Cinco hembras y cuatro machos viven desde enero en un área cercada en el interior de España, donde investigadores monitorean dieta, desplazamientos y cambios en la vegetación. La propuesta es descubrir si el mayor mamífero terrestre de Europa puede ayudar a recuperar áreas abandonadas y reducir el combustible disponible para incendios forestales.
Nueve bisontes europeos comenzaron a ocupar, en enero de 2026, un área de bosque público en el municipio de El Recuenco, en la provincia de Guadalajara, España. Los animales forman parte de un experimento que pretende medir sus efectos sobre la vegetación, la biodiversidad y el riesgo de propagación de incendios.
La manada no fue soltada por las calles ni circula libremente fuera del área del proyecto. Los cinco machos y cuatro hembras viven en semilibertad dentro de 400 hectáreas cercadas, son monitoreados por GPS y permanecen bajo observación de profesionales en campo. La investigación es conducida por Rewilding Spain con universidades del País Vasco, Manchester y Aarhus.
El Recuenco tiene cerca de 80 habitantes registrados, pero la población permanente cae a aproximadamente 20 personas durante el invierno. Con la desaparición de la ganadería extensiva en la región, arbustos, gramíneas secas y otras plantas comenzaron a acumularse en áreas que antes eran utilizadas por rebaños.
-
MIRAS EL AZÚCAR TODOS LOS DÍAS, PERO EXISTE UNA PROHIBICIÓN SOBRE ÉL QUE CASI NADIE CONOCE; ENTIENDE POR QUÉ FABRICARLO EN CASA NO ESTÁ PERMITIDO EN BRASIL
-
A chegada das águas do Rio São Francisco ao Rio Grande do Norte marca un capítulo histórico, impulsa el desarrollo y simboliza justicia social para millones de nordestinos.
-
Científicos descubren escarabajos con antenas y mandíbulas alargadas en China y Laos y nombran un nuevo género Luffy en honor al protagonista de One Piece.
-
Ex-frentista abandona estación de gasolina por negocio de reciclaje, emplea a 12 personas y llega a facturar R$ 20 mil mensuales.
La apuesta es hacer que los bisontes asuman parte de esa función. Ellos comen, rompen y pisotean la vegetación, abriendo espacios en el terreno y alterando la cantidad de biomasa disponible. Esto puede dificultar la continuidad del fuego, pero los responsables evitan presentar la experiencia como una solución lista.
La manada llegó aclimatada, pero su comportamiento será comparado al de bisontes de varias partes de Europa
Los animales llevados a El Recuenco vinieron de una propiedad en El Espinar, en la provincia de Segovia. Los adultos habían llegado anteriormente de Polonia y de los Países Bajos, mientras que los ejemplares más jóvenes nacieron en territorio español.
Después de un período inicial en un recinto menor, la manada comenzó a recorrer el área experimental. Los investigadores recolectan heces para analizar hormonas, inmunoglobulinas y fragmentos de ADN de las plantas consumidas, método que permite reconstruir la dieta sin capturar continuamente a los animales.
El trabajo también compara tramos de bosque sin intervención con áreas que pasaron por desbroce antes de la llegada de los bisontes. De esta forma, será posible verificar si el pastoreo mantiene los espacios abiertos e impide que los arbustos recuperen rápidamente el volumen anterior.
El consumo de vegetación leñosa explica por qué los bisontes entraron en el plan contra el fuego
El principio utilizado en El Recuenco ya es conocido en programas de prevención con cabras, ovejas y bovinos. Al consumir vegetación en lugares estratégicos, los rebaños ayudan a conservar franjas con menor carga de combustible, usadas para reducir la velocidad y la intensidad de las llamas.
Una investigación realizada en La Rioja, también en España, analizó un programa que combinaba retirada de arbustos y ganadería extensiva. El estudio encontró reducción de la biomasa combustible, del número de incendios y del área quemada, aunque los resultados provinieron de un conjunto de medidas y no solo de la presencia de animales.
Los bisontes llaman la atención porque su alimentación no se limita a las gramíneas. Un estudio publicado en 2024 en la revista Biodiversity and Conservation, realizado con animales en la Sierra de Andújar, encontró componentes leñosos en 52% de los fragmentos vegetales identificados en las heces de los bisontes.
En ese estudio, los animales consumieron más plantas leñosas durante el otoño y el invierno y aumentaron la ingesta de gramíneas en el verano. Los investigadores también registraron el consumo de lentisco, especie arbustiva inflamable presente en ambientes mediterráneos, pero reconocieron que el manejo de la propiedad incluía suplementación alimentaria durante parte del año.
