Marcas de anclas aplastan fauna marina y exponen fragilidad de los ecosistemas antárticos ante la falta de regulación internacional
Por primera vez en la historia, investigadores lograron registrar con riqueza de detalles los estragos provocados por barcos en el fondo marino de la Antártida.
Las evidencias fueron obtenidas entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, en el auge del verano austral, por un equipo internacional de científicos de la ONG Kolossal (EE.UU.), de la Universidad Memorial de Newfoundland (Canadá) y del Instituto Nacional de Investigación de Nueva Zelanda. Los datos inéditos fueron publicados el 8 de junio de 2025 en la revista científica Frontiers in Conservation Science.
El estudio reveló que surcos, esponjas aplastadas y organismos marinos desaparecidos fueron directamente causados por el anclaje de grandes embarcaciones en aguas poco profundas y frágiles. El lugar afectado se encuentra en la Península Antártica, considerada una de las áreas más sensibles y cálidas del continente.
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Investigación inédita revela impacto directo de la actividad humana
Durante más de 62 horas de filmaciones submarinas, los investigadores documentaron daños extensos en áreas con profundidades entre 70 y 82,5 metros.
Las imágenes, captadas por cámaras submarinas, mostraron surcos en el lecho oceánico y la destrucción de colonias de esponjas bentónicas. Además, se registraron regiones enteras donde la fauna desapareció por completo.
De acuerdo con los científicos, la comparación entre los lugares impactados y áreas vecinas intocadas deja claro que la acción humana fue responsable de las alteraciones. La recuperación de los ecosistemas puede llevar siglos, debido a la lentitud en el crecimiento de los organismos antárticos.
Crecimiento del turismo acelera la degradación marina
Según la IAATO (Asociación Internacional de Operadores de Turismo en la Antártida), el número de embarcaciones en la región creció de 51 barcos en 2013–2014 a 77 en la temporada de 2023–2024. Este aumento ejerce presión directa sobre el frágil fondo marino.
En marzo de 2023, por ejemplo, ocho embarcaciones lanzaron anclas simultáneamente en una bahía conocida como Yankee Harbour. El área, cercana a la Península Antártica, es un punto de parada frecuente de barcos turísticos.
Lo más preocupante, sin embargo, es que no todas las operaciones de anclaje son reportadas. Esto dificulta aún más el control y la preservación ambiental, ya que los impactos pueden estar siendo subestimados.
Ecosistema polar puede llevar siglos para recuperarse
De acuerdo con Paulo Sumida, oceanógrafo y director del Instituto Oceanográfico de la USP, el impacto sobre los organismos de la Antártida puede ser más duradero que en regiones tropicales. Esto ocurre, sobre todo, debido a la tasa extremadamente lenta de crecimiento de los animales marinos polares.
Aunque un estudio de enero de 2022 ya había señalado que un fondo oceánico afectado por un barco naufragado hace 77 años en el Pacífico aún no se ha recuperado totalmente, el hecho es que, por lo tanto, los daños causados por anclas en la Antártida también pueden prolongarse por varias generaciones.
La fauna bentónica local es crucial para la filtración del agua, el secuestro de carbono y el equilibrio del ecosistema. Su destrucción puede comprometer funciones esenciales del ambiente marino polar.
Medidas sostenibles son urgentes, afirman expertos
Para contener el avance de la degradación, los científicos proponen la creación de áreas de exclusión para anclaje, protegiendo los puntos más vulnerables. Además, defienden el uso de nuevas tecnologías que prescindan del uso de anclas tradicionales.
Según los investigadores, es fundamental iniciar el mapeo completo de las áreas ya afectadas y medir la extensión de los daños. Con esto, será posible planear políticas de preservación más eficaces.
Ellos advierten que, sin regulación internacional urgente, los impactos pueden agravarse aún más en las próximas temporadas de turismo.
Antártida en riesgo exige acción global inmediata
El estudio publicado en junio de 2025 es una alerta clara sobre los riesgos que la expansión de la actividad humana representa para regiones aún consideradas intocadas.
La explotación sin control, especialmente en lugares tan frágiles como el fondo marino de la Antártida, por lo tanto, exige una respuesta coordinada entre países, operadores turísticos y entidades ambientales.
Por eso, la creación de reglas internacionales para limitar el anclaje, fiscalizar operaciones turísticas y preservar la biodiversidad polar se ha vuelto urgente.
La pregunta ahora es: ¿qué debe ser prioridad — mantener el crecimiento del turismo antártico o preservar el ecosistema polar para las futuras generaciones? ¡Deja tu opinión!


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