La botella PET llena de agua, creada por Alfredo Mozer en Uberaba durante el apagón de 2001, difunde el equivalente a una lámpara de 60 vatios usando la luz del sol. La idea inspiró a Litro de Luz, ONG hoy liderada en Brasil por Rodrigo Eid.
Una simple botella PET, inventada por un mecánico brasileño durante el apagón de 2001, se convirtió en la semilla de una ONG hoy presente en 30 países, que ya ha llevado iluminación a 40 mil personas en 200 comunidades sin energía en Brasil. La organización es Litro de Luz, comandada en el país por Rodrigo Eid, y la chispa de la idea partió del mecánico Alfredo Mozer.
El trabajo responde a un problema que buena parte del país ni siquiera ve. Según información del G1, a partir de materiales como botella PET, placa de energía solar y tubos de PVC, Litro de Luz afirma haber impactado a 40 mil brasileños en 200 comunidades ribereñas, quilombolas y periferias urbanas de casi 50 ciudades. El IBGE calcula que 450 mil personas no tienen energía eléctrica en casa, número que llega a 2 millones cuando se considera el acceso precario, en el que la luz llega, pero de forma racionada.
La botella PET que nació en el apagón de 2001
La historia comienza con un ingenioso improviso. En las crisis de apagón de 2001, el mecánico Alfredo Mozer, en Uberaba, creó una solución de iluminación a partir de una botella PET llena de agua, con un poco de lejía para no crear musgo. Colocada mitad para fuera del techo y mitad para dentro, capta la radiación solar y la difunde por la habitación el equivalente a una lámpara de 60 vatios.
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Fue la buena chapuza que el brasileño sabe hacer. La invención iluminó la propia comunidad de Mozer, y la repercusión de su lámpara inspiró a un filipino a crear el movimiento Liter of Light. En 2014, la iniciativa fue fundada en Brasil como Litro de Luz, que pasó a adaptar las soluciones a las necesidades locales del país.
De la lámpara solar a la luz que se enciende sola

En Brasil, la organización desarrolló versiones más simples de la idea de la botella PET. Una de ellas es el farol solar, cuya estructura utiliza una botella PET y tubos de PVC, con una batería, un pequeño circuito y una lámpara LED en su interior. El residente de la comunidad puede encender el farol para iluminar los ambientes.

El secreto está en una operación que se sostiene por sí sola. Para alimentar el equipo, se conecta un panel solar y se deja al sol, y, mientras el sol brilla, el farol se apaga mientras carga la batería, volviendo a encenderse automáticamente por la noche. Litro de Luz no renuncia a la simplicidad, precisamente para que las personas de la comunidad puedan montar y replicar la solución donde quieran, con una metodología que enseña a los residentes a construir los equipos.
El Brasil que aún está en la oscuridad
La tecnología de la botella PET intenta llenar un vacío que persiste en el país. El IBGE estima que 450 mil brasileños no tienen electricidad en casa, total que sube a 2 millones al incluir el acceso precario, y mucha gente camina por calles y callejones sin iluminación, donde ocurren accidentes e incluso violencias. Es un Brasil que sigue en la oscuridad y que buena parte de la población ni siquiera imagina que existe.
Ese país sin luz es bastante diverso. Según Litro de Luz, la actuación alcanza comunidades ribereñas, indígenas, quilombolas, favelas urbanas y zonas rurales. Rodrigo Eid menciona cerca de 1 millón de personas sin acceso a la energía en la Amazonía, la región que más lo necesita, y casi 2 millones en todo Brasil, sobre todo en el Norte y el Nordeste, pero también en el Sudeste, y recuerda que muchos recurren al «gato», la conexión irregular, mientras que la falta de iluminación pública afectaría a cerca de 6 millones de personas que caminan por los callejones de las comunidades.
Luz como derecho: educación, seguridad e ingresos
Para Litro de Luz, la botella PET lleva un lema: la luz no es un privilegio, es un derecho. A través de la iluminación, la organización dice buscar impactos económicos, con personas que logran producir y trabajar hasta más tarde, acceso a la educación, con niños y profesores estudiando por más tiempo, y más seguridad, para que los residentes de comunidades ribereñas caminen por los caminos sin tropezar y viendo animales ponzoñosos.
La entidad señala casos concretos de este cambio. En Kalunga, comunidad quilombola en la Chapada dos Veadeiros, una estudiante le contó a la profesora que quería seguir la misma profesión y que la lámpara de la ONG le permitiría estudiar más, ya que el candil suelta mucho humo y hollín y dificultaba la lectura, y que, con la luz de energía limpia, podría enfocarse en la búsqueda de una universidad pública. Un residente del Pantanal, acostumbrado a la lámpara que ennegrecía todo, notó que la nueva luz portátil puede ir a donde él trabaja.
Una solución complementaria al poder público
La propia ONG reconoce que llega a donde el Estado no ha llegado. Aunque el acceso a la energía es un derecho que el poder público debería garantizar, la llegada de la botella PET y de las demás soluciones acaba ocupando ese espacio. Cuestionado si la iniciativa ha presionado al sector público, Rodrigo Eid señala casos desde 2017 en los que, después de que la organización llegó y dio visibilidad a un territorio, la repercusión ayudó a traer la energía regular.
Aun así, la atención oficial no siempre es suficiente. En muchos casos, la energía regular que llega, como sistemas aislados en comunidades ribereñas, aún no cubre toda la necesidad local, y por eso la solución de la botella PET sigue como complemento. Litro de Luz afirma mantener diálogo con el poder público para mejorar la calidad de vida, y se presenta como un complemento, y no un sustituto, de la infraestructura del Estado.
La trayectoria de Rodrigo Eid pasó del marketing y la gestión de personas al impacto social, sembrada por el trabajo voluntario en la infancia y sellada en un primer viaje a la Amazonía, donde niños que nunca habían visto luz artificial lo convencieron de la fuerza de la causa.
En el Web Summit, el mayor encuentro de tecnología de América Latina, en Río de Janeiro, resumió el mensaje de la ONG como escucha, aplicando al campo social la lógica de startup de entender al cliente para, en este caso, entender los dolores de cada comunidad y llevar al país a conocer el Brasil real, más allá de los centros urbanos. Nacida de una botella PET y de la creatividad brasileña, Litro de Luz dice haber iluminado a 40 mil personas en 200 comunidades y llegado a 30 países, y el sueño declarado es, irónicamente, dejar de ser necesaria.
¿Y tú, qué opinas de que una botella PET lleve luz a comunidades donde el poder público aún no ha llegado? ¿Sabías que esta invención brasileña se ha extendido por 30 países y ya ha iluminado a miles de personas? Comenta tu opinión e intercambia ideas con otros lectores sobre el acceso a la energía, con respeto a las diferentes visiones.


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