Estudio publicado en Science Advances explica cómo el calor profundo, vientos intensos y agua más salada crearon un ciclo de bajo hielo marino en la Antártida.
Según CNN, un estudio publicado el 8 de mayo de 2026 en la revista Science Advances, liderado por investigadores de la Universidad de Southampton, identificó el mecanismo detrás del colapso del hielo marino antártico que preocupa a los científicos desde 2015. Durante décadas, el hielo marino alrededor de la Antártida contrarió la tendencia global de calentamiento, creciendo incluso mientras el Ártico se derretía rápidamente. A partir de 2015, este comportamiento cambió de forma abrupta. En 2023, el colapso eliminó un área de hielo equivalente al tamaño de Groenlandia, llevando la extensión del hielo marino antártico al menor nivel desde el inicio de las mediciones por satélite.
El estudio, liderado por el oceanógrafo Aditya Narayanan, muestra que el colapso ocurrió en tres fases conectadas a lo largo de una década. Primero, hubo acumulación lenta de calor en el fondo del océano; luego, vientos intensos mezclaron ese calor con la superficie; finalmente, desde 2018, el sistema entró en un ciclo en el que el océano se volvió demasiado caliente y salado para que el hielo se recuperara.
El hielo marino antártico colapsó tras décadas contrariando la tendencia global de calentamiento
El hielo marino antártico siempre intrigó a la ciencia climática porque, durante mucho tiempo, no siguió el mismo patrón del Ártico. Mientras el hielo del norte del planeta se encogía rápidamente con el calentamiento global, la cobertura de hielo alrededor de la Antártida mostraba crecimiento o relativa estabilidad.
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Esta diferencia alimentó debates sobre vientos, corrientes oceánicas, salinidad y variabilidad natural en el Océano Austral. El cambio de 2015, sin embargo, cambió el panorama: el hielo comenzó a caer de forma persistente, con récords negativos en los años siguientes.
El estudio de la Universidad de Southampton indica que este cambio no fue resultado de un único evento aislado. El colapso del hielo marino antártico nació de una secuencia de procesos físicos que se reforzaron mutuamente, haciendo la recuperación más difícil.
El calor acumulado en el fondo del Océano Austral fue el primer detonante invisible del colapso
La primera fase del proceso fue prácticamente invisible en la superficie. Agua caliente y salada de la Corriente Circumpolar Profunda comenzó a acumularse en el fondo del océano bajo el hielo a lo largo de varios años.
Esta agua profunda siempre ha existido en el Océano Austral, pero normalmente permanece alejada de la superficie. Con el calentamiento global, sin embargo, se volvió más caliente y su presencia en las capas profundas se intensificó gradualmente.

Este acumulación creó una reserva de calor bajo el hielo antártico. El sistema se volvió vulnerable: bastaba un mecanismo capaz de mezclar esa agua profunda con la superficie para que el derretimiento se acelerara.
Vientos intensos en 2015 llevaron agua caliente a la superficie y derritieron el hielo rápidamente
La segunda fase ocurrió en 2015, cuando los vientos del oeste se volvieron más fuertes de lo habitual. Estos vientos mezclaron las capas oceánicas y llevaron el agua caliente del fondo hacia la superficie.
Al entrar en contacto con la base del hielo marino, esta agua aceleró el derretimiento. El impacto fue especialmente fuerte en el este de la Antártida, donde el mecanismo de mezcla oceánica tuvo un papel central en la pérdida de hielo.
En el oeste de la Antártida, el estudio identificó otro factor importante. Una cobertura intensa de nubes retuvo calor proveniente de los subtrópicos y contribuyó al derretimiento del hielo en los veranos de 2016 y 2019.
Agua más caliente y salada desde 2018 detuvo la recuperación del hielo marino antártico
La tercera fase es la más preocupante porque creó un ciclo de retroalimentación. Con menos hielo disponible para derretir, la superficie del océano se volvió más caliente y más salada.
El agua más salada se congela a una temperatura más baja. Esto significa que, incluso con la llegada del invierno antártico, la superficie del mar no vuelve a congelarse con la misma intensidad observada anteriormente.
El resultado es un sistema atrapado en bajo hielo. Menos hielo deja el océano más oscuro, más caliente y más salado; este océano más caliente y salado impide la formación de nuevo hielo en volumen suficiente.
El hielo antártico funciona como espejo climático y refleja hasta el 80% de la luz solar
El hielo marino antártico importa para el clima global porque su superficie blanca refleja gran parte de la radiación solar de vuelta al espacio. Según el texto base, esta reflexión puede llegar hasta el 80% de la luz recibida.
Cuando el hielo desaparece, el océano oscuro queda expuesto y absorbe más calor. Este calentamiento adicional aumenta la temperatura del agua y dificulta la recuperación de la cobertura congelada.
Este proceso es una de las retroalimentaciones más importantes del sistema polar. El hielo ayuda a enfriar el planeta; cuando se reduce, el propio océano pasa a absorber más energía y a reforzar el calentamiento.
La pérdida de hielo marino puede afectar corrientes oceánicas y nivel del mar
El hielo marino también participa en la circulación termohalina, la gran corriente oceánica global que distribuye calor, sal y oxígeno por los océanos. Cuando el agua se congela cerca de la Antártida, la sal remanente aumenta la densidad del agua, haciéndola hundirse.

