Descubrimiento inédito que involucra una de las momias mejor preservadas del planeta muestra que organismos microscópicos resistieron al tiempo y pueden abrir nuevos caminos para investigaciones científicas
Uno de los mayores misterios de la arqueología moderna acaba de ganar una nueva dimensión. Científicos descubrieron que algunos microorganismos presentes en el cuerpo de Ötzi, conocido mundialmente como el Hombre de Hielo, permanecieron vivos por más de 5.300 años. Más sorprendente aún, después de ser descongelados en laboratorio, parte de estos hongos y bacterias volvió a multiplicarse.
La información fue divulgada por “O Globo”, con base en un estudio publicado en la revista científica Microbiome, periódico perteneciente al grupo Nature. Además, la investigación contó con la participación de especialistas del Eurac Research, importante centro científico ubicado en Bolzano, Italia.
El descubrimiento llamó la atención porque demuestra una resistencia biológica considerada extraordinaria. Al mismo tiempo, abre nuevas posibilidades para áreas como microbiología, medicina, arqueología y procesos industriales de fermentación.
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Por este motivo, investigadores de diferentes países comenzaron a analizar con aún más atención los organismos encontrados en la momia. Al fin y al cabo, entender cómo estos microorganismos sobrevivieron durante milenios puede generar avances científicos importantes.
Quién fue Ötzi y por qué su historia fascina a los científicos
Mucho antes de convertirse en una de las momias más famosas del mundo, Ötzi vivió durante la Edad de Piedra.
Los investigadores estiman que tenía alrededor de 45 años cuando murió. En esa época, esa edad era considerada avanzada, ya que la expectativa media de vida rondaba apenas los 30 años.
Además, diversos estudios realizados a lo largo de las últimas décadas permitieron reconstruir detalles impresionantes sobre su apariencia y rutina.
Ötzi era delgado, medía aproximadamente 1,57 metros de altura, tenía ojos marrones y era zurdo. Según los investigadores, si utilizara patrones modernos de calzado, usaría el número 39.
De la misma manera, análisis genéticos revelaron que tenía ascendencia ligada a los primeros agricultores de la región de Anatolia, territorio correspondiente a la actual Turquía.
Su cuerpo preservaba piel, órganos internos, parte del cabello y varios tatuajes. Además, los arqueólogos encontraron un arco, flechas, un hacha de cobre y ropa confeccionada con cuero animal.
Posteriormente, los investigadores identificaron su última comida. Antes de morir, Ötzi había consumido carne de cabra alpina.
Sin embargo, la vida no era fácil. Los exámenes señalaron problemas en las articulaciones y una gran cantidad de caries. Por este motivo, muchos especialistas creen que los tatuajes tenían una finalidad terapéutica para aliviar dolores físicos.
Asesinato en los Alpes preservó un tesoro científico

Cuando una pareja de alpinistas alemanes encontró el cuerpo en 1991, en las montañas Ötztal, entre Austria e Italia, inicialmente creyó estar ante una muerte reciente.
Sin embargo, la ropa rudimentaria mostró rápidamente que el cuerpo pertenecía a un período mucho más antiguo.
Con el avance de las investigaciones, los científicos descubrieron que Ötzi no murió congelado.
En realidad, fue asesinado.
Una flecha alcanzó su hombro izquierdo y perforó una arteria vital. Como consecuencia, sufrió una hemorragia fatal.
Incluso, parte del asta de la flecha sigue alojada en su espalda hasta el día de hoy.
Sin embargo, aunque el ataque le quitó la vida, no eliminó todos los organismos que habitaban su cuerpo.
A lo largo de los siglos, el intenso frío de los Alpes preservó no solo tejidos humanos, sino también parte del microbioma original de Ötzi.
En este contexto, los científicos comenzaron a investigar qué organismos sobrevivieron al tiempo y cuáles surgieron posteriormente por contaminación ambiental.
Microorganismos sobrevivieron por miles de años
Actualmente, la momia permanece preservada en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, en Bolzano.
De hecho, el cuerpo permanece en una cámara especial que reproduce las condiciones de temperatura y humedad existentes en el lugar donde fue encontrado.
Para realizar la investigación, los científicos recolectaron muestras de la piel, órganos internos, agua de deshielo, hielo externo, suelo de la región del descubrimiento y también del ambiente del museo.
De esta forma, lograron comparar microbiomas internos, externos y ambientales.
