La granja con más de mil jabuticabeiras en Itu combina agricultura familiar y turismo rural, produciendo hasta 12 toneladas de fruta por cosecha y recibiendo miles de visitantes que buscan revivir memorias del campo y de la cosecha tradicional
Un mar de troncos cubiertos de frutos oscuros domina el horizonte de la granja con más de mil jabuticabeiras en Itu, en el interior de São Paulo. Son más de 1.100 árboles cultivados uno al lado del otro, produciendo alrededor de 12 toneladas por cosecha y formando uno de los huertos más expresivos del estado.
La propiedad, que une manejo agrícola y turismo, se ha convertido en punto de encuentro para quienes buscan contacto con la naturaleza y recuerdos de la infancia en el campo. Además de la belleza de los árboles cargados, la experiencia de recolectar las jabuticabas directamente del árbol ha transformado el espacio en uno de los destinos rurales más buscados de la región.
Producción que impresiona por el volumen y la tradición

La plantación reúne variedades clásicas, como Sabará, Paulista y Ponhema.
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Juntas, garantizan diversidad de sabor, resistencia y productividad.
El ciclo productivo, que puede ocurrir varias veces al año, resulta en cosechas abundantes y constantes.
Según el agrónomo Kazuo Kawakami, el secreto está en la paciencia y en el cuidado continuo.
“Una jabuticabeira puede tardar de ocho a diez años en producir en volumen comercial, pero luego florece y da fruto durante décadas”, explica el especialista, resaltando que el manejo correcto garantiza longevidad y vigor a la planta.
Cómo la granja se convirtió en atracción turística
Administrada por Henrique Maeda, la granja abrió las puertas al público y adoptó el sistema de cosecha y pago, en el que el visitante puede recoger la fruta directamente del árbol.
La experiencia transformó el lugar en referencia de turismo rural en Itu, atrayendo familias, escuelas y grupos de excursionistas.
En el último año, más de ocho mil personas visitaron el huerto.
El escenario de troncos cubiertos de jabuticabas se ha convertido en uno de los más fotografiados de la ciudad, y muchos turistas regresan en cada cosecha.
La propuesta, según Maeda, es unir ocio, aprendizaje y valoración de la agricultura familiar.
Un símbolo afectivo y cultural brasileño
Aparte del valor económico, la jabuticabeira lleva un fuerte simbolismo en la cultura brasileña.
Es una fruta que despierta recuerdos de la infancia y del convivio en el campo.
La forma redondeada, el brillo de la cáscara y el hecho de nacer directamente en el tronco convierten al árbol en un espectáculo visual.
La fruta, consumida en su estado natural o transformada en mermeladas, vinos, licores y jugos, también es reconocida por su valor nutricional.
Rica en vitamina C, antioxidantes y fibras, la jabuticaba ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y contribuye a una alimentación saludable.
Turismo, sostenibilidad y educación rural
El espacio fue diseñado para valorar el contacto directo con el campo y la conciencia ambiental.
Guías locales explican el proceso de cultivo, el papel de las abejas en la polinización y las técnicas de fertilización orgánica utilizadas en el huerto.
Además del turismo, la granja sirve como laboratorio vivo para estudiantes e investigadores, demostrando cómo el agronegocio y el turismo rural pueden coexistir de forma sostenible y educativa.
El visitante sale con una bolsa de frutas y una clase práctica sobre el ciclo productivo de la jabuticabeira.
El sabor y el momento adecuado de la cosecha
Quien visita el huerto también aprende a elegir la fruta ideal.
Las jabuticabas más oscuras y de cáscara suave son las más dulces y jugosas, recomiendan los productores.
Como maduran rápidamente, deben consumirse pronto después de la cosecha para mantener el sabor y la frescura característicos.
El aroma dulce y la textura delicada son parte de la experiencia sensorial que el paseo proporciona, transformando el acto de recoger en un ritual de memoria y conexión con la tierra.

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