Mientras el sector nuclear global está dominado por Westinghouse, Rosatom, KEPCO y EDF, la estatal argentina Nucleoeléctrica Argentina (NASA) aprobó el 13 de mayo de 2026 un cambio en el estatuto que la transforma de simple operadora de 3 plantas en vendedora de servicios técnicos en el mercado nuclear internacional, según cobertura de El Cronista.
El movimiento acompaña el plan del gobierno de Milei de abrir parcialmente el capital de la empresa y dar a la energía nuclear un papel central en la estrategia energética y exportadora.
La NASA pasa a ofrecer ingeniería, mantenimiento, paradas de planta y asistencia técnica internacional.
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En la práctica, el antiguo estatuto limitaba a la empresa a generar electricidad en las plantas Atucha I, Atucha II y Embalse. Ahora, con la nueva unidad de negocio, la empresa puede prestar servicios a terceros en períodos de menor actividad de las centrales locales.
Qué cambia exactamente con el nuevo estatuto de 2026
El punto central del cambio es el objeto social más amplio. La NASA pasó a definirse como empresa que genera electricidad y también vende capacidades técnicas acumuladas en más de 5 décadas.
Según cobertura de EconoJournal, la asamblea de accionistas aprobó explícitamente una nueva unidad de comercialización de servicios e insumos para centrales nucleares.
Esta frente incluye 5 categorías: operación, mantenimiento, paradas programadas, ingeniería especializada y asistencia internacional.
La lógica comercial es directa. La NASA opera 3 plantas con paradas técnicas periódicas. En los períodos de menor actividad local, los mismos ingenieros pueden participar en contratos en el exterior, según El Cronista.
En paralelo, el oficialismo presenta el movimiento como “poner en valor” el know-how nuclear argentino. Brasil tiene el programa Angra con Eletronuclear, pero opera con tecnología diferente: PWR americano y alemán en Angra 1 y 2.
Los números del parque nuclear argentino en 2026
La NASA opera las 3 únicas centrales nucleares de potencia del país. La operación total suma 1.736 megavatios de potencia instalada.
Atucha I entró en operación en 1974 con 335 MW líquidos. Fue la primera planta nuclear de América Latina y mantiene operación continua hace 52 años, con extensión de vida útil aprobada por la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN).
Atucha II comenzó operación comercial en 2014 con 745 MW. Es la mayor de las 3, situada a las márgenes del río Paraná, en el municipio de Lima, en la provincia de Buenos Aires.
La construcción llevó cerca de 31 años entre proyecto inicial en 1980 y operación plena.
Embalse, en Córdoba, entró en servicio en 1984 con 656 MW. Fue modernizada en 2015-2019 con extensión de vida por más 30 años. La operación prolongada es referencia regional en retrofit nuclear.

Revelación técnica: la tecnología CANDU sin enriquecimiento
En segundo plano, Argentina opera con tecnología distinta de otros países latinoamericanos. La central de Embalse usa la tecnología CANDU canadiense, sigla para Canadian Deuterium Uranium.
El sistema CANDU es un reactor de agua pesada presurizada del tipo PHWR. Funciona con uranio natural sin necesidad de enriquecimiento, diferente de los reactores PWR americanos que dominan Brasil y EE.UU.
La ventaja geopolítica es clara. Operar con uranio natural reduce la dependencia de la cadena internacional de enriquecimiento, controlada por 5 países: EE.UU., Rusia, Francia, China y Holanda. Argentina conserva autonomía técnica.
Por otro lado, las Atuchas I y II son reactores de agua pesada presurizada de diseño alemán original, con particularidades desarrolladas en colaboración entre la industria nuclear argentina y proveedores europeos.
Esta combinación rara explica la robustez técnica argentina en 5 décadas.
El CAREM, el reactor modular argentino de 25 MW
El proyecto CAREM es uno de los más emblemáticos de la nuclear argentina reciente. Es un pequeño reactor modular (SMR) con 25 MW eléctricos en la versión de demostración.
Según datos de la Comisión Nacional de Energía Atómica, el CAREM comenzó a ser proyectado en 1984. El prototipo del CAREM-25 está en construcción en Lima desde 2014, con previsión de entrada en operación en 2027.
La versión comercial planificada es el CAREM-300, con 300 MW de potencia. El diseño sigue el concepto mundial de SMRs, que ganaron tracción después de 2020 con proyectos como el NuScale de EE.UU. y el BWRX-300 de GE Hitachi.
En paralelo, el mercado mundial de SMRs debe mover cerca de US$ 150 mil millones hasta 2040 según la IAEA. Argentina mira posición relevante en este nicho con el CAREM, contando con la base técnica acumulada.

