Durante décadas, la Amazonia fue el mayor escudo climático del planeta —una selva tan vasta que absorbía miles de millones de toneladas de carbono al año, compensando parte de las emisiones humanas y desacelerando el calentamiento global. Ese papel se está perdiendo. Un estudio publicado en febrero de 2026 en la revista científica AGU Advances, por el Instituto Max Planck de Biogeoquímica, documentó algo que los científicos temían confirmar: en 2023, la selva tropical más grande del mundo se convirtió en una fuente neta de carbono —emitiendo más CO₂ de lo que absorbió. La investigación sobre la Amazonia carbono revela que el cambio no ocurrió a causa de incendios, sino por algo más insidioso: la sequía hizo que la selva dejara de respirar.
El título del estudio lo dice todo: «Reduced Vegetation Uptake During the Extreme 2023 Drought Turns the Amazon Into a Weak Carbon Source» (La reducción en la absorción por la vegetación durante la sequía extrema de 2023 transforma la Amazonia en una débil fuente de carbono). El equipo internacional, liderado por Santiago Botia, combinó datos de mediciones de CO₂ del Observatorio de Torre Alta del Amazonas (ATTO), imágenes de satélite y modelos de vegetación para rastrear, mes a mes, lo que sucedió con el ciclo de carbono amazónico en 2023. El resultado

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