Casi invisible para quien observa solo la superficie del Mediterráneo, el Great Sea Interconnector fue concebido para alterar la circulación regional de electricidad y crear una nueva conexión energética entre mercados separados históricamente por el mar.
La dimensión física del emprendimiento ayuda a explicar el interés internacional en torno al proyecto, ya que un cable de más de mil kilómetros instalado a una profundidad extrema exige una planificación industrial inusual y un mantenimiento altamente especializado.
Casi invisible para quien observa solo la superficie del Mediterráneo, el Great Sea Interconnector fue concebido para alterar la circulación regional de electricidad y crear una nueva conexión energética entre mercados separados históricamente por el mar.
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Reportajes publicados por Reuters también señalaron impactos provocados por las tensiones geopolíticas en el Mediterráneo oriental, región marcada por disputas marítimas e intereses energéticos considerados sensibles por diferentes países involucrados en el entorno.
En este escenario, el avance de la obra dejó de depender solo de la ingeniería submarina y pasó a exigir una coordinación constante entre gobiernos, reguladores, inversores y operadores responsables de la futura integración eléctrica entre los mercados participantes.
En septiembre de 2025, las autoridades chipriotas afirmaron que los fiscales europeos investigaban posibles irregularidades relacionadas con el proyecto, tras denuncias que llevaron a la Oficina del Fiscal Público Europeo a abrir una investigación preliminar sobre el caso.
Pocos días después, el presidente de Chipre, Nikos Christodoulides, declaró que el gobierno mantenía conversaciones con los Emiratos Árabes Unidos sobre una posible cooperación financiera y estratégica para garantizar la continuidad de la iniciativa.
Obra submarina puede cambiar la circulación de energía entre Europa y Oriente Medio
Si avanza dentro del cronograma previsto, el interconector deberá funcionar como un puente eléctrico submarino entre Europa y el Mediterráneo oriental, permitiendo que la energía circule en dos direcciones según la necesidad de cada sistema conectado.
En los últimos años, estructuras de este tipo han ganado relevancia por ofrecer mayor flexibilidad ante la expansión de las fuentes renovables y la creciente preocupación internacional por la seguridad energética y la estabilidad en el suministro de electricidad.
Como las redes interconectadas consiguen responder mejor a las oscilaciones de la demanda, los fallos locales y los cambios naturales en la generación solar o eólica, los proyectos de transmisión offshore han pasado a ocupar un espacio estratégico en los planes energéticos de diferentes países.
Para Israel, la futura conexión podrá abrir una ruta adicional de integración eléctrica con Europa a través de Chipre y Grecia, aunque esta etapa aún depende del avance de las negociaciones técnicas, regulatorias y financieras en curso.
La dimensión física del emprendimiento ayuda a explicar el interés internacional en torno al proyecto, ya que un cable de más de mil kilómetros instalado a una profundidad extrema exige una planificación industrial inusual y un mantenimiento altamente especializado.
Casi invisible para quien observa solo la superficie del Mediterráneo, el Great Sea Interconnector fue concebido para alterar la circulación regional de electricidad y crear una nueva conexión energética entre mercados separados históricamente por el mar.
Proyecto multimillonario en el Mediterráneo busca conectar redes eléctricas de Europa y Oriente Medio mediante un cable submarino de alta tensión instalado en profundidades extremas, en una obra considerada estratégica para la seguridad energética, la integración regional y la expansión de la transmisión de energía renovable.
Vinculados al proyecto Great Sea Interconnector, Grecia, Chipre e Israel planean instalar un cable eléctrico submarino de alta tensión de unos 1.240 kilómetros en el Mediterráneo oriental, en tramos que pueden alcanzar los 3.000 metros de profundidad, una dimensión considerada rara incluso para grandes obras del sector energético.
Inicialmente, la propuesta pretende conectar las redes eléctricas de Grecia y Chipre a través de Creta, mientras que la siguiente etapa prevé ampliar la conexión hasta Israel, formando un corredor energético submarino entre Europa y el Mediterráneo oriental.
Según los responsables del proyecto, el sistema podría convertirse en el interconector submarino de alta tensión más largo y profundo del planeta, una combinación que ha transformado el proyecto en una de las iniciativas de infraestructura energética más observadas actualmente en la región.
Además de reducir el aislamiento energético chipriota, el plan fue diseñado para ampliar el intercambio de electricidad entre países y facilitar la integración de fuentes renovables, un escenario que ha ganado importancia ante la presión global por redes más interconectadas y flexibles.
Según información divulgada por Reuters, el costo estimado de la obra ronda los 1.900 millones de euros, valor que incluye no solo el cable submarino, sino también estaciones convertidoras, infraestructura terrestre y operaciones marítimas altamente especializadas.
