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Investigadores de la Universidad de Cádiz encontraron microplásticos por primera vez en sedimentos de playas de la Isla Decepción, en la Antártida: entre 2 y 31 partículas por kilo de arena en diez puntos muestreados, en uno de los ecosistemas más aislados de todo el planeta.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 07/05/2026 a las 10:18
Actualizado el 07/05/2026 a las 10:20
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Investigadores de la Universidad de Cádiz han detectado microplásticos por primera vez en playas de la Isla Decepción en la Antártida, con 2 a 31 partículas por kilogramo de arena en diez puntos muestreados en 2023, predominando polietileno y PVC degradados, en un ecosistema que recibe más de 15 mil visitantes por temporada.

Investigadores de la Universidad de Cádiz han encontrado microplásticos en sedimentos de playas de la Isla Decepción, frente a la Península Antártica, en la primera detección científica de este tipo de contaminación en la zona intermareal de la isla. El muestreo realizado en 2023 en diez playas distribuidas por la Isla Decepción reveló concentraciones de microplásticos entre 2 y 31 partículas por kilogramo de arena, valores que la investigadora María Bellada Alcauza Montero clasifica como «bajos o moderados en comparación con áreas urbanas de todo el mundo, pero significativos en un entorno tan aislado». Las partículas encontradas tienen menos de 5 milímetros, son predominantemente fragmentos y películas resultantes de la degradación de objetos plásticos más grandes, y el análisis por espectroscopia de infrarrojos (FTIR) confirmó la presencia de polietileno (PE) y policloruro de vinilo (PVC) como polímeros más comunes, materiales presentes en bolsas, recipientes, tubos, cables y aparejos de pesca.

El estudio funciona como un retrato inicial que permitirá monitorear si la contaminación por microplásticos en la Antártida está aumentando con el tiempo. El equipo de la Universidad de Cádiz planea continuar recolectando muestras y comparar los resultados con nuevas recolecciones realizadas en 2024 para verificar si la concentración de microplásticos crece o cambia de composición, y defiende la adopción de protocolos de monitoreo comparables en todos los estudios polares para que los datos de diferentes expediciones puedan ser cruzados. La Isla Decepción no es un lugar cualquiera en la Antártida: es un volcán activo con una gran bahía en forma de herradura que durante el verano austral alberga investigaciones científicas en la base española Gabriel de Castilla, operaciones logísticas y turismo que puede traer más de 15 mil visitantes por temporada, un movimiento que multiplica el contacto de equipos, ropa técnica y envases con un ecosistema que no ha evolucionado para procesar residuos sintéticos.

Qué encontraron los investigadores en las playas de la Antártida y cómo detectaron los microplásticos

Microplásticos detectados por 1ª vez en playas de la Isla Decepción en la Antártida: 2 a 31 partículas por kg. Universidad de Cádiz creó base de monitoreo.

La metodología utilizada por el equipo de la Universidad de Cádiz siguió un protocolo que permite la replicación en futuras campañas de monitoreo. En cada una de las diez playas muestreadas en la Isla Decepción, se recolectaron tres muestras replicadas de sedimento superficial en la línea de marea alta de la zona intermareal (franja de playa expuesta en marea baja), área que funciona como indicador porque es donde las partículas traídas por el mar se mezclan con los detritos atrapados entre los granos de arena. Las muestras pasaron por separación por densidad usando agua hipersalina, proceso en el que la arena se vierte en agua muy salada y las partículas más ligeras (como el plástico) flotan a la superficie, siendo luego recolectadas y sometidas a espectroscopia de infrarrojos con transformada de Fourier (FTIR) para confirmar que el material es efectivamente plástico y no un resto natural de apariencia similar.

El análisis de los microplásticos encontrados reveló un patrón que cuenta la historia del origen y la edad de las partículas. Predominaron tonos ámbar y verde, colores que el estudio asocia a procesos avanzados de envejecimiento causados por la radiación ultravioleta y las condiciones extremas de la Antártida, indicando que las partículas no llegaron a la isla recientemente sino que pasaron por una degradación prolongada durante el transporte oceánico o ya en el propio ambiente antártico. La ausencia de gránulos industriales (pellets) en las muestras es un dato relevante porque estos gránulos están asociados a pérdidas directas durante la producción o el transporte de materia prima plástica, y su ausencia sugiere que los microplásticos encontrados en la Isla Decepción son secundarios, es decir, resultan de la fragmentación progresiva de objetos plásticos más grandes que se degradaron a lo largo del tiempo.

De dónde vienen los microplásticos que llegaron a la Antártida

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El origen exacto de los microplásticos encontrados en las playas de la Isla Decepción no puede determinarse con certeza a partir de un único estudio. «Es muy difícil determinar el origen exacto de los microplásticos, pero estos datos indican que han estado en el medio ambiente durante algún tiempo», explicó la investigadora Bellada Alcauza Montero, y el equipo añade que las partículas parecen haber sufrido procesos prolongados de degradación, ya sea durante el transporte por corrientes oceánicas que conectan mares más al norte con aguas antárticas, o por exposición a las condiciones extremas de temperatura, viento y radiación UV de la propia isla. Las dos hipótesis no son excluyentes: parte de los microplásticos puede haber viajado por corrientes oceánicas desde regiones más pobladas y parte puede tener un origen local en actividades que tienen lugar en la propia Isla Decepción.

