El Argan, Típico del Sudoeste Marroquí, Está Convirtiéndose en Pieza Central Contra la Desertificación: Sus Raíces Profundas Afianzan el Suelo, Ayudan a Mantener Humedad en el Subsuelo y Abren Camino para Sistemas Agroforestales en Áreas Degradadas
Un cinturón de árboles en medio del desierto puede parecer un detalle en el paisaje. Pero, en el sur de Marruecos, plantar arganeras y acacias se ha convertido en una de las principales apuestas para salvar oasis en retroceso y recuperar suelos que ya no son aptos para la agricultura intensiva.
Dónde Avanza el Desierto y Retrocede el Oasis
En las últimas décadas, el avance de la desertificación, la falta de agua y el éxodo rural han debilitado muchos oasis marroquíes.
Estos paisajes, que durante siglos aseguraron comida y sombra en medio del semiseco, comenzaron a perder palmeras, agua subterránea y población.
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Cuando el oasis retrocede, el suelo queda expuesto al viento y a la erosión, formando costras secas en las que casi nada crece.
Tierras que antes eran cultivadas pasan a ser clasificadas como degradadas y poco atractivas para jóvenes agricultores, que migran a las ciudades.
Es en este contexto que entran los cinturones de arganeras y acacias. En lugar de intentar repetir el modelo de agricultura intensiva, el país está apostando por árboles adaptados al clima árido, con raíces profundas y múltiples usos para las comunidades locales.
Cómo Funcionan los Cinturones de Arganeras y Acacias

El argán es un árbol típico del sudoeste de Marruecos, con raíces profundas que ayudan a estabilizar el suelo, reducir la erosión del viento y mantener un poco más de humedad en el subsuelo.
La acacia, por su parte, crece bien en condiciones áridas, da sombra, protege cultivos menores y contribuye a mejorar la estructura del suelo.
En varios proyectos recientes, los árboles no se plantan de forma aislada, sino en franjas o cinturones estratégicos.
Estos corredores verdes se instalan alrededor de áreas agrícolas, carreteras o en los bordes de oasis, funcionando como barreras contra el avance de la arena y del desierto.
El objetivo es doble: proteger lo que aún existe y, al mismo tiempo, crear condiciones para recuperar tierras consideradas perdidas.
Con el tiempo, el cinturón de árboles reduce el viento, retiene materia orgánica, favorece la infiltración de agua de lluvia y crea microclimas más frescos, donde otras plantas pueden volver a crecer.
Varios programas nacionales se articulan en torno a esta lógica. El Plan Marruecos Verde y la estrategia forestal del país incluyen metas de plantación de argán en decenas de miles de hectáreas, precisamente en zonas degradadas y vulnerables a la desertificación.
Proyectos como el DARED, financiado por el Fondo Verde para el Clima, están diseñados para desarrollar huertos de argán en entornos degradados, combinando recuperación ecológica y generación de ingresos.
Recuperar Suelos y Fortalecer Comunidades
La recuperación del suelo comienza lentamente. Al principio, los plantones necesitan protección, riego mínimo y manejo cuidadoso para sobrevivir en regiones con poca lluvia.
Aun así, el país asume metas ambiciosas, como plantar decenas de miles de hectáreas con arganeras agrícolas hasta 2030, incluyendo áreas antes vistas como inviables.
A medida que el cinturón de árboles se establece, el suelo gana materia orgánica, se vuelve más fértil y menos susceptible a tormentas de arena.
Esto abre espacio para sistemas agroforestales: entre las líneas de argán y acacia, pequeños agricultores pueden plantar cultivos alimentarios o forrajeros, adaptados al clima local.
El proyecto no es solo ambiental. La cadena del argán genera empleo e ingresos, especialmente para cooperativas de mujeres que producen y procesan el aceite.
Con más árboles, más huertos y más valor agregado, aumenta la probabilidad de que las familias permanezcan en la región, en lugar de abandonar el oasis.
Esta combinación, cinturas de árboles resistentes, recuperación de suelos degradados, uso múltiple del territorio e inclusión económica, transforma lo que parecía ser solo un fin de línea en un paisaje en transición.
En Marruecos, cada franja de arganeras y acacias plantadas es un intento concreto de frenar el desierto, revitalizar los oasis y mostrar que la adaptación climática pasa, necesariamente, por las manos de quienes viven en la tierra.

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