica es diferente.
El residente puede diseñar su propia casa, pero también participa en la formación del entorno. Esto incluye caminos, áreas verdes, almacenamiento de agua, recolección de residuos, energía y agricultura urbana.

Para entender de forma simple, Oosterwold funciona como un barrio en el que la casa no está separada del resto de la estructura. Quien elige vivir allí también debe pensar en lo que hace que el vecindario funcione.
Vivienda alternativa con libertad para construir y obligación de cuidar la infraestructura
La propuesta de Oosterwold da libertad a cada residente para crear su propia vivienda. Esto permite casas diferentes, terrenos con usos variados y un diseño menos estandarizado que el visto en muchos barrios comunes.
Pero esta libertad no elimina responsabilidades. La persona puede desarrollar su propio lote, pero también necesita viabilizar partes necesarias del barrio, como un tramo de calle, energía, saneamiento, recolección de residuos, área verde pública y agricultura urbana.
El saneamiento es el conjunto de cuidados con agua, alcantarillado e higiene del lugar. La drenaje es la manera de conducir el agua de lluvia para evitar acumulación, barro y problemas en los accesos.
La regla que más llama la atención obliga al residente a plantar comida en su propio lote
The Guardian, periódico británico con sección de medio ambiente, registró la regla de Oosterwold que exige producción de alimentos en al menos 50% de la propiedad. Este punto transforma el barrio en un caso curioso para quienes piensan en ciudad, vivienda y sostenibilidad.
La agricultura urbana es el cultivo de alimentos dentro de la ciudad o en áreas cercanas a la vida urbana. En Oosterwold, no aparece solo como un jardín bonito o un detalle verde.
La regla hace que el lote tenga otra función. Además de albergar la casa propia, una parte importante del terreno necesita producir comida. Por eso, la vivienda está ligada al uso del suelo de una manera más directa.
El diseño general separa construcción, calles, verde, agua y agricultura urbana
La estrategia de Almere Oosterwold trabaja con una división clara del área para mantener el carácter rural del lugar. La organización prevé 18% para construcción, 8% para vías, 13% para verde público, 2% para agua y 59% para agricultura urbana.
Estos porcentajes muestran por qué el barrio se aleja del modelo tradicional. La mayor parte del área no está destinada a casas o calles, sino a la producción de alimentos.

El número de 50% aparece ligado a la exigencia de cultivo dentro de la propiedad. Ya el 59% indica la porción del área general destinada a la agricultura urbana. Los dos datos ayudan a entender la fuerza de la producción de comida en el proyecto.
Oosterwold no es un condominio común y tampoco una chacra urbana brasileña
Oosterwold puede recordar a un condominio de chacras, pero la comparación necesita cuidado. En muchos condominios, las vías internas, la infraestructura y las reglas de uso ya llegan listas para el comprador.
En Oosterwold, el residente participa más en la creación del barrio. Esto cambia la relación con el terreno, porque vivir allí implica decisiones que pasan por la casa propia y también por la estructura colectiva.
La diferencia está en el peso de la responsabilidad. El comprador no entra solo como dueño de un área privada. Pasa a formar parte de un modelo en el que el barrio depende de la acción de los propios residentes.
Lo que esta experiencia cerca de Ámsterdam hace que Brasil piense sobre ciudades
Brasil no necesita copiar Oosterwold para sacar lecciones del caso. La experiencia ayuda a pensar en cómo calles, drenaje, residuos, áreas verdes y comida pueden entrar en la planificación antes de que el barrio crezca de forma desorganizada.
En muchas ciudades brasileñas, el problema aparece cuando las casas surgen antes de la estructura básica. Después, los residentes enfrentan calles malas, agua estancada, falta de áreas verdes y servicios distantes.

Oosterwold muestra una discusión simple e importante: la libertad para construir puede funcionar mejor cuando viene acompañada de reglas claras y participación de quienes van a vivir en el lugar.
El caso de Oosterwold, en Almere, muestra una forma inusual de unir casa propia, agricultura urbana e infraestructura hecha con participación de los residentes. La persona gana libertad para planear la casa, pero asume una parte mayor de la vida colectiva.
La experiencia holandesa no es una receta lista para Brasil. Aun así, provoca una reflexión sobre barrios que podrían nacer con más cuidado con agua, calles, residuos, áreas verdes y producción de alimentos.
¿Vivirías en un barrio donde tendrías libertad para hacer tu casa, pero también necesitarías ayudar a construir la estructura alrededor y plantar comida en el lote? Comenta y comparte.

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