Revelación humana: el plan nuclear de Milei y Caputo
La cara humana del giro estratégico está en el presidente Javier Milei y en su ministro de Economía, Luis Caputo. En entrevistas en 2025 y 2026, Milei posicionó la energía nuclear como pilar del reset energético argentino, al lado de Vaca Muerta en petróleo y gas.
Según análisis de Infobae, el plan oficial en 2026 incluye 4 movimientos. Primero, abrir parcialmente el capital de la NASA para inversores privados.
Segundo, vender servicios al exterior. Tercero, acelerar el CAREM. Cuarto, posicionar a Argentina como exportadora de tecnología nuclear en América Latina.
En paralelo, el presidente de la NASA es José Luis Antúnez, ingeniero nuclear con 28 años de carrera en la empresa. Antúnez conduce técnicamente el cambio y responde a la coordinación del ministerio de Economía.
Por otro lado, sindicatos de la empresa expresaron preocupación. La Asociación de Trabajadores del Estado teme que la apertura de capital lleve al despido de hasta 1.200 de los 2.800 empleados actuales. La negociación colectiva continúa.
Cómo se compara Argentina con los gigantes nucleares
El mercado nuclear global reúne 4 actores dominantes en 2026. La Westinghouse americana lidera con 60 reactores PWR en operación en el mundo.
La Rosatom rusa controla 35 reactores y exporta tecnología VVER para Egipto, Bangladesh y Turquía.
La KEPCO surcoreana construyó 4 reactores APR-1400 en los Emiratos Árabes Unidos en 12 años. La EDF francesa opera 56 reactores domésticos y exporta el EPR para Reino Unido y China.
La china CNNC opera 25 reactores y mira exportación para mercados emergentes.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía Atómica, el mundo opera 415 reactores comerciales en 2025. Argentina ocupa un nicho técnico raro: tiene 5 décadas de operación, controla la cadena de uranio natural y desarrolla SMR propio.

Revelación futura: el cronograma de exportación hasta 2030
El próximo paso previsto por la NASA es firmar los primeros contratos internacionales de servicio técnico aún en 2026. El foco inicial son países latinoamericanos sin expertise nuclear: Bolivia, Paraguay y Uruguay estudian programas iniciales.
En paralelo, el cronograma incluye 3 hitos críticos hasta 2030. El primero es la entrada en operación del CAREM-25 en 2027. El segundo es el inicio de la construcción del CAREM-300 en 2028.
El tercero es la primera exportación de tecnología para un cliente extranjero hasta 2030.
Según la Secretaría de Energía Argentina, la meta es elevar la participación nuclear en la matriz eléctrica argentina de 7,5% a 15% hasta 2035. Vale recordar la cobertura de transformaciones sectoriales comparables en otros países.
- Cambio estatutario: 13 de mayo de 2026
- Empresa: Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA)
- Centrales operadas: 3 (Atucha I, Atucha II, Embalse)
- Potencia total instalada: 1.736 MW
- Tecnología: CANDU PHWR (uranio natural, agua pesada)
- SMR argentino: CAREM-25 (25 MW), comercial CAREM-300
- Empleados: 2.800 activos
- Meta nuclear en la matriz: 15% hasta 2035 (actual 7,5%)

Los puntos que aún dependen de negociación política
A pesar de la decisión estatutaria, 3 frentes aún dependen de avance político. La apertura parcial del capital de la NASA necesita de aprobación del Congreso argentino, sin mayoría automática del oficialismo en 2026.
Por otro lado, contratos internacionales exigen certificación de la IAEA y de la ARN argentina. Por último, sindicatos y Asociación de Trabajadores del Estado negocian garantías de empleo para los 2.800 empleados actuales.
El resultado define el ritmo de la fase comercial internacional de la NASA.

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