Estudio publicado en Nature Communications indica que sequías persistentes pueden alcanzar grandes regiones hasta 2100, con riesgo creciente para agua, ríos, agricultura y energía.
Un estudio publicado en Nature Communications el 23 de septiembre de 2025 elevó la alerta sobre la seguridad hídrica global al indicar que grandes regiones del planeta pueden enfrentar sequías persistentes y escasez extrema de agua hasta 2100. La investigación utilizó 100 miembros de ensemble del CESM2-LE en el análisis principal e incorporó simulaciones del CNRM para probar la sensibilidad de los resultados en diferentes escenarios climáticos y socioeconómicos.
El punto central del trabajo es que la crisis futura no debe aparecer solo como episodios aislados de sequía. El estudio indica un avance de condiciones más largas, continuas y difíciles de revertir, con reducción simultánea de lluvia, caída del caudal de los ríos, aumento de la evapotranspiración y presión creciente de la demanda humana sobre la oferta disponible.
Sequía persistente y escasez hídrica pueden alcanzar grandes regiones antes del fin del siglo
La investigación identifica la emergencia de lo que los autores llaman Day Zero Drought, un tipo de escasez hídrica extrema en la que la combinación entre déficit prolongado de precipitación, reducción del flujo de los ríos y consumo elevado empuja los sistemas de abastecimiento a niveles críticos. En lugar de un evento corto, el riesgo proyectado es de una condición multianual y estructural.
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Según el análisis divulgado por Phys.org basado en el estudio, el riesgo puede alcanzar casi tres cuartas partes de las regiones propensas a la sequía hasta 2100, incluso con diferencias entre los escenarios climáticos. Esto ayuda a mostrar que la amenaza no se limita a pocos países, sino que se extiende por varias áreas estratégicas del planeta.
India, China, Estados Unidos, Mediterráneo y África aparecen entre los principales hotspots
El estudio destaca como áreas críticas el oeste de los Estados Unidos, la región del Mediterráneo, el norte y el sur de África, la India, el norte de China y el sur de Australia. En estas regiones, los modelos proyectan una intensificación de la escasez hídrica debido a la combinación entre menor oferta y mayor presión de consumo.
Estos puntos críticos concentran poblaciones numerosas, agricultura intensiva, grandes centros urbanos y sistemas hídricos ya presionados. Esto amplía el potencial de impacto sobre abastecimiento, irrigación, estabilidad económica y planificación a largo plazo.
Ríos, reservorios y oferta de agua entran en zona de estrés crónico
Uno de los puntos más importantes del estudio es el desequilibrio entre oferta y demanda de agua. Los autores combinaron indicadores de balance entre precipitación y evapotranspiración, flujo de los ríos, escasez hídrica y tiempo de agotamiento de reservorios para mostrar que, en varias regiones, la presión humana tiende a superar de forma creciente la capacidad natural de reposición.

El trabajo muestra que la dependencia de reservorios puede enmascarar el problema por algún tiempo, pero también aumentar la vulnerabilidad cuando la sequía se prolonga. En un escenario de déficit continuo, el agua almacenada deja de funcionar como amortiguador y pasa a acelerar la exposición al colapso hídrico.
Las sequías futuras tienden a durar más y a tener menos tiempo de recuperación
La diferencia más importante en relación con las sequías tradicionales está en la duración. El estudio proyecta sequías multianuales más severas, con intervalos menores de recuperación entre un episodio y otro. Esto transforma la sequía en una condición persistente, y no solo en una anomalía pasajera del clima.
Según los autores, hasta el fin del siglo casi todas las regiones evaluadas bajo escenarios más cálidos presentan alto riesgo de sequía severa y pronunciada. Esto indica que la tendencia futura no es solo de eventos más intensos, sino de un cambio estructural en la forma en que el estrés hídrico se distribuye en el tiempo.
El cambio climático altera el ciclo del agua y amplía la irregularidad de las lluvias
El estudio relaciona directamente el avance de la escasez hídrica con el calentamiento global. El aumento de la temperatura intensifica la evapotranspiración, modifica la circulación atmosférica y altera la distribución de la precipitación, haciendo el ciclo hidrológico más inestable.
En algunas regiones, esto significa menos lluvia y menos caudal. En otras, puede significar extremos más inestables, con períodos secos más prolongados alternados con eventos intensos de precipitación, pero sin recomposición suficiente de las reservas hídricas. Esta irregularidad dificulta almacenamiento, gestión y planificación.
Agricultura, energía y abastecimiento están entre los sectores más vulnerables
La reducción de la disponibilidad de agua tiende a presionar directamente la agricultura irrigada, la producción de alimentos y el uso industrial. Regiones ya dependientes de la estacionalidad de la lluvia o de grandes sistemas fluviales quedan más expuestas cuando el desequilibrio entre consumo y oferta se vuelve permanente.
El impacto también alcanza la generación de energía, especialmente en sistemas que dependen de embalses y grandes volúmenes de agua. Cuando los ríos pierden caudal y los embalses retroceden, la crisis hídrica deja de ser solo un problema ambiental y pasa a afectar producción, precios y seguridad económica.
Escenarios de menor emisión reducen daños, pero no eliminan el riesgo
Los autores dejan claro que el futuro hídrico aún depende de la trayectoria climática global. En los escenarios de emisiones más altas, los impactos aparecen con mayor extensión, severidad y duración. En escenarios de mitigación, los riesgos continúan existiendo, pero con menor magnitud.
Según Phys.org, incluso en escenarios compatibles con la meta de 1,5°C, cientos de millones de personas aún pueden enfrentar escasez de agua sin precedentes. Esto refuerza que la mitigación reduce daños, pero no sustituye la necesidad de adaptación local, gestión eficiente y preparación institucional.
La advertencia del estudio es que la sequía puede dejar de ser evento y convertirse en condición
El principal mensaje del trabajo es que la sequía del futuro puede dejar de ser interpretada como un evento episódico y pasar a funcionar como una condición persistente en varias regiones del planeta. Cuando esto sucede, la presión se extiende a ríos, embalses, ciudades, agricultura, energía y estabilidad social al mismo tiempo.
En lugar de preguntar solo cuándo vendrá la próxima sequía, el estudio obliga a una pregunta más dura: ¿qué sucede cuando la recuperación entre las sequías deja de existir en parte del mundo? Es este cambio de escala y de duración lo que transforma la alerta hídrica actual en un riesgo estructural para el siglo XXI.


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