El cable submarino debe integrar a Chipre en la red eléctrica europea
En la primera fase del Great Sea Interconnector, la conexión entre Creta y Chipre aparece como pieza central para acercar el sistema eléctrico chipriota a la red europea, reduciendo una condición de aislamiento energético que acompaña al país desde hace décadas.
Actualmente, Chipre sigue sin conexión directa con la red eléctrica continental, una realidad que limita la capacidad de importar o exportar energía y aumenta la dependencia de la generación producida internamente para satisfacer el consumo local.
Con la entrada en operación del nuevo cable, la isla podrá intercambiar electricidad con otros mercados de manera más amplia, ampliando la flexibilidad del suministro y creando alternativas para momentos de mayor demanda o presión sobre el sistema.
Al mismo tiempo, la conexión ha pasado a ser vista como estratégica para el aprovechamiento de fuentes renovables, ya que los excedentes de producción solar y eólica podrán circular entre redes integradas, reduciendo pérdidas y mejorando el equilibrio energético regional.
Tecnología HVDC se utilizará en cable submarino en el Mediterráneo
Para viabilizar la transmisión en largas distancias submarinas, el proyecto adoptó la tecnología HVDC, sigla en inglés para corriente continua en alta tensión, modelo frecuentemente utilizado en interconexiones eléctricas de gran escala por reducir pérdidas en determinados trayectos.
A diferencia de los sistemas convencionales de corriente alterna, la estructura fue planificada para operar de manera más eficiente en trayectos extensos bajo el mar, permitiendo integrar redes nacionales separadas por grandes áreas marítimas y profundidades extremas.
Además del cable instalado en el lecho del Mediterráneo, la operación exigirá estaciones convertidoras en tierra responsables de transformar corriente alterna en corriente continua durante la transmisión y realizar el proceso inverso a la llegada de la electricidad al destino.
Otro factor que amplía la complejidad técnica involucra el relieve submarino de la región, ya que el sistema necesitará atravesar áreas profundas e irregulares, exigiendo embarcaciones especializadas, planificación detallada de ruta y equipos preparados para soportar presión elevada.
El proyecto enfrenta retrasos y tensión geopolítica en el Mediterráneo oriental
Aunque tratado como estratégico por gobiernos y operadores del sector eléctrico, el Great Sea Interconnector ha acumulado retrasos a lo largo de los últimos años en medio de discusiones sobre financiación, viabilidad económica y división de responsabilidades operativas.
Reportajes publicados por Reuters también señalaron impactos provocados por las tensiones geopolíticas en el Mediterráneo oriental, región marcada por disputas marítimas e intereses energéticos considerados sensibles por diferentes países involucrados en el entorno.
En este escenario, el avance de la obra dejó de depender solo de la ingeniería submarina y pasó a exigir una coordinación constante entre gobiernos, reguladores, inversores y operadores responsables de la futura integración eléctrica entre los mercados participantes.
En septiembre de 2025, las autoridades chipriotas afirmaron que los fiscales europeos investigaban posibles irregularidades relacionadas con el proyecto, tras denuncias que llevaron a la Oficina del Fiscal Público Europeo a abrir una investigación preliminar sobre el caso.
Pocos días después, el presidente de Chipre, Nikos Christodoulides, declaró que el gobierno mantenía conversaciones con los Emiratos Árabes Unidos sobre una posible cooperación financiera y estratégica para garantizar la continuidad de la iniciativa.
Obra submarina puede cambiar la circulación de energía entre Europa y Oriente Medio
Si avanza dentro del cronograma previsto, el interconector deberá funcionar como un puente eléctrico submarino entre Europa y el Mediterráneo oriental, permitiendo que la energía circule en dos direcciones según la necesidad de cada sistema conectado.
En los últimos años, estructuras de este tipo han ganado relevancia por ofrecer mayor flexibilidad ante la expansión de las fuentes renovables y la creciente preocupación internacional por la seguridad energética y la estabilidad en el suministro de electricidad.
Como las redes interconectadas consiguen responder mejor a las oscilaciones de la demanda, los fallos locales y los cambios naturales en la generación solar o eólica, los proyectos de transmisión offshore han pasado a ocupar un espacio estratégico en los planes energéticos de diferentes países.
Para Israel, la futura conexión podrá abrir una ruta adicional de integración eléctrica con Europa a través de Chipre y Grecia, aunque esta etapa aún depende del avance de las negociaciones técnicas, regulatorias y financieras en curso.
La dimensión física del emprendimiento ayuda a explicar el interés internacional en torno al proyecto, ya que un cable de más de mil kilómetros instalado a una profundidad extrema exige una planificación industrial inusual y un mantenimiento altamente especializado.
Casi invisible para quien observa solo la superficie del Mediterráneo, el Great Sea Interconnector fue concebido para alterar la circulación regional de electricidad y crear una nueva conexión energética entre mercados separados históricamente por el mar.

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