La tecnología británica transforma el aire en una batería gigante, almacenando energía limpia durante horas o semanas sin el uso de litio.
En 2024, la británica Highview Power avanzó en la implementación de una de las soluciones más inusuales jamás propuestas para el almacenamiento de energía a gran escala: usar el propio aire atmosférico como medio de almacenamiento. En junio de 2024, el entonces UK Infrastructure Bank anunció una inversión de £165 millones en la empresa, dentro de una captación total de £300 millones, para viabilizar en Carrington, Manchester, la construcción de la primera planta comercial a gran escala de almacenamiento de energía en aire líquido del Reino Unido. El proyecto utiliza la tecnología Liquid Air Energy Storage (LAES), un sistema que almacena electricidad excedente enfriando el aire hasta su licuación y lo mantiene almacenado para uso posterior.
Cuando la red necesita refuerzo, este aire líquido se recalienta y expande para volver a generar electricidad. Según la propia Highview, la tecnología puede operar con almacenamiento de seis horas hasta varias semanas, mientras que la planta de Carrington fue diseñada para entregar 300 MWh, con potencia de 50 MW durante hasta 6 horas, además de servicios de estabilidad para la red.
La propuesta surge como respuesta directa a uno de los mayores desafíos de la transición energética: la intermitencia de fuentes como solar y eólica, que no generan electricidad de forma continua. Al capturar excedentes cuando hay sobra de oferta y devolverlos al sistema cuando la producción renovable cae, la tecnología intenta reducir desperdicios, aliviar cortes de generación y aumentar la seguridad del suministro en una red cada vez más dependiente de fuentes variables, como destacan Highview Power y el gobierno británico en sus comunicados sobre el proyecto.
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Cómo el aire se transforma en energía almacenada
El funcionamiento del sistema parte de un principio físico simple, pero aplicado en escala industrial. Cuando hay exceso de energía en la red —generalmente en momentos de alta producción y baja demanda— esta electricidad se utiliza para enfriar el aire atmosférico hasta alrededor de -196 °C, temperatura en la cual se licúa.
En este estado, el aire ocupa un volumen mucho menor, alrededor de 700 veces menor que en estado gaseoso, permitiendo que grandes cantidades sean almacenadas en tanques criogénicos. Este aire líquido permanece almacenado hasta que la red eléctrica necesite energía.
Cuando esto sucede, el proceso se invierte: el aire se calienta, vuelve al estado gaseoso y se expande rápidamente, activando turbinas que generan electricidad.
Capacidad de almacenamiento va de horas a semanas
A diferencia de las baterías convencionales, que normalmente operan en ciclos de pocas horas, el sistema de aire líquido tiene una característica que lo hace especialmente estratégico: la flexibilidad del tiempo de almacenamiento.
Según la propia Highview Power, la tecnología puede almacenar energía por:
- alrededor de 6 horas en aplicaciones estándar
- hasta varios días o semanas, dependiendo de la configuración
Esta capacidad permite que el sistema actúe no solo como regulador a corto plazo, sino como reserva energética estratégica para períodos prolongados de baja generación renovable.
Proyecto en Reino Unido avanza a escala industrial
Uno de los principales proyectos de la empresa está ubicado en Carrington, Inglaterra, donde Highview Power ha comenzado la construcción de una instalación a gran escala basada en esta tecnología. El objetivo es crear una planta capaz de operar como una verdadera central de almacenamiento, conectada directamente a la red eléctrica.
Aunque los números exactos varían según el proyecto, sistemas de este tipo pueden alcanzar:
- decenas a cientos de megavatios de potencia
- almacenamiento a escala de cientos de megavatios-hora
Esto coloca la tecnología al mismo nivel que soluciones tradicionales como las centrales hidroeléctricas reversibles, pero con una ventaja importante: no depende de geografías específicas como montañas o embalses.
Sin litio, sin metales raros y con larga vida útil
Uno de los puntos más relevantes de la tecnología es que no depende de materiales críticos. A diferencia de las baterías de iones de litio, el sistema utiliza:
- aire atmosférico
- acero industrial
- componentes criogénicos convencionales
Esto elimina la necesidad de minería de metales como litio, cobalto o níquel, frecuentemente asociados a costos elevados e impactos ambientales. Además, sistemas de este tipo tienden a tener una vida útil más larga, pudiendo operar durante décadas con el mantenimiento adecuado.
La eficiencia aún es un desafío, pero la integración mejora el rendimiento
La eficiencia energética del sistema LAES aún es inferior a la de las baterías químicas, pero ha ido evolucionando con el uso de integración térmica.
Durante el proceso, el calor generado en la compresión del aire puede ser almacenado y reutilizado en la fase de expansión, aumentando el rendimiento general del sistema. Esta optimización es esencial para hacer que la tecnología sea económicamente competitiva.
El crecimiento de la energía solar y eólica ha traído un problema estructural: la intermitencia.
- el sol no brilla por la noche
- el viento no sopla constantemente
Esto crea períodos en los que la generación cae drásticamente, exigiendo fuentes de reserva. El sistema de aire líquido actúa exactamente en este punto, funcionando como un “pulmón” de la red eléctrica, liberando energía cuando la producción cae.
Comparación con otras tecnologías de almacenamiento
El almacenamiento de energía a gran escala ha sido disputado por diferentes tecnologías, cada una con ventajas y limitaciones.
Mientras que las baterías de litio ofrecen alta eficiencia y respuesta rápida, están limitadas en duración y dependen de materiales críticos.
Por otro lado, soluciones como las hidroeléctricas reversibles tienen gran capacidad, pero requieren condiciones geográficas específicas. El sistema LAES se posiciona como una alternativa intermedia, con:
- alta escalabilidad
- flexibilidad de instalación
- almacenamiento de larga duración
El interés global crece con la necesidad de estabilizar redes eléctricas
Con el avance de las metas de descarbonización, países y empresas han buscado soluciones capaces de garantizar estabilidad energética sin recurrir a combustibles fósiles.
En este contexto, tecnologías como el almacenamiento por aire líquido han ganado protagonismo en estudios e inversiones.
El hecho de utilizar un recurso abundante — el aire — y una infraestructura relativamente convencional hace que el modelo sea atractivo para su implementación a gran escala.
La tecnología puede redefinir el papel de las plantas en el futuro
Al permitir que la energía se almacene a gran escala y se libere bajo demanda, sistemas como el LAES pueden alterar la forma en que se estructura la red eléctrica.
En lugar de depender exclusivamente de generación continua, el sistema pasa a contar con grandes reservorios energéticos distribuidos.
Esto abre camino para un modelo más flexible, donde la producción y el consumo no necesitan estar sincronizados en tiempo real.
Debate: ¿esta tecnología puede reemplazar baterías tradicionales a gran escala?
Con proyectos ya en construcción y avances continuos en la eficiencia, el almacenamiento por aire líquido plantea una cuestión central para el futuro de la energía: ¿pueden los sistemas basados en física e ingeniería pesada superar las baterías químicas en la escala necesaria para sostener una red eléctrica 100% renovable?
La respuesta aún está en desarrollo, pero el avance de esta tecnología muestra que la transición energética puede depender menos de minerales raros y más de soluciones industriales basadas en principios físicos simples aplicados en escala gigantesca.

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