El fin del Ford Focus marca un capítulo más en el proceso de transformación de Ford. Después de cerrar la producción del Fiesta, el fabricante confirma que el Focus también dejará de existir, poniendo fin a una de las líneas más emblemáticas de su historia. Un análisis, publicado por el portal británico especializado Goodwood, este miércoles, 22 de mayo, va más allá del simple hecho: reflexiona sobre cómo la marca ha perdido parte de su identidad, pero aún ve caminos para un posible renacimiento.
Lanzado en 1998, el Focus fue revolucionario para su época. Su diseño audaz y la suspensión trasera independiente Control Blade lo convirtieron en un referente tanto en manejabilidad como en innovación en el segmento de los hatchbacks. Más que un coche popular, representó una fase en la que toda la línea Ford, del Ka al Mondeo, ofrecía una experiencia de conducción placentera, coherente y conectada con su público.
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Sin embargo, según el artículo de Russel Campbell, esa cohesión se ha perdido. La Ford de hoy, en opinión de Goodwood, se apoya fuertemente en la nostalgia de nombres icónicos, aplicados a SUVs y vehículos que poco tienen que ver con sus predecesores. El ejemplo más citado es el nuevo Capri SUV, que, además de no tener relación alguna con el coupé original, está basado en una plataforma de Volkswagen.
Al mismo tiempo, el texto hace una salvedad: no se trata solo de decisiones equivocadas, sino de una industria entera presionada por metas rígidas de reducción de emisiones y por la necesidad de electrificación rápida. Es en este contexto que Ford necesitó abandonar modelos tradicionales como Fiesta, Focus y Mondeo, cuyos motores de combustión elevaban la media de emisiones de la flota, amenazando con generar multas millonarias.
¿La esperanza está en el camino correcto?
A pesar de las críticas, el periodista señala que Ford no ha perdido completamente su esencia, solo la “desvió del camino”. La solución, según él, ya ha sido puesta sobre la mesa por competidores como Renault, que con el nuevo Renault 5 eléctrico, supo unir diseño nostálgico, propuesta accesible y tecnología actual.
El autor en Goodwood sugiere que Ford podría seguir una ruta parecida: rescatar nombres fuertes como el Fiesta XR2 o incluso versiones deportivas del propio Focus, llevándolos a una plataforma eléctrica, simple, eficiente y con precios competitivos, algo que podría ser el verdadero diferencial en el mercado actual.
El análisis cierra con una visión crítica, pero optimista. Ford puede haber perdido su “mojo”, pero no ha desaparecido, solo ha sido momentáneamente olvidado. Si logra unir su herencia deportiva, la conexión con el público y la adaptación correcta al universo eléctrico, hay espacio para que la marca vuelva a ser una de las más respetadas del mercado global.

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