La desinformación en salud avanza entre diferentes grupos sociales, amplía la desconfianza en médicos y acelera el uso de inteligencia artificial para decisiones médicas, según un estudio global que señala dificultades crecientes para identificar fuentes confiables en medio del exceso de información y la erosión de la confianza pública.
Siete de cada diez personas en el mundo creen que al menos una de cada seis afirmaciones falsas o cuestionadas sobre salud es verdadera, según el Informe Especial 2026 Edelman Trust Barometer sobre Confianza y Salud, un estudio basado en entrevistas con más de 16 mil personas distribuidas en 16 países.
Contrario a la percepción consolidada en los últimos años, los datos indican que la desinformación médica no circula solo entre grupos radicalizados, poco escolarizados o excesivamente conectados a las redes sociales, sino que alcanza prácticamente todas las capas de la población.
Richard Edelman, CEO de la empresa responsable de la investigación, afirmó a Fortune que el estudio desmonta la idea de que solo personas más desconfiadas de la ciencia tradicional cuestionan consensos médicos ampliamente aceptados.
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“Es un conjunto de datos bastante impresionante”, afirmó Edelman.
En su evaluación, había una expectativa de que los mayores niveles de escepticismo estuvieran concentrados en nichos específicos de la sociedad. “Y no es verdad. Es todo el mundo”, dijo.
La desinformación en salud supera barreras sociales y políticas
Los números reunidos por la investigación muestran que el 69% de los entrevistados con título universitario creen en al menos una de estas afirmaciones, un porcentaje prácticamente idéntico al 70% registrado entre personas sin formación superior.
Cuando los datos se cruzan con posicionamiento ideológico, las diferencias también aparecen de forma menos acentuada de lo esperado por los investigadores.
Entre los entrevistados identificados con la derecha, el 78% dijeron creer en al menos una de las alegaciones cuestionadas, mientras que el índice llegó al 64% entre personas alineadas a la izquierda.
El informe destaca además que el patrón se repite en diferentes franjas etarias y regiones del mundo, con índices más elevados en países en desarrollo que en economías consideradas más ricas.
A pesar de la percepción recurrente de que Estados Unidos sería el principal epicentro de la desinformación en salud, el país no aparece entre los más críticos del estudio.
Exceso de información aumenta la dificultad de confiar en fuentes
Para especialistas ligados al Edelman Trust Institute, la crisis actual no está asociada solo a la ausencia de información confiable, sino principalmente al exceso de contenidos disponibles en plataformas digitales y redes sociales.
En medio de mensajes contradictorios y la dificultad de distinguir fuentes confiables de contenidos engañosos, la confianza de las personas en su propia capacidad para tomar decisiones informadas sobre salud cayó 10 puntos porcentuales en solo un año, llegando al 51%.
Mientras tanto, la credibilidad de los medios para tratar temas de salud sigue por debajo de los niveles registrados antes de la pandemia de covid-19, un escenario que refuerza la sensación de inseguridad ante el creciente volumen de información.
“Las personas están sobrecargadas de información, y no estoy seguro de si pueden diferenciar una fuente de otra”, afirmó Edelman.
Según Jennifer Hauser, Global Health Chair de Edelman, la cantidad excesiva de datos disponibles puede terminar dificultando decisiones médicas que antes parecían más simples para gran parte de la población.
La inteligencia artificial gana espacio en las decisiones médicas
Ante este ambiente de incertidumbre y exceso de estímulos informativos, la inteligencia artificial ha comenzado a ocupar un espacio cada vez mayor en la rutina de personas que buscan respuestas rápidas para dudas relacionadas con su propia salud.
El informe señala que el 35% de los encuestados ya usa alguna herramienta de IA para gestionar su propia salud, ya sea para aclarar síntomas, obtener información inmediata o buscar una segunda opinión sobre diagnósticos recibidos.
Entre aquellos que ya utilizan recursos de inteligencia artificial para temas médicos, el 84% dijo recurrir a la tecnología para recibir respuestas rápidas, mientras que el 74% afirmó utilizarla como apoyo complementario ante diagnósticos clínicos.
Los especialistas muestran preocupación porque parte de los encuestados atribuye a la IA funciones tradicionalmente asociadas a la formación médica y a la evaluación profesional calificada.