Además, utilizaron técnicas avanzadas de metagenómica para identificar con precisión qué organismos ya estaban presentes cuando Ötzi aún estaba vivo.
Como resultado, los investigadores encontraron una enorme variedad de hongos y bacterias.
La mayoría corresponde a organismos aún presentes actualmente en la flora intestinal y en la piel humana.
Por otro lado, algunas especies encontradas despertaron especial interés de los científicos debido a su rareza y resistencia extrema.
Bacterias y hongos prehistóricos desafiaron la muerte
Entre los organismos identificados estaban bacterias comunes de la flora intestinal, como Romboutsia hominis y Eubacterium sp.
Además, los investigadores encontraron microorganismos asociados a enfermedades conocidas.
Entre ellos aparecen Clostridium perfringens y Staphylococcus aureus.
Actualmente, el Staphylococcus aureus sigue siendo uno de los principales agentes responsables de infecciones humanas. Puede provocar desde forúnculos hasta infecciones hospitalarias graves.
Sin embargo, el descubrimiento más impresionante involucró organismos considerados extremadamente raros.
Entre ellos estaban Glaciozyma watsonii, Mrakia robertii, Phenoliferia glacialis y Goffeauzyma sp.
Estas especies demostraron adaptación excepcional a ambientes extremadamente fríos.
Aún más importante, los científicos lograron cultivar algunas de ellas en laboratorio.
Los investigadores cultivaron con éxito bacterias del grupo Staphylococcus spp. y también las levaduras Glaciozyma watsonii, Mrakia robertii, Phenoliferia glacialis y Goffeauzyma sp.
Consecuentemente, la investigación comprobó que estos organismos permanecieron viables durante miles de años.
Descubrimiento puede impactar medicina e industria
La investigación va mucho más allá de la arqueología.
En la práctica, los resultados pueden influir en áreas importantes de la ciencia moderna.
Por ejemplo, las levaduras adaptadas al frío despertaron enorme interés por parte de los investigadores.
Estos organismos continúan funcionando a temperaturas extremadamente bajas. Por eso, pueden contribuir a procesos industriales específicos.
Además, los científicos creen que estas especies pueden ayudar en el desarrollo de nuevas tecnologías relacionadas con la fermentación.
En este escenario, sectores como la producción de cerveza, alimentos fermentados y biotecnología pueden beneficiarse directamente.
Al mismo tiempo, comprender los mecanismos biológicos responsables de esta resistencia extrema puede ayudar a investigaciones médicas relacionadas con la conservación celular y la supervivencia microbiana.
Frank Maixner, director del Instituto para Estudios de Momias del Eurac Research, destacó la relevancia del hallazgo.
Según él, los microorganismos encontrados en Ötzi no representan solo vestigios del pasado.
Por el contrario, continúan existiendo en las condiciones actuales de preservación de la momia, mantenida a aproximadamente -6°C.
Además, el investigador explicó que algunas de estas levaduras acompañaron al Hombre de Hielo durante toda su travesía a través de los milenios.
Hombre de Hielo aún guarda secretos para las próximas generaciones
Incluso después de décadas de estudios, Ötzi sigue sorprendiendo a los especialistas.
Desde su descubrimiento en 1991, la momia ya ha ayudado a los investigadores a comprender aspectos relacionados con la genética, alimentación, salud, tecnología y modo de vida de las poblaciones de la Edad de Piedra.
Ahora, el descubrimiento de microorganismos vivos añade una nueva capa de conocimiento a su historia.
Según Elisabeth Vallazza, directora del Museo de Arqueología del Tirol del Sur, el estado de conservación de la momia permanece extremadamente estable.
Además, el monitoreo microbiológico constante reduce riesgos de deterioro y protege este patrimonio científico.
Aun así, los especialistas defienden nuevas investigaciones e inversiones en conservación.
De esta manera, futuras generaciones también podrán estudiar uno de los cuerpos más extraordinariamente preservados jamás encontrados por la humanidad.
Por último, más de 5.300 años después de su muerte en los Alpes, entre Austria e Italia, Ötzi sigue revelando información capaz de transformar el conocimiento científico moderno. Y, al parecer, muchos de sus secretos aún esperan ser descubiertos.
Si fuera posible aprender más sobre el futuro de la medicina estudiando organismos que sobrevivieron por más de 5 mil años, ¿qué descubrimiento te gustaría ver primero?

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