Descubierto hace 125 años en el Mar Egeo, el mecanismo de Antikythera intriga a los investigadores con su complejidad y posibles usos astronómicos en la antigüedad
Hace 125 años, buceadores griegos que buscaban esponjas en el Mar Egeo encontraron, por casualidad, uno de los artefactos más enigmáticos de la historia. Cerca de la isla de Antikythera, entre joyas, monedas y fragmentos de cerámica, apareció un trozo de cobre con dientes que recordaban engranajes. Así comenzó la historia del llamado mecanismo de Antikythera.
Durante décadas, el objeto permaneció prácticamente olvidado en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Su verdadera importancia solo salió a la luz cuando el investigador Derek de Solla recuperó el material e inició un estudio detallado.
Los análisis indicaron que se trataba de una máquina construida entre 200 y 100 a.C., considerada la primera «computadora» de la historia.
-
Brasileñas descubren microorganismo inédito en volcán activo de la Antártida, donde fumarola alcanza cerca de 100°C rodeada de hielo y revela nuevos límites de la vida extrema en una isla marcada por nieve remota.
-
El secreto detrás de la construcción china que parece imposible: modelos digitales, miles de trabajadores, decisiones rápidas y obras gigantes saliendo del papel en tiempo récord.
-
EUA testan drones que pueden neutralizar a tiradores en escuelas en menos de un minuto, la idea surgió después de que el fundador de la empresa observó cómo los drones eran eficaces en la guerra.
-
Un barco procedente de China llega al Puerto de Manaus con 5 mil toneladas de cables y marca una nueva fase de internet subfluvial tras operación logística, transbordo de fibra óptica y avance del Norte Conectado en la Amazonía.
Una máquina planetaria
El trabajo de de Solla reveló que el mecanismo de Antikythera formaba parte de un equipo más complejo. Las piezas recuperadas mostraban cerca de treinta engranajes de bronce. Estos engranajes encajaban en una caja de madera con dimensiones cercanas a 340 x 180 x 90 milímetros. La estructura era operada manualmente por una manivela, lo que permitía el accionamiento de todo el sistema.
La función principal del mecanismo era predecir posiciones astronómicas. Con el uso de los engranajes, el dispositivo conseguía calcular fases de la Luna, eclipses, ciclos del calendario lunar de 354 días e incluso fechas de competiciones deportivas.
El equipo también poseía engranajes especializados para reproducir el movimiento irregular de la Luna, compensando sus variaciones orbitales.
Con el paso del tiempo, se recuperaron nuevas piezas que ayudaron a reconstruir mejor el funcionamiento de la máquina. A pesar de los avances en la comprensión del objeto, algunas limitaciones se hicieron evidentes.
Limitaciones naturales del mecanismo
A pesar de la sofisticación, el mecanismo de Antikythera operaba con base en el conocimiento astronómico disponible en la época. Así, sus mediciones planetarias presentaban divergencias significativas en comparación con datos modernos. Esto, sin embargo, no disminuía el logro de los antiguos constructores.
Dos factores principales afectaban la precisión del equipo: la mecánica y la fabricación manual de las piezas. Como los engranajes se hacían individualmente, pequeños errores en la producción podían comprometer el funcionamiento general.
Además, el desgaste natural de los dientes de cobre aumentaba esta imprecisión con el uso constante.
Estudios anteriores, como el liderado por Mike Edmunds, confirmaron estas dificultades. Edmunds fue uno de los pocos investigadores en examinar directamente el mecanismo original y dirigió un equipo dedicado a su análisis minucioso.
Nuevas pruebas y simulaciones
Ahora, investigadores de la Universidad Nacional de Mar del Plata, en Argentina, decidieron simular el funcionamiento del mecanismo con la ayuda de computadoras. Esteban Guillermo Szigety y Gustavo Francisco Arenas lideraron la investigación, cuyos resultados fueron divulgados en la plataforma arXiv.
El equipo basó su simulación en estudios previos, considerando aspectos como la presencia de dientes triangulares irregulares y los efectos de imperfecciones en la construcción.
Durante las pruebas virtuales, los investigadores percibieron que los dientes triangulares no comprometieron directamente el funcionamiento. Sin embargo, al girar la manivela, surgieron atascos en los engranajes.
Estos atascos volverían el equipo prácticamente inutilizable para fines científicos. Así, los investigadores clasificaron el mecanismo como un «juguete ingenioso», sin gran aplicación práctica.
Los científicos, sin embargo, destacaron una importante observación. La simulación se basó en lo que se sabe hoy sobre los fragmentos encontrados en 1900. Existe la posibilidad de que algunos defectos observados sean resultado de la corrosión sufrida a lo largo de los siglos.
Por esto, los espacios irregulares entre los engranajes pueden no reflejar exactamente el diseño original.
Mejoras sugeridas
Los investigadores argentinos sugirieron ajustes en el diseño de los engranajes para evitar los atascos observados.
Aún así, advirtieron que es necesario tener cuidado al suponer que las medidas actuales corresponden fielmente a los valores originales. Al fin y al cabo, alguien invirtió mucho esfuerzo y habilidad en la construcción de aquella máquina.
Para ellos, es improbable que un objeto tan complejo haya sido producido si no poseía, al menos en parte, alguna funcionalidad práctica.
Por eso, defienden que nuevas investigaciones sean conducidas. El desarrollo de técnicas aún más refinadas puede ayudar a clarificar la precisión y la real utilidad del mecanismo de Antikythera.
Origen del hallazgo
Aunque el funcionamiento exacto del dispositivo continúa en debate, el origen de su descubrimiento parece tener una explicación más sencilla.
El artefacto fue encontrado entre los restos de un naufragio. La hipótesis más aceptada es que formaba parte de una carga destinada a algún emperador romano, posiblemente Julio César.
A pesar de las limitaciones señaladas por los estudios recientes, el mecanismo de Antikythera sigue siendo una de las mayores realizaciones tecnológicas de la antigüedad.
El nivel de sofisticación alcanzado por sus constructores hace más de dos mil años sigue fascinando a investigadores y al público en general.
Así, a pesar de que estudio tras estudio indica que el mecanismo puede haber tenido poca utilidad práctica, el mérito de su construcción y el desafío de descifrarlo siguen vivos.
El ingenioso mecanismo de Antikythera encontrado en el Mar Egeo sigue siendo una ventana al impresionante conocimiento técnico de los antiguos griegos.
Con información de Xataka.

¡Sé la primera persona en reaccionar!