En una entrevista publicada por Economía SC el 31/10/2025, Júlia Cherem contó cómo los brigadeiros vendidos en el colegio se convirtieron en la marca Júlia Cherem – Doces Momentos, en Florianópolis, con café abierto en 2022, ventas online, pedidos para fiestas y facturación anual que casi llegó a R$ 1,9 millón en 2024 en la ciudad.
Los brigadeiros que Júlia Cherem comenzó a vender a los 15 años, durante el recreo en Florianópolis, dejaron de ser solo un pasatiempo adolescente y se transformaron en una confitería reconocida en la ciudad. A los 26 años, ella dirige la marca Júlia Cherem – Doces Momentos, especializada en pasteles y dulces personalizados.
La trayectoria fue detallada en una entrevista publicada por Economía SC el 31/10/2025. En la conversación, la confitera relató el inicio en el colegio, los rumores que escuchó por vender dulces, el apoyo de las amigas y la familia, la rutina de producción en casa durante la madrugada y el crecimiento del negocio, que casi facturó R$ 1,9 millón en 2024.
Cómo comenzaron los brigadeiros en el colegio
Júlia Cherem tenía 15 años cuando decidió transformar una habilidad casera en venta. Ella ya preparaba dulces para familiares y amigos, le gustaba probar sabores y tenía interés por el emprendimiento desde niña. Según relató a Economía SC, la idea surgió de forma simple: si a las personas les gustaban los dulces que ella hacía, ¿por qué no venderlos?
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Al principio, los brigadeiros se vendían en el colegio, durante el recreo. La iniciativa aún no tenía la estructura de una marca consolidada, pero ya indicaba una característica que acompañaría la trayectoria de la emprendedora: la capacidad de observar la demanda y probar caminos posibles a partir de una producción artesanal.
Los padres, inicialmente, preferían que ella mantuviera el foco en los estudios. Luego, aceptaron la idea. Júlia contó que, con el dinero de las primeras ventas, logró comprar un celular nuevo. Lo que comenzó como una experiencia divertida pasó a mostrar potencial real de negocio.
Incluso antes de tener tienda o cocina profesional, la joven ya recibía pedidos para fechas especiales. Ella hacía cajitas con cuatro o seis dulces, pedidos de Navidad y productos para regalo. Esta etapa ayudó a ampliar la percepción de que había espacio para crecer más allá de las ventas escolares.
Los rumores no impidieron la continuidad del negocio
La exposición en el colegio también trajo comentarios. Júlia relató que escuchó un rumor de que vendía dulces porque sus padres necesitaban dinero. En la entrevista, afirmó que eso no era verdad y que el dinero se quedaba con ella. Aun así, la situación podría haber desalentado a una adolescente al inicio de su trayectoria.
Según la pastelera, el apoyo de las amigas fue importante en ese período. Ellas la defendían cuando surgían comentarios y ayudaron a mantener la confianza. La historia muestra un inicio de emprendimiento adolescente sin romantizar la dificultad, pero también sin borrar el peso social de comenzar temprano y ser observada por los compañeros.
Júlia afirmó que nunca tuvo vergüenza de vender. Esa postura contribuyó a que los brigadeiros dejaran de ser solo un ingreso puntual y se convirtieran en la base de una identidad profesional. A lo largo del tiempo, el público pasó a asociar los dulces directamente con su nombre.
La marca, sin embargo, no nació con el nombre actual. Al principio, Júlia usaba “Santo Brigadeiro”. Después, se dio cuenta de que las personas hablaban de “dulce de Júlia”. En el rebranding, decidió usar su propio nombre, dando origen a la marca Júlia Cherem – Doces Momentos.
La producción en casa llegó al límite antes del espacio propio

Antes de abrir una estructura fuera de casa, Júlia ya enfrentaba limitaciones de espacio y demanda. Contó que llegó a producir dulces de madrugada, sin una estructura adecuada, mientras los pedidos crecían. Un episodio memorable fue un gran pedido hecho por un amigo del padre, pagado en efectivo, que la sorprendió por el valor movido.
Ese momento ayudó a mostrar el tamaño de la oportunidad. La joven percibió, en la práctica, que los dulces personalizados y los pedidos para eventos podrían formar un negocio mayor de lo que imaginaba. La producción casera, sin embargo, comenzó a quedarse pequeña para atender la demanda.
El primer espacio propio estaba en la calle José Boiteux, transversal de Mauro Ramos, en el centro de Florianópolis. Era una cocina de producción pequeña, con recepción para retiro de pedidos, pero sin área para consumo. Aun así, el cambio representó un paso importante en la profesionalización.
Con el espacio propio, la demanda aumentó y la facturación creció cerca de un 50%, según informó Júlia a Economía SC. A partir de allí, la marca entró con más fuerza en bodas, graduaciones y pedidos mayores, que ya no podían hacerse con seguridad dentro de casa.