Esto impide que los datos de Andújar sean simplemente transferidos a El Recuenco. Cada área posee clima, relieve, disponibilidad de agua, composición vegetal y densidad de animales diferentes, factores que alteran directamente el resultado del pastoreo.
Los primeros meses indican adaptación, pero aún no muestran reducción de los incendios
El 4 de julio de 2026, el biólogo Diego Rodríguez, responsable del monitoreo de la región, informó que los nueve animales habían recorrido repetidamente los 400 hectáreas y ganado peso desde su llegada. El aumento corporal fue interpretado como señal inicial de que encontraron alimento suficiente y se adaptaron al ambiente.
Ninguna de estas observaciones comprueba que el proyecto ya redujo el riesgo de fuego. Las conclusiones dependerán de la comparación de datos sobre cobertura vegetal, estructura de los arbustos, especies presentes y cantidad de material combustible a lo largo de diferentes estaciones. El experimento también servirá de base para dos tesis de doctorado ligadas a las universidades de Manchester y del País Vasco.
El tamaño del área ayuda a entender la limitación. Nueve animales distribuidos por 400 hectáreas representan, en promedio, un bisonte para poco más de 44 hectáreas, aunque la manada no utiliza el terreno de manera uniforme.
Zonas cercanas al agua, tramos con alimento abundante y lugares usados para descanso pueden recibir más presión. Otras partes de la propiedad pueden permanecer casi intactas, razón por la cual el rastreo por GPS será cruzado con los cambios observados en el suelo y en la vegetación.
La discusión científica comienza antes incluso de aparecer los resultados
La presencia del bisonte europeo en la Península Ibérica provoca una disputa que trasciende el proyecto de Guadalajara. Una de las cuestiones es histórica, pues fósiles confirman la existencia de otras especies de bisontes en la región, pero no hay consenso sobre la ocurrencia pasada del actual Bison bonasus.
En 2024, cerca de 40 investigadores vinculados a 25 universidades publicaron un artículo contrario a la introducción del animal en España como especie silvestre. El grupo argumentó que el bisonte europeo no tendría ventaja comprobada sobre herbívoros nativos o domésticos en la limpieza del terreno y podría depender de agua, alimentación complementaria y atención veterinaria para enfrentar veranos calurosos y secos.
Los defensores responden que el objetivo no necesita ser reconstruir exactamente la fauna del pasado. Para ellos, la cuestión práctica es descubrir si un gran herbívoro puede desempeñar funciones ecológicas perdidas tras el abandono de la ganadería y contribuir a mantener paisajes más abiertos.
También existen indicios de efectos positivos sobre la diversidad vegetal fuera de España. Un estudio de ocho años realizado en bosques europeos encontró aumento en la riqueza de plantas vasculares en áreas ocupadas por bisontes, sobre todo en bosques de roble con vegetación rastrera abundante. El mismo efecto no apareció en bosques cerrados de haya, mostrando que el resultado depende del tipo de ambiente.
Esta diferencia ayuda a explicar por qué los datos de El Recuenco serán relevantes. El proyecto podrá confirmar beneficios locales, revelar impactos indeseados o mostrar que la cantidad de animales es insuficiente para modificar el paisaje en una escala capaz de influir en el comportamiento del fuego.
Los bisontes pueden ayudar en el manejo, pero no sustituyen cortafuegos, vigilancia y equipos de combate
Aunque la manada reduzca arbustos y gramíneas, nueve animales no impiden la ignición de un incendio. Rayos, quemas irregulares, fallas eléctricas, máquinas y acciones humanas continúan siendo capaces de iniciar el fuego, principalmente durante períodos de calor, viento fuerte y baja humedad.
El pastoreo también necesita ser controlado. Una presión excesiva puede compactar el suelo, eliminar plantas deseables y favorecer la erosión; una presión muy baja puede producir alteraciones demasiado pequeñas para reducir la continuidad de la vegetación combustible.
Por eso, la experiencia española debe ser entendida como una pieza dentro del manejo forestal. Limpieza mecánica, franjas de protección, monitoreo meteorológico, acceso para brigadas, fiscalización y planificación territorial continúan siendo necesarios, incluso en áreas ocupadas por grandes herbívoros.
El resultado más relevante puede no ser descubrir si los bisontes “apagan incendios”, sino medir cuánto matorral retiran, qué plantas consumen, dónde concentran sus movimientos y cuánto cuesta mantener la operación. Solo estos números permitirán decidir si el modelo puede ser ampliado o si cabras, bovinos y otras formas de manejo entregarían mejores resultados.
¿Consideras razonable usar grandes animales para controlar la vegetación en áreas abandonadas o crees que los riesgos superan los posibles beneficios? Deja tu opinión en los comentarios y cuenta si una iniciativa similar podría funcionar en regiones brasileñas afectadas por incendios forestales.