Este hundimiento ayuda a impulsar la circulación profunda de los océanos. Con menos hielo formándose, este mecanismo puede debilitarse, alterando la distribución de calor y nutrientes a escala planetaria.
Además, un Océano Austral más cálido puede erosionar por debajo las plataformas de hielo ligadas al continente. Esto facilita el avance de glaciares terrestres hacia el mar, contribuyendo a la elevación del nivel de los océanos.
Bajo hielo antártico hasta 2030 puede transformar el Océano Austral en motor del calentamiento global
Los investigadores advierten que el riesgo aumenta si la baja cobertura de hielo persiste hasta 2030 y más allá. Alberto Naveira Garabato, profesor de oceanografía física y coautor del estudio, afirmó que el océano puede dejar de actuar como estabilizador climático y pasar a funcionar como nuevo motor del calentamiento global.
El Océano Austral históricamente absorbe calor y dióxido de carbono de la atmósfera, actuando como uno de los principales amortiguadores climáticos del planeta. En un escenario de hielo marino persistentemente bajo, esta función puede ser debilitada.
Alessandro Silvano, también coautor del estudio, destacó que el problema no es solo regional. La pérdida de hielo marino antártico puede afectar corrientes oceánicas, plataformas de hielo, glaciares y proyecciones de elevación del nivel del mar.
El calentamiento global amplifica vientos, calor oceánico y dificultad de formación de hielo
El estudio distingue variabilidad natural e influencia climática a largo plazo. Agua caliente profunda siempre ha existido en el Océano Austral, y vientos fuertes siempre han sido parte de la dinámica de la región.
Lo que ha cambiado es la intensidad del sistema. El calentamiento global añade más calor a las aguas profundas, hace que los episodios de mezcla sean más destructivos y dificulta el enfriamiento suficiente de la superficie durante el invierno.
Narayanan resumió el mecanismo al afirmar que cambios de largo plazo impulsados por el clima pueden desencadenar una cascada de procesos que empujan el sistema a un estado prolongado de bajo hielo. El récord negativo de 2023 no aparece como evento aislado, sino como consecuencia de una secuencia iniciada años antes.
Colapso del hielo marino antártico revela riesgo de ciclo climático difícil de revertir
El mensaje principal del estudio es que el hielo marino antártico puede haber entrado en una fase de recuperación más difícil. El sistema dejó de responder solo al ciclo estacional de invierno y verano y pasó a cargar memoria térmica y salina de los años anteriores.
Esta memoria hace que el océano sea menos favorable para la formación de nuevo hielo. Incluso cuando las condiciones atmosféricas cambian temporalmente, el agua superficial más cálida y salada sigue dificultando el retorno a los niveles históricos.
La advertencia de los investigadores es directa: lo que comenzó como una acumulación lenta de calor en el fondo del mar evolucionó hacia una mezcla violenta y terminó en un ciclo vicioso de bajo hielo. Si este patrón persiste, la Antártida puede dejar de ser solo víctima del calentamiento global y pasar a amplificar parte de él.

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