El Buque de Combate Litoráneo Fue Concebido Como Solución Barata Ágil y Versátil para Misiones Costeiras, Pero Exigencias Técnicas Irreales, Elecciones Industriales Politizadas, Fallas de Integración, Sistemas Incompatibles, Tripulaciones Subdimensionadas y Costos Crecientes Transformaron el Programa en uno de los Proyectos Más Controversiales de la Marina de los Estados Unidos
La evaluación de que la Marina se equivocó con el buque de combate litoráneo fue realizada por el contraalmirante retirado Ted LeClair, exvicecomandante de las Fuerzas de Superficie del Pacífico y exdirector de la Fuerza de Tarea LCS, cargo creado precisamente para intentar corregir problemas acumulados a lo largo de dos décadas. Con experiencia directa en el diseño, operación y tentativa de recuperación del programa, LeClair detalla una secuencia de decisiones técnicas, políticas y culturales que comprometieron la eficacia del proyecto.
Según él, el buque de combate litoráneo no fracasó por un único error aislado, sino por un cúmulo de elecciones equivocadas tomadas en momentos críticos. Estas elecciones involucraron desde el concepto original hasta la forma en que la Marina intentó operar, mantener y emplear los buques en escenarios reales, generando consecuencias duraderas para la flota y para los propios marineros.
La Concepción Original y la Promesa de Transformación Naval

El buque de combate litoráneo surgió a inicios de la década de 2000, durante la gestión del almirante Vern Clark como jefe de operaciones navales. La idea central era responder a amenazas emergentes en aguas costeras, como terrorismo marítimo, minas navales y submarinos diésel silenciosos operando cerca de la costa.
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La Marina buscaba una embarcación rápida, con calado reducido, capaz de operar en canales estrechos y áreas donde destructores, cruceros y buques anfibios serían vulnerables. El concepto preveía sustituir fragatas rápidas y ampliar la presencia naval con plataformas más pequeñas, numerosas y teóricamente más baratas.
Inicialmente, se estimaba que cada buque de combate litoráneo costaría alrededor de 200 millones de dólares, permitiendo una proporción de cinco buques de este tipo por cada destructor de mil millones de dólares. Esta lógica económica fue decisiva para la aprobación política del programa y su rápida expansión.
Dos Clases Simultáneas y la Fragmentación Estructural

Uno de los errores centrales apuntados por LeClair fue la decisión de desarrollar dos variantes completamente diferentes del buque de combate litoráneo. La clase Freedom, construida en Marinette, Wisconsin, adoptó un casco monocasco con superestructura de aluminio. La clase Independence, construida en Misisipi, utilizó un casco trimarán de aluminio.
La propuesta inicial era simple: construir ambas, probarlas y elegir la ganadora. Sin embargo, esta decisión nunca se tomó. Ambas clases se mantuvieron, creando dos flotas con muy pocos sistemas en común, desde propulsión hasta arquitectura interna.
Según LeClair, esta elección tuvo fuerte influencia política e industrial. Mantener astilleros activos en estados políticamente estratégicos se convirtió en prioridad, incluso a costa de la estandarización operativa. El resultado fue una flota fragmentada, con altos costos de entrenamiento, mantenimiento, piezas de recambio y logística durante más de veinte años.
La Exigencia de los Cuarenta Nudos y el Impacto en la Ingeniería

