1. Inicio
  2. / Construcción
  3. / La Corriente del Golfo sigue debilitándose y los científicos ya están probando escenarios extremos para evitar el colapso climático en el Hemisferio Norte, incluyendo el cierre del Estrecho de Bering con una presa de 66 kilómetros.
Tiempo de lectura 8 min de lectura Comentarios 0 comentarios

La Corriente del Golfo sigue debilitándose y los científicos ya están probando escenarios extremos para evitar el colapso climático en el Hemisferio Norte, incluyendo el cierre del Estrecho de Bering con una presa de 66 kilómetros.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 18/05/2026 a las 17:11
Actualizado el 18/05/2026 a las 17:12
¡Sé la primera persona en reaccionar!
Reaccionar al artículo

La Corriente del Golfo, sistema oceánico que transporta calor de los trópicos hacia Europa y la costa este de América del Norte, sigue perdiendo fuerza, y los científicos han dejado de debatir si el colapso ocurrirá para comenzar a calcular cómo evitarlo. Según información de Xataka, entre las propuestas más radicales en análisis están el cierre del Estrecho de Bering con una presa, el lanzamiento de parasoles orbitales para enfriar el Ártico y la fertilización del océano Atlántico con millones de toneladas de hierro.

La más reciente de estas propuestas recupera una idea de un ingeniero soviético de la década de 1950: construir una presa en el Estrecho de Bering, el canal de 85 kilómetros que separa Rusia de Alaska, para interrumpir el flujo de agua del Pacífico hacia el Ártico. Climatólogos hicieron los cálculos y concluyeron que la interrupción de este flujo incentivaría la formación de aguas profundas en el Atlántico Norte debido a la diferencia de salinidad, reforzando exactamente el mecanismo que mantiene la Corriente del Golfo en funcionamiento. El problema es que la propuesta solo funciona mientras la Corriente del Golfo aún esté transportando sal hacia el norte: si ya se ha debilitado demasiado cuando se construya la presa, el efecto sería el opuesto, sumergiendo el Hemisferio Norte en un invierno aún más riguroso. Es el tipo de escenario donde el margen entre solución y catástrofe depende del timing, y donde errar el momento puede ser irreversible.

Qué es la Corriente del Golfo y por qué importa

El nombre técnico es Circulación Meridional de Revolvimiento del Atlántico, conocida por la sigla AMOC. En la práctica, la Corriente del Golfo es un sistema de circulación oceánica que funciona como una cinta transportadora de calor: agua caliente y salada fluye por la superficie del Atlántico desde los trópicos hasta las costas de Europa y América del Norte, calentando el clima de estas regiones. Cuando esta agua llega al Atlántico Norte, se enfría, se vuelve más densa y se hunde hasta el fondo del océano, fluyendo de regreso hacia el sur en profundidad y completando el ciclo.

Es esta transferencia de calor la que permite que ciudades como Londres, París y Berlín tengan inviernos soportables, a pesar de estar en la misma latitud que regiones heladas de Canadá. Sin la Corriente del Golfo, Europa Occidental tendría temperaturas medias de invierno hasta 10 grados más bajas que las actuales, lo que transformaría la agricultura, la infraestructura y la economía del continente. El mecanismo depende de la diferencia de temperatura y salinidad entre las aguas tropicales y las aguas del Atlántico Norte: si esta diferencia disminuye, la corriente se debilita.

Por qué la Corriente del Golfo está perdiendo fuerza

El debilitamiento de la Corriente del Golfo está directamente ligado al deshielo del Ártico y Groenlandia. Cuando el hielo se derrite, libera grandes volúmenes de agua dulce en el Atlántico Norte, diluyendo la salinidad del agua que debería hundirse por ser fría y densa. Con el agua menos salada y por lo tanto menos densa, el mecanismo de hundimiento pierde intensidad, y la «cinta» que tira agua caliente de los trópicos se desacelera.

Mediciones recientes muestran que la AMOC está en su nivel más débil en al menos mil años, y modelos climáticos indican que el debilitamiento puede acelerarse en las próximas décadas si las emisiones de gases de efecto invernadero no se reducen drásticamente. Algunos estudios sugieren que existe un punto de inflexión a partir del cual la corriente colapsaría de forma abrupta e irreversible, transformando el clima del Hemisferio Norte en cuestión de décadas. Es esta posibilidad la que llevó a los científicos a abandonar la postura de solo alertar y comenzar a proponer intervenciones directas en el sistema climático.

Cerrar el Estrecho de Bering: la propuesta que viene de 1950

IMAGEN: XATAKA

La idea más sorprendente entre las propuestas para salvar la Corriente del Golfo es la construcción de una presa en el Estrecho de Bering, el canal que separa la Siberia rusa de Alaska estadounidense. El concepto original fue de un ingeniero soviético en la década de 1950, y climatólogos contemporáneos lo han rescatado para calcular si la interrupción del flujo de agua del Pacífico al Ártico podría fortalecer la formación de aguas profundas en el Atlántico Norte, el mecanismo que mantiene la Corriente del Golfo activa.

