Con Exenciones Fiscales, Perdón de Deudas y Créditos Facilitados, Sector Agropecuario Crece a Costas de la Desigualdad Social, Devastación Ambiental e Inseguridad Alimentaria
Un estudio divulgado el lunes (18) por la Asociación Brasileña de Reforma Agraria (Abra) y la Fundación Friedrich Ebert Brasil (FES) apunta a que el modelo económico brasileño, al favorecer el agronegocio con recursos públicos, amplía el hambre, agrava las desigualdades y compromete la seguridad alimentaria de la población.
Según los autores Yamila Goldfarb y Marco Antonio Mitidiero Junior, el agronegocio es uno de los sectores más beneficiados con incentivos fiscales, créditos subsidiados y perdón de deudas, sin contrapartidas efectivas para el país. El estudio refuerza que estos privilegios resultan en pocos empleos, baja recaudación y acentuada concentración de la riqueza.
Además, los investigadores afirman que el sector representa solo 7,9% del PIB, emplea 3% de la fuerza de trabajo formal y responde por menos de 1,5% de la recaudación tributaria, a pesar de absorber 13,5% de los beneficios fiscales concedidos por el Estado.
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El argumento de que el agronegocio sostiene la economía nacional es, según los autores, un discurso engañoso, usado para justificar el traspaso de recursos a grandes productores y empresas exportadoras, en detrimento de la agricultura familiar.
Exportación de Commodities x Hambre en el País
El estudio señala que Brasil se ha especializado en la exportación de commodities primarias, como soja y maíz, en lugar de priorizar la producción de alimentos básicos como arroz y frijoles. Con esto, hay una disminución en la oferta interna de alimentos y un consiguiente aumento en los precios, afectando especialmente a los sectores más pobres de la población.
Este proceso profundiza la especialización primario-exportadora, reduce la disponibilidad de alimentos en el mercado interno y hace que el país dependa de importaciones para suplir artículos básicos. Según Mitidiero, “la tasa de lucro de la soja es mayor que la del frijol, entonces el productor migra de un cultivo alimentario a un cultivo exportador”.
Con menos comida y más productos destinados al exterior, aumenta la inseguridad alimentaria en el país. El resultado, alertan los autores, es un incremento del hambre, especialmente entre las poblaciones más vulnerables.
Ocupaciones, Violencia y Conflicto en el Campo
Otro efecto negativo destacado en el informe es el aumento de la violencia en el campo. De acuerdo con Mitidiero, los grandes productores, al expandir sus áreas para satisfacer la demanda externa, entran en conflicto con comunidades indígenas, quilombolas, campesinos y agricultores familiares.
Además, el Plan Safra 2023/2024, citado en el estudio, destinó R$ 364 mil millones al agronegocio y solo R$ 71 mil millones a la agricultura familiar, lo que, según los autores, refuerza el desequilibrio estructural en la distribución de recursos y agudiza las disputas por tierras productivas.
Este fenómeno, conforme al estudio, representa una inversión de los roles del Estado, que, en lugar de garantizar seguridad alimentaria y justicia social, actúa como un “Robin Hood al revés”, favoreciendo a los más ricos en detrimento de los pequeños productores.
Críticas al Modelo y Propuesta de Reforma Agraria
Para Goldfarb, el modelo actual necesita ser urgentemente sustituido por una política que subsidie la producción de alimentos, y no la de commodities. Ella defiende que los incentivos del gobierno sean destinados a la agricultura familiar, con crédito, asistencia técnica y seguros adaptados a la realidad de los pequeños productores.
La reforma agraria es señalada como la principal solución estructural para revertir el actual escenario. Según los investigadores, garantizar derechos territoriales a pueblos tradicionales y campesinos es fundamental para establecer un modelo soberano de desarrollo, centrado en las necesidades del país.
No obstante, el estudio destaca que la perspectiva actual es desfavorable. Goldfarb advierte que vivimos un periodo de “agrofundamentalismo”, en el cual críticas al agronegocio son recibidas con hostilidad, y las políticas públicas siguen profundizando el extractivismo agrícola y minero.
Crítica Simbólica y Datos Económicos
Como ilustración final, el informe usa la fábula del escorpión y la tortuga para describir la relación entre Brasil y el agronegocio: “El escorpión pide que la tortuga confíe en él y le ayude a cruzar el río, pero es de su naturaleza dar la picadura, incluso a quien le está ayudando.”
El análisis también cuestiona los datos de la balanza comercial, señalando que el superávit del agronegocio no compensa el déficit de las cuentas externas, que sumaron US$ 56 mil millones negativos en 2024, según el Instituto de Estudios para el Desarrollo Industrial (IEDI).
La publicación fue divulgada por el portal O Joio e o Trigo, con base en el estudio “El agro no es tech, el agro no es pop y mucho menos todo”, de 2021, ampliado por los mismos autores en este nuevo levantamiento.

O governo precisa rever este dilema de financiar o agro que já são, empresa milionário, e são contra o povo brasileiro, precisamos urgente da reforma agrária neste país só assim o povo é o país podem crescer, n com o agro e si. Com as indústrias