Según la investigación, el 64% cree que una persona fluente en inteligencia artificial podría realizar al menos una tarea médica tan bien como, o mejor que, un médico entrenado.
En este grupo, el 21% mencionó la definición de tratamientos y medicaciones, mientras que el 17% mencionó diagnósticos de enfermedades.
Relación entre pacientes y médicos enfrenta desgaste
Incluso con el avance acelerado de la inteligencia artificial, los médicos personales continúan siendo señalados como las fuentes más confiables de información en salud en los 16 mercados analizados por el estudio global.
Aun así, el informe identifica señales claras de desgaste en la relación entre pacientes y profesionales, especialmente cuando las personas relatan sentir que sus dudas son recibidas con juicio o poca apertura al diálogo.
Jennifer Hauser afirmó que parte de los encuestados ve la IA como una alternativa menos crítica y, en algunos casos, más acogedora durante la búsqueda de orientaciones médicas.
“La IA puede ser menos crítica que los médicos”, dijo.
En su evaluación, muchos pacientes no esperan encontrar figuras de autoridad absolutas en los consultorios, sino profesionales capaces de orientar decisiones complejas de manera accesible y transparente.
En Estados Unidos, esta pérdida de confianza también aparece en otros estudios recientes.
Un estudio publicado en JAMA Network Open mostró que la confianza en médicos y hospitales cayó del 71,5% en abril de 2020 al 40,1% en enero de 2024.
Costos y dificultad de acceso aceleran cambio de comportamiento
Además de la crisis de confianza, los especialistas asocian el cambio de comportamiento de la población a las crecientes dificultades de acceso a la atención médica y a los altos costos de los sistemas de salud.
Datos divulgados por West Health en asociación con Gallup señalaron, en 2025, que el 35% de los adultos en Estados Unidos dijeron no poder acceder a cuidados de salud de calidad y financieramente accesibles si los necesitaran en ese momento.
Según los investigadores, el impacto es aún más fuerte entre adultos negros, hispánicos y personas de bajos ingresos, grupos que reportan mayor vulnerabilidad ante el aumento de los gastos médicos.
En este contexto, crece la búsqueda de respuestas fuera del sistema tradicional de salud, incluyendo investigaciones en redes sociales, contenidos producidos por influenciadores y herramientas automatizadas basadas en inteligencia artificial.
Un estudio de KFF divulgado en enero de 2026 mostró que el 66% de los adultos estadounidenses estaban preocupados por la capacidad de pagar gastos médicos para ellos y sus familias.
Ya en abril, una nueva ronda de la investigación registró un índice del 64%, manteniendo los gastos en salud entre las principales preocupaciones financieras de los hogares.
Especialistas defienden nueva forma de comunicación científica
En la evaluación de investigadores ligados a Edelman, el combate a la desinformación en salud no puede partir de la premisa de que solo determinados grupos sociales estarían más susceptibles a contenidos falsos o engañosos.
Justin Blake, director ejecutivo del Edelman Trust Institute, afirmó que la principal contribución del estudio está justamente en demostrar que el público afectado por creencias divisivas es mucho más amplio de lo que se imaginaba anteriormente.
La lectura de los datos indica que campañas basadas solo en correcciones factuales tienden a ser insuficientes cuando factores como miedo, resentimiento, aislamiento social y sensación de abandono institucional pasan a influir en decisiones individuales.
Dave Bersoff, jefe de investigación del instituto, relacionó este proceso a una erosión gradual del tejido social y al aumento de la desconfianza entre grupos con visiones diferentes sobre temas públicos.
Richard Edelman también defendió cambios en la forma en que la ciencia se comunica con la población, argumentando que respuestas técnicas aisladas ya no consiguen producir el mismo efecto de confianza observado en años anteriores.
“Durante años, la ciencia se centró en el ‘qué’”, afirmó. “En la próxima fase, los científicos tendrán que hablar sobre el ‘por qué’ y el ‘cómo’.”
Según expertos consultados en el informe, reconstruir vínculos de confianza exige reconocer dudas legítimas, ampliar la claridad de las orientaciones médicas y evitar que informaciones falsas sigan interfiriendo en decisiones capaces de afectar directamente la salud pública.

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