Estudio con más de 21 mil ríos muestra caída global en el oxígeno disuelto del agua y alerta sobre el riesgo creciente de hipoxia en ecosistemas de agua dulce.
Investigadores identificaron un fenómeno silencioso que comenzó a preocupar a científicos ambientales a escala global: ríos alrededor del planeta están perdiendo oxígeno disuelto en el agua, condición que puede alterar ecosistemas enteros y amenazar peces, insectos acuáticos y organismos fundamentales para la cadena alimentaria de agua dulce.
La alerta aparece en un estudio publicado en la revista Science Advances, que analizó datos recopilados en más de 21 mil ríos distribuidos por diferentes continentes a lo largo de varias décadas. Los investigadores descubrieron que gran parte de estos sistemas acuáticos presentó una reducción significativa de oxígeno disuelto desde los años 1980.
Científicos analizaron más de 21 mil ríos y encontraron caída global del oxígeno disuelto
El estudio evaluó registros ambientales recopilados entre 1982 y 2021 en ríos esparcidos por América del Norte, Europa, Asia y otras regiones del planeta. Según los investigadores, hubo una tendencia consistente de reducción del oxígeno disuelto en gran parte de los sistemas analizados.
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El oxígeno disuelto es literalmente el “aire” presente dentro del agua. Peces, crustáceos, larvas de insectos y numerosos organismos acuáticos dependen de él para sobrevivir. Cuando los niveles caen por debajo de ciertos límites, el ambiente puede entrar en una condición llamada hipoxia.
Según los autores del estudio, la reducción observada está fuertemente asociada al aumento de la temperatura del agua provocado por el calentamiento global. Cuanto más caliente está el agua, menor es su capacidad natural de almacenar oxígeno.
El agua caliente retiene menos oxígeno, y esto crea un efecto cascada en los ríos
El mecanismo detrás del fenómeno es relativamente simple, pero sus consecuencias pueden ser enormes. El agua fría puede disolver y retener más oxígeno que el agua caliente.
A medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes y las temperaturas medias aumentan, los ríos comienzan a perder la capacidad de sostener niveles adecuados de oxígeno disuelto.
Este proceso genera una especie de efecto cascada ecológico. Con menos oxígeno disponible, los organismos acuáticos comienzan a disputar recursos limitados, aumentando el estrés biológico dentro del ecosistema. En escenarios más severos, algunas especies simplemente no pueden sobrevivir, especialmente peces sensibles a la hipoxia prolongada.
Los investigadores alertan sobre el riesgo de formación de zonas muertas en agua dulce
Eventos de baja oxigenación ya son conocidos en áreas costeras y partes del océano, donde surgen las llamadas “zonas muertas”, regiones prácticamente incapaces de sostener vida acuática compleja.
Ahora, los científicos observan que fenómenos similares pueden comenzar a ocurrir con más frecuencia en sistemas de agua dulce.
Según los investigadores, ríos sujetos a calor extremo, bajo flujo de agua y contaminación orgánica tienen un riesgo aún mayor de caída crítica de oxígeno disuelto.
Cuando la materia orgánica se descompone en ambientes calentados, las bacterias consumen aún más oxígeno del agua. Esto acelera el agotamiento del recurso disponible para otros organismos.
El resultado puede ser mortalidad de peces, desaparición de especies sensibles y desequilibrio de las cadenas alimentarias acuáticas.
El problema no está ligado solo al clima, sino también a la contaminación y al uso humano de los ríos
Los investigadores destacan que el calentamiento global no actúa solo. La contaminación urbana, fertilizantes agrícolas, vertido de aguas residuales y alteraciones en el flujo de los ríos también contribuyen a reducir la oxigenación.
El exceso de nutrientes favorece la proliferación de algas y microorganismos que consumen grandes cantidades de oxígeno durante la descomposición.
Las presas, embalses y reducción del caudal natural también pueden disminuir la circulación del agua, dificultando la reposición de oxígeno atmosférico en el sistema.
En muchos casos, diferentes factores terminan actuando simultáneamente: agua más caliente, menos flujo, más contaminación y mayor actividad biológica consumiendo oxígeno. Esto transforma algunos ríos en ambientes progresivamente más vulnerables al colapso ecológico.
La pérdida de oxígeno amenaza especies acuáticas y puede afectar pesca y abastecimiento
La caída de oxígeno no afecta solo a peces grandes. Larvas de insectos, pequeños crustáceos, moluscos y microorganismos fundamentales para el equilibrio de los ríos también sufren impacto directo.
Estos organismos sostienen cadenas alimentarias enteras. Cuando desaparecen, el efecto puede extenderse a especies mayores y alterar el funcionamiento completo del ecosistema.

En algunas regiones, eventos severos de hipoxia ya han sido asociados a mortandades masivas de peces durante períodos de calor extremo.
Además del impacto ambiental, los científicos advierten sobre consecuencias económicas que involucran pesca continental, calidad del agua y estabilidad de sistemas hídricos utilizados por poblaciones humanas.
Los cambios climáticos están alterando ríos de maneras más complejas de lo que se imaginaba
Durante muchos años, el debate climático se centró principalmente en temperatura del aire, derretimiento de hielo y aumento del nivel del mar. Ahora, los investigadores observan que los sistemas de agua dulce también están sufriendo transformaciones profundas, muchas veces invisibles para la mayor parte de la población.
La reducción del oxígeno disuelto muestra cómo los cambios climáticos pueden alterar propiedades químicas básicas del agua e impactar directamente a organismos que dependen de estos ambientes.
Según los científicos, los ríos funcionan como sistemas extremadamente sensibles a las alteraciones combinadas de temperatura, contaminación y uso humano del paisaje. Esto significa que incluso cambios graduales pueden generar consecuencias desproporcionadas a lo largo del tiempo.
El estudio refuerza que el calentamiento global no afecta solo a la atmósfera, sino a la propia respiración de los ecosistemas acuáticos
Gran parte de las personas asocia el cambio climático a olas de calor, incendios o tormentas extremas. El estudio sobre oxígeno disuelto muestra un problema mucho menos visible, pero potencialmente devastador para los ecosistemas.
Los ríos literalmente comienzan a perder la capacidad de sostener una respiración acuática adecuada cuando el agua se calienta más allá del equilibrio natural.
Peces, insectos y organismos microscópicos pasan a vivir en ambientes donde el “aire” disponible dentro del agua se vuelve cada vez más escaso.
Y justamente por ocurrir lentamente, muchas veces sin señales inmediatas para quien observa desde la superficie, la pérdida de oxígeno en los ríos se ha transformado en una de las alertas ambientales más preocupantes identificadas recientemente por los científicos.


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