Los cálculos muestran que, en teoría, tiene sentido: bloquear la entrada de agua del Pacífico alteraría la salinidad del Ártico de forma que incentivaría el hundimiento de agua densa en el Atlántico Norte. Pero los propios autores reconocen que la propuesta solo funciona mientras la AMOC aún esté operando con fuerza suficiente para transportar sal hacia el norte. Si la corriente ya se ha debilitado más allá de un límite crítico, la presa tendría el efecto contrario. En términos de ingeniería, el Estrecho de Bering tiene cerca de 85 kilómetros de ancho, y ya existen diques en el mundo con la mitad de esa extensión, como la Presa de Saemangeum en Corea del Sur, con 33 kilómetros. Es técnicamente posible, pero política y ecológicamente devastador.

Paraguas solares orbitales y hierro en el océano: las otras propuestas

El cierre del Estrecho de Bering no es la única propuesta extrema en discusión. Científicos también evalúan el lanzamiento de paraguas solares orbitales en el espacio, estructuras gigantescas posicionadas entre la Tierra y el Sol para reducir la cantidad de radiación solar que alcanza el Ártico y desacelerar el deshielo. La idea es que, con menos calor llegando al polo, el agua dulce liberada por el derretimiento disminuiría y la Corriente del Golfo recuperaría fuerza al tener menos dilución en la salinidad del Atlántico Norte.

Otra línea de investigación propone la fertilización del océano con millones de toneladas de hierro. El hierro estimula el crecimiento de fitoplancton, organismos microscópicos que absorben dióxido de carbono durante la fotosíntesis. En teoría, aumentar masivamente la población de fitoplancton en el Atlántico eliminaría carbono de la atmósfera, desaceleraría el calentamiento global y, por consecuencia, reduciría el deshielo que debilita la Corriente del Golfo. En la práctica, verter millones de toneladas de hierro en el océano puede causar desequilibrios ecológicos imprevisibles, como floraciones de algas tóxicas y zonas muertas por depleción de oxígeno.

Las consecuencias de un colapso de la Corriente del Golfo

Si la Corriente del Golfo colapsa, las consecuencias para el Hemisferio Norte serían catastróficas. Europa Occidental experimentaría caídas de temperatura que transformarían el clima de países como Reino Unido, Francia, Alemania y Escandinavia en algo comparable al del norte de Canadá. Cosechas enteras serían comprometidas, sistemas de calefacción residencial e industrial serían sobrecargados e infraestructuras urbanas diseñadas para el clima actual se volverían inadecuadas.

Los impactos no se limitarían a Europa. La costa este de América del Norte también perdería el efecto moderador de la corriente, y los cambios en los patrones de circulación oceánica afectarían corrientes en todo el planeta, alterando regímenes de lluvia en África, Asia y América del Sur. El nivel del mar subiría de forma desigual, con una elevación mayor en el Atlántico Norte donde la corriente dejaría de «tirar» agua lejos de la costa. Ciudades como Nueva York, Boston y Miami enfrentarían inundaciones permanentes que las proyecciones actuales no contemplan.

Asumir el control del planeta o aceptar las consecuencias

Las propuestas para salvar la Corriente del Golfo revelan un dilema que la humanidad enfrentará cada vez más en los próximos años: intervenir directamente en el sistema climático de la Tierra o aceptar las consecuencias de no hacerlo. Cerrar el Estrecho de Bering, lanzar paraguas solares al espacio y fertilizar el océano con hierro son ideas que hace una generación serían descartadas como ciencia ficción. Hoy, climatólogos hacen cálculos detallados sobre su viabilidad porque el costo de no actuar puede ser mayor que el riesgo de actuar incorrectamente.

Ninguna de estas propuestas sustituye la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, que sigue siendo la medida más eficaz para desacelerar el debilitamiento de la Corriente del Golfo. Pero la velocidad con la que la AMOC está perdiendo fuerza sugiere que reducir emisiones por sí solo puede no ser suficiente. La pregunta que los científicos se hacen ya no es «¿debemos intervenir en el clima?», sino «¿cuándo y cómo intervenir sin crear problemas peores que los que estamos tratando de resolver?».

La Corriente del Golfo, una presa y el futuro del clima

La Corriente del Golfo sigue debilitándose y los científicos prueban escenarios que incluyen cerrar el Estrecho de Bering con una presa, lanzar parasoles orbitales y fertilizar el océano con hierro. Ninguna de estas propuestas es consensuada, todas presentan riesgos colaterales y la más prometedora solo funciona si se implementa antes de que la corriente cruce el punto de no retorno. Lo que está en juego es el clima de todo el Hemisferio Norte, la agricultura europea, el nivel del mar en las costas americanas y la estabilidad de ecosistemas que sostienen a miles de millones de personas.

¿Crees que la humanidad debería intervenir directamente en el sistema climático para salvar la Corriente del Golfo? Cuéntanos en los comentarios qué piensas sobre cerrar el Estrecho de Bering, si los parasoles orbitales son ciencia ficción o una necesidad futura y si crees que el colapso de la AMOC realmente puede suceder. Queremos escuchar tu opinión.

Suscribir
Notificar de
guest
0 Comentarios
Más reciente
Más viejo Más votado
Comentario
Ver todos los comentarios
Bruno Teles

Hablo sobre tecnología, innovación, petróleo y gas. Actualizo diariamente sobre oportunidades en el mercado brasileño. Con más de 7.000 artículos publicados en los sitios web CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil y Obras Construção Civil. ¿Sugerencias de temas? Envíalas a brunotelesredator@gmail.com

Compartir en aplicaciones
0
Nos encantaría conocer tu opinión sobre este tema, ¡deja tu comentario!x