Otro pilar problemático del buque de combate litoráneo fue la exigencia de alcanzar una velocidad mínima de cuarenta nudos. Para lograr este desempeño, la Marina adoptó una combinación compleja de motores diésel, responsables de la resistencia, y turbinas de gas, necesarias para picos de velocidad.
Esta solución aumentó drásticamente la complejidad del sistema de propulsión. Las turbinas consumen combustible a un ritmo acelerado, mientras que la integración con motores diésel elevó el desgaste mecánico y las dificultades de mantenimiento.
LeClair afirma que esta exigencia técnica resultó innecesaria en la mayoría de las misiones reales. Velocidades ligeramente menores habrían reducido costos, aumentado la confiabilidad y simplificado la operación, sin perjuicio significativo de la capacidad operativa.
Modularidad Prometida y Limitaciones Prácticas
La modularidad fue presentada como el gran diferencial del buque de combate litoráneo. La promesa era que el mismo casco pudiera alternar rápidamente entre misiones de guerra antisubmarina, contramedidas de minas y seguridad marítima, bastando con cambiar módulos de misión.
En la práctica, esto no ocurrió. Los sistemas antisubmarinos no alcanzaron madurez tecnológica. Los módulos de contramedidas de minas tardaron años en volverse operativos, a pesar de los avances recientes con embarcaciones de superficie no tripuladas lanzadas desde el buque.
La idea de cambiar módulos de un día para otro resultó inviable. La modularidad quedó restringida al discurso, mientras que los buques comenzaron a operar con configuraciones fijas durante largos períodos.
Tripulación Reducida y Choque con la Cultura Naval
Otro error estratégico del buque de combate litoráneo fue la apuesta en tripulaciones extremadamente reducidas. El concepto preveía que los marineros solo operarían el buque, mientras que el mantenimiento sería realizado por contratistas en tierra.
Este enfoque violó principios históricos de la cultura de la Marina de los Estados Unidos, donde la tripulación es responsable de su propio buque. Con el tiempo, quedó claro que equipos pequeños no podían mantener vigilancia continua, cumplir normas de protección antiterroristas y realizar el mantenimiento adecuado.
El resultado fue el aumento gradual de las tripulaciones a alrededor de 102 marineros, además de 8 a 12 oficiales, incluyendo oficiales de suministros que originalmente no existían en el proyecto. El impacto en la moral fue severo, con escalas extenuantes y menor calidad de vida para los marineros.
Desactivaciones Precoces y Desperdicio de Capacidad
El plan original preveía hasta 55 unidades del buque de combate litoráneo. Este número se redujo a 35 y, posteriormente, a alrededor de 27 a 28 buques activos. Diversas embarcaciones fueron desactivadas pocos años después del comisionamiento, incluyendo unidades que acababan de cumplir misiones.
Casos como el de la variante Freedom, con múltiples buques desactivados en secuencia, ejemplifican la inestabilidad del programa. Según LeClair, decisiones políticas y presupuestarias aceleraron estas desactivaciones, incluso con inversiones multimillonarias ya realizadas.
El Costo Político y Operacional del Error
LeClair estima que alrededor de 30 mil millones de dólares fueron invertidos en el buque de combate litoráneo. Para él, el error no fue solo financiero, sino estratégico. La Marina tardó en reconocer fallas, dudó en tomar decisiones difíciles y permitió que promesas irreales moldearan el programa.
Aún así, el contraalmirante rechaza la idea de que los buques sean inútiles. Él defiende que, si flotan y pueden luchar, tienen valor. El problema fue intentar hacer demasiado con una plataforma limitada, en lugar de aceptarla como un combatiente ligero con funciones bien definidas.
Una Lección Duradera para la Marina
En la visión de Ted LeClair, el buque de combate litoráneo se convirtió en un caso de estudio sobre la tiranía de las exigencias, los riesgos de la politización industrial y la importancia de decisiones técnicas realistas. La Marina aprendió, según él, que no se deben abandonar verdades consagradas sobre entrenamiento, tripulación y mantenimiento a cambio de promesas de eficiencia inmediata.
El programa dejó cicatrices profundas, pero también lecciones valiosas. Con alrededor de 27 cascos aún disponibles, el desafío ahora es emplear estos buques de forma pragmática, alineando expectativas a la realidad operativa.
Ante este historial detallado, ¿cree usted que la Marina debería insistir en la recuperación del buque de combate litoráneo o aceptar definitivamente que el error estructural fue demasiado grande para ser corregido?


Não desistam de aprimorar. Vocês são o EUA e nós precisamos de vocês. Não deixem russos e chineses no comando. Vamos vencer esses caras. Com fé em Deus.
KKKKK! É muita sabujice!
Sim, a Marinha deve insistir no aprimoramento e sanar as falhas possíveis uma vez que o navio tem flutuabilidade, descartá-lo seria um erro de fraqueza e também de desperdício de dinheiro.
Uma nação poderosa nos seus limites de fraqueza, não pode descartar o que já foi investido e sim utilizar o seu meio flutuante como como um escudo de proteção para os seus marinheiros enquanto ainda flutuar.
Um falcão machucado, não desiste da luta, é valente mesmo mesmo estando ferido, assim tem que ser os E.U.A.
A US NAVY deve insistir na recuperação do navio de combate litorâneo pois os americanos têm capacidade para isso!