La escala humana en la isla es un factor que no puede ignorarse al discutir la presencia de microplásticos en la Antártida. La Isla Decepción es una parada frecuente en las rutas turísticas antárticas y puede recibir más de 15 mil visitantes al año durante la temporada alta, un volumen que multiplica el movimiento de embarcaciones, equipos de investigación, ropa técnica con fibras sintéticas y envases plásticos en un entorno que no tiene una infraestructura de tratamiento de residuos comparable a la de las ciudades. La base española Gabriel de Castilla opera durante el verano austral con investigadores y personal de apoyo, y la combinación de actividad científica, logística militar y turismo crea un flujo continuo de materiales que, incluso con protocolos rigurosos de gestión de residuos, puede dejar un rastro en forma de microplásticos que se desprenden de la ropa al lavarse, de las cuerdas de amarre de las embarcaciones o de los envases expuestos al viento antártico.

¿Por qué los microplásticos en la Antártida preocupan más que en las playas urbanas?

La concentración de 2 a 31 partículas de microplásticos por kilogramo de arena no parece alarmante en comparación con las playas de ciudades costeras donde los números alcanzan cientos o miles. La diferencia radica en el ecosistema: la Antártida alberga organismos adaptados a condiciones extremas de frío, salinidad y escasez de nutrientes, y cualquier presión adicional como la ingestión de microplásticos por invertebrados bentónicos (animales que viven en asociación con el sedimento) puede tener efectos que tardan en aparecer pero que se acumulan en una cadena alimentaria corta y sensible. Los microplásticos pueden causar daños físicos al sistema digestivo de estos organismos y también funcionar como vectores de sustancias químicas que viajan adheridas al plástico, aditivos y contaminantes persistentes que se concentran en la superficie de las partículas durante el transporte oceánico.

El valor del estudio de la Universidad de Cádiz reside menos en el número absoluto de microplásticos encontrados y más en la creación de una línea de base que permitirá medir tendencias a lo largo de los años. Si futuras campañas de muestreo en las mismas diez playas de la Isla Decepción registran un aumento en la concentración de microplásticos, la comunidad científica tendrá evidencia cuantificada de que la contaminación plástica se está intensificando en uno de los ecosistemas más remotos del planeta, un dato que fortalecería los argumentos a favor de regulaciones más estrictas sobre el uso de plásticos desechables en operaciones antárticas y en rutas turísticas polares. El equipo defiende que se adopten protocolos de monitoreo comparables en todos los estudios polares, una estandarización que hoy no existe y que dificulta la comparación entre datos recolectados por diferentes expediciones en diferentes puntos de la Antártida.

¿Qué se puede hacer para reducir los microplásticos en la Antártida?

Microplásticos detectados por 1ª vez en playas de la Isla Decepción en la Antártida: 2 a 31 partículas por kg. La Universidad de Cádiz creó una base de monitoreo.

Las medidas prácticas que el estudio sugiere para contener la llegada de microplásticos a la Antártida son de difícil implementación pero necesarias. Mejorar la gestión de residuos en las bases científicas y en los buques que operan en la región, reducir el uso de plásticos desechables en expediciones y operaciones turísticas, y monitorear materiales relacionados con la pesca y el turismo son acciones que dependen de la coordinación internacional en un continente gobernado por el Sistema del Tratado Antártico, donde las decisiones involucran a decenas de países con intereses y capacidades diferentes. La reducción de microplásticos en la Antártida comienza, paradójicamente, lejos de ella: en las fábricas que producen envases, en las ciudades que no tratan las aguas residuales adecuadamente y en los consumidores que desechan plástico que eventualmente llega al océano y viaja por corrientes hasta las playas más remotas del planeta.

Para quienes viven a miles de kilómetros de la Antártida, la detección de microplásticos en la Isla Decepción funciona como una medida de la extensión global del problema. Si partículas de polietileno y PVC llegan a las playas de un volcán activo en el extremo sur del planeta, la conclusión es que no existe lugar en la Tierra fuera del alcance de la contaminación plástica, y cada envase desechado inadecuadamente en cualquier ciudad del mundo es candidato a convertirse en microplástico que décadas después puede aparecer en una muestra de sedimento recolectada por investigadores en uno de los ecosistemas más aislados y frágiles que la Tierra aún conserva.

¿Y tú, crees que la presencia de microplásticos en la Antártida debería cambiar la forma en que usamos el plástico en el día a día? Deja tu opinión en los comentarios.

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Bruno Teles

Hablo sobre tecnología, innovación, petróleo y gas. Actualizo diariamente sobre oportunidades en el mercado brasileño. Con más de 7.000 artículos publicados en los sitios web CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil y Obras Construção Civil. ¿Sugerencias de temas? Envíalas a brunotelesredator@gmail.com

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