Construido 100 metros debajo de la superficie, el Trentino DataMine quiere crecer de 800 kW a 6 MW y entra en la disputa por un lugar destacado en la infraestructura para inteligencia artificial en Italia.
Un centro de datos instalado dentro de una mina activa en los Alpes italianos fue concluido tras dos años y medio de obras y ya comienza a llamar la atención por la propuesta fuera de lo común: guardar servidores 100 metros debajo de la superficie, al lado de espacios usados durante décadas para almacenar manzanas, vino espumoso y queso.
El proyecto, bautizado como Trentino DataMine, consumió €50 millones y nace como una apuesta en infraestructura digital con discurso de seguridad y sostenibilidad. En fase inicial, el centro opera con 800 kW de capacidad, pero la proyección es llegar a 6 MW después de la expansión.
Según Data Center Dynamics, la construcción fue concluida tras un proceso iniciado en 2024 y desarrollado dentro de la cava Tuenetto di Predaia, en el valle de Non, al noreste de Italia.
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Una infraestructura digital cavada en la roca de los Dolomitas

El Trentino DataMine se encuentra en una mina activa en los Dolomitas y tuvo el 80% de la estructura erigida totalmente en el subsuelo. La idea es aprovechar las condiciones naturales de la región para albergar los servidores en un ambiente más estable y menos dependiente de sistemas tradicionales de refrigeración.
De acuerdo con el material divulgado, las salas subterráneas operan a una temperatura constante de 12°C y con humedad cero. Esto es posible gracias al enfriamiento natural proporcionado por la roca dolomítica y por el aire fresco proveniente del valle de Non, sin necesidad de refrigeración mecánica adicional.
Otro punto central del proyecto es la energía. La administración de la provincia autónoma de Trento informó que la fuente utilizada es mayoritariamente hidroeléctrica y captada localmente, reforzando la imagen de una estructura pensada para gastar menos energía en una actividad que suele demandar mucho enfriamiento.
Obra movió 63 mil metros cuadrados de roca y 15 km de túneles
El tamaño de la ingeniería detrás del centro de datos ayuda a explicar el peso del emprendimiento. La construcción involucró la retirada de 63 mil metros cuadrados de roca, la excavación de 15 kilómetros de túneles y la creación de un pozo vertical, llamado “fornello”, que conecta las galerías operacionales a la superficie.
No se trata solo de adaptar una cavidad antigua al uso digital. El proyecto fue diseñado como una nueva infraestructura subterránea, con un estándar de seguridad elevado y lógica de operación propia, lo que requirió un trabajo de excavación e ingeniería compatible con la ambición de la obra.
En la práctica, la mina dejó de ser solo un espacio de extracción y almacenamiento para también recibir servidores, conectando dos mundos muy diferentes: el de la producción tradicional de la región y el de la infraestructura que sostiene servicios digitales e inteligencia artificial.
La asociación pública y privada financió el proyecto
El Trentino DataMine fue desarrollado por una asociación entre la Universidad de Trento y empresas locales, entre ellas la constructora Covi Costruzioni, la compañía de servicios de TI Dedagroup, la operadora de salud GPI y la holding Istituto Atesino di Sviluppo.
Del total invertido, más de €18 millones provinieron del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia de Italia, conocido por la sigla PNRR. El resto fue dividido entre los socios del emprendimiento, que fue anunciado el año anterior al inicio efectivo de las obras.
Para Achille Spinelli, vicepresidente de la provincia autónoma de Trento, la entrega marca el fin de los trabajos fundamentales para poner la infraestructura en funcionamiento. Dijo que el proyecto puede convertirse en un polo estratégico para investigaciones, tecnologías de inteligencia artificial y nuevos desarrollos digitales en el país.
Europa amplía apuesta en centros de datos subterráneos
La iniciativa italiana entra en una tendencia que viene ganando espacio en Europa: el avance de centros de datos subterráneos. La lógica es unir más protección física y menor impacto ambiental, dos argumentos que han ganado fuerza en el sector.
El año pasado, la empresa belga Cegeka anunció una inversión inicial de €40 millones para construir un centro de datos subterráneo en Belgian Limburg. Antes de eso, en 1996, la suiza Mount10 convirtió antiguos búnkeres antinucleares bajo los Alpes en centros de datos que se conocieron como “Swiss Fort Knox”. Ya en Noruega, el Lefdal Mine Datacenter fue anunciado en 2015 e inaugurado en 2017.
El movimiento muestra que el subsuelo europeo se ha convertido, poco a poco, en una alternativa real para infraestructura digital pesada. En el caso de Trento, la mezcla entre mina activa, energía local y ambiente estable da al proyecto un peso especial dentro de esta carrera. Si esta idea se convertirá en estándar, el mercado aún responderá — pero la apuesta italiana ya está en pie.
Si sigues la tecnología y la infraestructura digital, vale la pena estar atento a este cambio y compartir el artículo con quienes se interesan por centros de datos e inteligencia artificial.


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