Estudio internacional indica que eventos extremos relacionados con el agua se han vuelto dos veces más frecuentes desde la era preindustrial, con sequías, inundaciones, pérdida de humedad del suelo y presión creciente sobre agricultura, ecosistemas y abastecimiento en diferentes regiones del planeta hoy
Sequías e inundaciones extremas se han vuelto aproximadamente dos veces más frecuentes en el mundo desde la era preindustrial, indica un estudio internacional que analizó cerca de 1,300 cuencas hidrográficas entre 1901 y 2019, revelando inestabilidad creciente en el ciclo global del agua.
Sequías e inundaciones avanzan juntas en el ciclo del agua
La investigación fue realizada en el ámbito del proyecto europeo AQUAGUARD y evaluó flujos de los ríos y humedad del suelo por más de un siglo. El estudio indica transformación en el comportamiento del agua dulce, impulsada principalmente por los cambios climáticos.
El resultado central muestra que el planeta no enfrenta solo falta de agua. En muchas regiones, los extremos se alternan: períodos de sequía severa conviven con episodios de lluvia excepcional, señal de que el sistema hídrico está perdiendo estabilidad.
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Este movimiento preocupa porque afecta ríos, lagos, suelos, agricultura, ecosistemas y abastecimiento. La aceleración reciente refuerza que la adaptación hídrica dejó de ser un tema distante.
Agua invisible en el suelo amplía el riesgo para la agricultura
El estudio llama la atención sobre dos tipos de recurso hídrico. El agua azul incluye ríos, reservorios y acuíferos, más visibles en el debate público. El agua verde corresponde a la humedad retenida en el suelo, esencial para plantas, bosques y cultivos de secano.
Esta reserva invisible sostiene parte importante de la producción de alimentos. Casi el 60% de la agricultura mundial depende directamente de la lluvia y de la humedad del suelo. Cuando esta retención disminuye, las plantaciones quedan más expuestas, incluso con reservorios aceptables.
Por eso, mirar solo a ríos y represas puede esconder el tamaño real del problema. La pérdida de humedad del suelo puede reducir la productividad agrícola, afectar la biodiversidad y degradar ecosistemas antes de que la escasez aparezca en el abastecimiento urbano.
Regiones se secan mientras áreas boreales se vuelven más húmedas
El análisis identificó diferencias marcadas entre regiones. Zonas tropicales y subtropicales presentan tendencia creciente a condiciones más secas, justamente en áreas que ya conviven con estrés hídrico. En estas regiones, sequías más fuertes presionan agricultura y ecosistemas.
En sentido opuesto, áreas del norte de Europa, Canadá y Rusia registran humedad anormalmente frecuente. El aumento del agua en estas zonas no significa necesariamente alivio ambiental, porque puede acelerar procesos peligrosos en las regiones boreales.
La humedad favorece el deshielo del permafrost, capa de suelo permanentemente congelada que almacena grandes volúmenes de carbono. Cuando se descongela, este suelo libera dióxido de carbono y metano, gases que intensifican el calentamiento global.
La acción humana agrava extremos en varias cuencas
Aunque los cambios climáticos son señalados como factor, actividades humanas amplían el desequilibrio en determinadas regiones. Extracción intensiva para riego, expansión urbana y transformación de ecosistemas naturales pueden reducir o anular ganancias estacionales de agua.
En partes de Asia Central y de la India, alteraciones climáticas podrían elevar ligeramente la disponibilidad de agua en ciertos períodos. Sin embargo, riego intensivo, ciudades en crecimiento y cambios en el uso del suelo superan este posible beneficio.
La explotación de acuíferos por encima de la capacidad natural de reposición también reduce reservas estratégicas. Ciudades impermeabilizadas, áreas deforestadas y zonas húmedas degradadas pierden capacidad de absorber, almacenar y liberar agua de manera equilibrada.
Las inundaciones también revelan fallas en la seguridad hídrica
Lluvias intensas no siempre indican abundancia de agua. En muchos casos, las inundaciones muestran que el territorio ha perdido capacidad de regular el exceso hídrico. Suelos degradados absorben menos, áreas pavimentadas aceleran escorrentía y ríos modificados reducen contención natural.
Así, mucha agua cae en poco tiempo, escurre rápidamente y puede llegar al mar sin recargar acuíferos o quedar disponible para períodos secos. La misma región puede enfrentar inundaciones en una estación y restricciones después.
Este patrón ya aparece en áreas del Mediterráneo, de América del Norte y en partes de Asia. Para reducir riesgos, países han adoptado restauración de zonas húmedas, recuperación de bosques ribereños, riego más eficiente, reutilización de agua y monitoreo.
La gestión del agua necesita considerar clima, agricultura, biodiversidad, energía y uso del suelo como partes conectadas. La seguridad hídrica depende de entender esta red antes de que extremos se vuelvan más difíciles de prever.
¿Percibes impactos de sequías, inundaciones o cambios en el régimen de lluvias en tu región, en el campo, en la ciudad o en el abastecimiento de agua? Cuéntanos en los comentarios cómo esta realidad aparece en tu día a día y qué medidas locales parecen más urgentes para reducir riesgos.

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