Café abierto en 2022 se convirtió en vitrina para pedidos
La apertura del café, en 2022, marcó otro salto en la trayectoria de la marca. De acuerdo con Júlia, la facturación más que se duplicó después de la tienda física. El motivo no fue solo la venta directa en el mostrador, sino el papel del espacio como vitrina para el trabajo de la confitería.
Clientes que probaban productos en el café empezaron a hacer pedidos mayores. Este efecto conectó consumo inmediato, experiencia presencial y pedidos personalizados. La tienda dejó de ser solo un punto de venta y pasó a funcionar como puerta de entrada para fiestas, eventos y celebraciones.
La marca mantuvo foco en pasteles y dulces personalizados, pero sin abandonar el origen en los brigadeiros. El producto que inició la historia continuó como parte de la identidad del negocio, incluso con la expansión del menú y la entrada en nuevas áreas de venta.
Júlia también afirmó que busca actualización constante, tanto online como presencialmente, incluso en viajes para seguir tendencias. Según ella, el menú se renueva con novedades cada seis meses, lo que ayuda a mantener el interés del público y la recurrencia de consumo.
Ventas online y fechas estacionales ampliaron la facturación
Además de la tienda física, las ventas digitales pasaron a tener participación relevante. Júlia informó que aproximadamente el 30% de los pedidos vienen por el sitio web o por iFood. También mencionó el uso de tráfico pagado y stories con enlace como herramientas que ayudaron a impulsar los pedidos en el año de la entrevista.
La presencia online refuerza un cambio importante en el sector de confitería: el cliente puede descubrir el producto en las redes, comprar por aplicación, retirar en la tienda o encargar para evento. Para marcas artesanales, esta combinación entre vitrina digital y experiencia física puede ampliar la escala sin perder identidad.
Las fechas conmemorativas también tienen un papel significativo. Júlia contó que, en 2020, durante una semana de Pascua, facturó R$ 120 mil, incluso en el contexto de la pandemia. Para 2025, afirmó que el resultado de la Pascua fue casi el doble, según la entrevista publicada por Economía SC.
La facturación anual confirma el crecimiento. En 2024, la confitería casi llegó a R$ 1,9 millón. Para 2025, la estimación informada por Júlia era crecer un 15% y superar R$ 2 millones. Como este número fue presentado como proyección, no debe ser tratado como resultado cerrado.
Curso online muestra nueva etapa de la marca
La trayectoria de Júlia Cherem – Doces Momentos también debe avanzar hacia la educación. En la entrevista, la emprendedora afirmó que lanzaría un curso online de confitería dirigido a principiantes y personas que ya hacen dulces en casa, pero quieren profesionalizarse.
La propuesta del curso incluye recetas, organización financiera, producción, marketing y contacto con clientes. El objetivo, según Júlia, es ayudar a otras personas a no pasar por los mismos desafíos que ella enfrentó al principio. Este movimiento transforma la experiencia práctica de la pastelera en un producto educativo.
Este tipo de expansión también muestra cómo una marca de dulces puede ir más allá de la venta de alimentos. Cuando el negocio gana reputación, la historia de la fundadora, los procesos y los aprendizajes pasan a tener valor propio. La pastelería, en este caso, se convierte también en referencia para quienes quieren comenzar.
Aun así, Júlia afirmó que el crecimiento debe preservar la calidad. Sobre nuevas unidades, dijo que existe el deseo de expandirse, pero sin un plan específico de cantidad. La prioridad, según ella, es mantener el estándar del negocio.
Lo que la historia de Júlia Cherem revela sobre empezar pequeño
La trayectoria de Júlia Cherem muestra cómo un negocio puede nacer de una habilidad simple, ganar fuerza con consistencia y profesionalizarse sin borrar su origen. Los brigadeiros vendidos en el colegio abrieron camino para pedidos, espacio propio, café, ventas en línea y una marca que casi facturó R$ 1,9 millón en 2024.
El caso también refuerza que el crecimiento no ocurre solo por viralización o suerte. Hubo prueba de producto, escucha del público, apoyo cercano, adaptación de marca, presencia digital, aprovechamiento de fechas estacionales e inversión en experiencia de compra. La combinación entre producción artesanal y visión comercial fue lo que permitió transformar un hobby en un negocio millonario.
Al mismo tiempo, la historia mantiene un punto humano: una adolescente que comenzó vendiendo dulces escuchó comentarios, produjo en casa durante madrugadas y necesitó cambiar de estructura conforme la demanda crecía. El mérito del caso está menos en el sacrificio y más en la capacidad de transformar aprendizaje en estrategia.
¿Crees que historias como la de Júlia Cherem inspiran a nuevos emprendedores porque muestran una oportunidad real o porque revelan lo difícil que es crecer manteniendo la calidad? Deja tu opinión en los comentarios.
