De la infancia sin luz en el interior de Santa Catarina al liderazgo de una empresa con 67 mil clientes, Rui Gonçalves ayudó a transformar a AltoQi en referencia de la ingeniería digital y ahora apunta a R$ 110 millones en ingresos.
Rui Gonçalves salió de una infancia sin energía eléctrica en el interior de Santa Catarina para convertirse en uno de los nombres más conocidos del software de ingeniería en el país. Hoy, al frente de AltoQi, ve a la empresa llegar a 67 mil clientes y proyectar R$ 110 millones en ingresos en 2026, en una apuesta directa por la digitalización de la construcción civil.
La trayectoria de Rui ayuda a explicar por qué la compañía creció con tanta fuerza en un sector aún marcado por el improviso y la baja automatización. Fundada en Florianópolis hace 36 años, AltoQi hoy opera en más de 15 países, tiene más de 300 colaboradores y acaba de recibir inversión estratégica de ArcelorMittal, a través del fondo Açolab Ventures.
Según Exame, la empresa facturó R$ 80 millones en 2025, con un aumento del 30%, y quiere acelerar aún más la expansión en los próximos meses.
-
España lanza al mar la mayor plataforma flotante de cajones del mundo: un gigante de 56 metros fabrica seis estructuras de hormigón de 15,000 toneladas en el puerto de A Coruña con tecnología que ya ha dejado huella en Brasil.
-
Juguetes con IA que conversan, reconocen rostros y recopilan datos son investigados por el Gobierno brasileño por riesgo a la privacidad infantil.
-
Cráneo de niño de 4,000 años sorprende a arqueólogos al revelar antiguo entierro en un refugio rocoso utilizado durante 7,500 años en Noruega
-
Noruega derrota a Brasil en el Mundial, pero invierte miles de millones para proteger la Amazonía y lidera junto al país un fondo global contra la destrucción de las selvas tropicales.
De la casa sin luz al primer impulso para estudiar matemáticas
Rui nació en Barranco Alto, en el interior de Ilhota, en una casa sin luz, sin agua corriente y con baño afuera. Para ir a la escuela, cruzaba el río en una batea, una especie de bote de madera, y caminaba unos tres kilómetros hasta el aula.
Fue aún de niño que vio un puente cambiar la rutina de la comunidad. Un canal de drenaje había aislado la región, hasta que militares montaron un campamento cercano, atendieron a los residentes y construyeron un paso. Un teniente ingeniero explicó que, para levantar un puente, era necesario estudiar matemáticas. La frase marcó al niño y abrió camino para la carrera que vendría después.
Más tarde, la familia vendió las tierras y se mudó a Itajaí. La madre cosía para mantener la casa, y Rui comenzó a trabajar a los 13 años como mensajero y camarero, mientras estudiaba en una escuela pública.
El software nació de una pregunta simple: ¿por qué hacer esto a mano?
El camino hacia AltoQi comenzó cuando Rui ingresó en Ciencias de la Computación, elegida por un motivo práctico: el curso duraba cuatro años, tenía clases a medio tiempo y le permitiría trabajar para mantenerse en Florianópolis. Fue el único del autobús de la clase en conseguir la plaza.
En el penúltimo semestre, al ver a un compañero de ingeniería calcular estructuras manualmente, hizo la pregunta que cambiaría su vida: “¿No existe un programa para hacer eso?”. Existía, pero era caro e inaccesible. La respuesta fue crear un producto propio.
La empresa comenzó en un apartamento estrecho en el centro de la capital catarinense y llegó a funcionar en un ático improvisado sobre una tienda de informática, con techo bajo y los socios golpeándose la cabeza al levantarse.
En 1990, Rui formalizó sociedad con José Carlos Pereira y Ricardo Eberhardt. El primero tenía una Chevy 500, esencial para vender tecnología por el interior del Estado. El segundo era el “alto QI” del grupo y se convirtió en el nombre de la empresa. Juntos, lanzaron al mercado el ProViga y luego otros softwares para la construcción civil.
De un cálculo de 11 horas al Eberick, referencia en el país
El salto vino cuando el equipo decidió integrar los sistemas y apostar por una plataforma más amplia. Con apoyo de becas de Finep y del CNPq, el desarrollo llevó cuatro años. La primera prueba real fue un edificio de cuatro pisos en Tubarão, en el sur catarinense, y el cálculo demoró 11 horas en una computadora Pentium 100.
Era lento, pero representaba un cambio de rumbo importante. El software recibió el nombre de Eberick, inspirado en el apodo y el apellido de Ricardo Eberhardt, y se convirtió en uno de los programas de cálculo estructural en concreto armado más conocidos de Brasil.
Más adelante, la empresa lanzó el Builder, enfocado en las instalaciones de edificios y alineado con el BIM, modelo que permite planificar virtualmente la obra antes de la ejecución física. La lógica se convirtió en la base de la nueva fase de la compañía.
Los 67 mil clientes y la apuesta en digitalizar toda la obra
Hoy, AltoQi quiere ser más que un proveedor de software. La empresa pasó a presentarse como un ecosistema digital de la construcción civil, conectando proyecto, presupuesto, planificación, compras y gestión de la obra en un entorno integrado.
El movimiento ganó fuerza a partir de 2020, con la llegada del CEO Felipe Althoff, quien comenzó a estructurar la expansión. Entre los clientes se encuentran grandes constructoras brasileñas e instituciones públicas como el Ejército, la Aeronáutica y universidades de ingeniería. La plataforma Visus, lanzada hace menos de tres años, ya reúne cerca de mil clientes.
El discurso de la empresa es directo: errar en la computadora cuesta mucho menos que errar en el campo. La apuesta es que la construcción civil pase a trabajar con más previsibilidad, menos improvisación y mayor eficiencia, en un sector que aún resiste a la digitalización.
Con inversión estratégica de ArcelorMittal y un crecimiento en los ingresos, AltoQi entra en una nueva fase llevando consigo una historia inusual: la de un niño que vio la llegada de la energía eléctrica en su infancia y, décadas después, ayudó a digitalizar una parte importante de la ingeniería brasileña. Si sigues la tecnología, los negocios y la construcción civil, vale la pena seguir de cerca los próximos pasos de esta expansión.

