La gigante de Detroit apostó una fortuna para liderar la carrera de los coches autónomos, vio su joya convertirse en un escándalo de seguridad y ahora abandona el negocio de taxi sin conductor justo en el momento en que Tesla y Waymo redoblan la apuesta
General Motors decidió enterrar uno de los mayores sueños de la industria automotriz: el de recorrer ciudades enteras con robotaxi sin conductor. Después de gastar más de 10 mil millones de dólares en su división Cruise y de ver uno de sus coches autónomos arrastrar a una peatona en San Francisco, la automotriz anunció que dejará de financiar el servicio de taxi sin conductor, poniendo fin a la aventura.
¿Cómo termina así una apuesta de más de 10 mil millones de dólares? Porque hacer que un coche conduzca solo por una ciudad caótica es mucho más difícil y caro de lo que el hype prometía. Un solo accidente grave expuso las fallas del proyecto, erosionó la confianza y mostró a GM que el costo para llegar allí sería demasiado alto, en un mercado que se volvió competitivo demasiado rápido.
Diez mil millones de dólares y el sueño del coche sin conductor
La apuesta de GM en Cruise fue una de las más fuertes del sector. Según InfoMoney, desde que compró la empresa en 2016, la automotriz ya había invertido más de 10 mil millones de dólares en el desarrollo del robotaxi, apostando que esta sería la próxima gran frontera del transporte.
-
Científicos descubren que un misterioso hongo negro prospera en Chernóbil desde hace casi 40 años, desafía niveles extremos de radiación y podría revolucionar futuras misiones espaciales.
-
El misterio del río rojo que desafía a la ciencia desde hace más de un siglo se profundiza: investigadores descubren cómo las enigmáticas Blood Falls en la Antártida ocultan un ecosistema aislado de 1,5 millones de años y podrían prever cambios profundos bajo el hielo.
-
Mati Carbon wins $50 million prize for boosting crops and capturing carbon by distributing basalt powder to small farmers in India and Africa
-
Excrementos humanos recolectados en hogares de Kenia se transforman en briquetas de combustible mediante energía solar, creando una industria inesperada contra el saneamiento deficiente, el carbón vegetal y la deforestación.
La idea parecía el futuro escrito en piedra. Una flota de coches circulando solos, sin salario de conductor y disponible todo el día, prometía revolucionar la movilidad urbana y convertirse en una máquina de dinero. Invertir miles de millones en una tecnología que parecía inevitable tenía todo el sentido sobre el papel, y fue exactamente esa promesa la que sedujo a la gigante de Detroit.
El accidente que lo cambió todo en San Francisco

El punto de inflexión fue un accidente grave. Según Olhar Digital, en octubre de 2023 uno de los robotaxis de Cruise arrastró a una peatona, en un episodio que abrió una avalancha de investigaciones sobre la seguridad del servicio.
El caso expuso fallos que iban más allá del coche. Según Olhar Digital, el episodio llevó a investigaciones, multas y sanciones, arrojando luz sobre cómo la empresa manejaba la transparencia y el control de riesgo de su operación. Basta un accidente serio para transformar una promesa de futuro en una pesadilla regulatoria, y fue eso lo que comenzó a derribar el proyecto.
Licencias perdidas, multas y 900 despidos
El daño se extendió rápidamente por la empresa. Según Olhar Digital, después del accidente Cruise perdió las licencias comerciales en California, interrumpió las pruebas en otros estados y además despidió a cerca de 900 empleados, el equivalente a aproximadamente el 24% de su fuerza laboral.
Fue una caída vertiginosa para quien era vista como líder de la carrera. De operar coches sin conductor en las calles a perder el permiso de circular y recortar casi un cuarto del equipo, todo en pocos meses. Cuando una empresa pierde la licencia de hacer justamente aquello que la define, el negocio entero entra en cuenta regresiva.
GM desconectó el robotaxi
El desenlace llegó a finales de 2024. Según InfoMoney, General Motors anunció que dejaría de financiar el desarrollo del negocio de robotaxi, justificando la decisión por los costos altísimos y la competencia creciente en un mercado que se volvió demasiado disputado.
El fabricante concluyó que el camino hasta allí era demasiado largo y caro. Según InfoMoney, la empresa evaluó que el tiempo y los recursos necesarios para poner la operación en escala ya no compensaban el esfuerzo, ante rivales avanzando rápido. Reconocer que una apuesta multimillonaria no se va a pagar es duro, pero insistir en ella podría costar aún más caro.
Mil millones de dólares por año de ahorro

Recortar el proyecto también es una jugada de caja. Según InfoMoney, la reestructuración debe permitir a GM reducir sus gastos en más de mil millones de dólares por año, recortando más de la mitad de los cerca de 2 mil millones de dólares anuales que el fabricante venía gastando con la operación.
El alivio en el bolsillo fue uno de los motores de la decisión. Según InfoMoney, el cambio tiene implementación prevista para la primera mitad de 2025, aliviando de inmediato las cuentas de una empresa que ya enfrentaba presión en otras áreas. A veces el movimiento más estratégico no es gastar más para ganar, sino dejar de quemar dinero en una apuesta que no avanza.
La Cruise deja de ser un robotaxi y se convierte en parte de GM
La empresa no desaparece, pero cambia de función. Según InfoMoney, en lugar de operar un servicio de robotaxi, Cruise se integrará a las operaciones de GM para reforzar los sistemas de asistencia al conductor y, en el futuro, ayudar a desarrollar vehículos totalmente autónomos de uso personal.
Es decir, la tecnología sobrevive, pero con otro objetivo. En lugar de llenar las ciudades de coches de alquiler sin conductor, el conocimiento acumulado se incorporará a los coches que GM vende al consumidor común. Aprovechar lo aprendido en lugar de desecharlo todo es la forma más sensata de no perder de una vez los miles de millones invertidos.
En contramano de Tesla y Waymo
El momento de la retirada llama la atención. Mientras GM abandona el negocio, Tesla, de Elon Musk, y Waymo, del grupo propietario de Google, siguen apostando fuertemente en el robotaxi, cada una intentando demostrar que puede transformar la tecnología en un negocio rentable.
Esta divergencia muestra que no hay consenso sobre el futuro. Para GM, la cuenta no cerró ahora; para las rivales, el premio aún vale el riesgo. La misma tecnología que hace retroceder a un gigante es la que hace que otros doblen la apuesta, y solo el tiempo dirá quién leyó correctamente el mercado.
Lo que el fin de Cruise enseña
La caída de Cruise es una lección sobre la distancia entre la promesa y la realidad de la tecnología. Muestra que ni siquiera una montaña de dinero garantiza que un coche vaya a conducir solo por una ciudad de forma segura y barata, y que la seguridad no puede quedar atrás en la carrera por la innovación. Para el sector, queda el mensaje de que la autonomía total aún es un destino distante. Para GM, queda la pérdida de miles de millones y la dura decisión de retirarse antes de perder más.
¿Y tú, entrarías hoy en un coche sin conductor circulando por tu ciudad, o crees que esta tecnología aún necesita muchos años para ser confiable? Cuéntanos aquí en los comentarios qué harías.
