El Instituto Fraunhofer y la startup First Ammonia Motors adaptaron un motor V8 de los años 90 para funcionar con amoníaco, emitiendo solo nitrógeno y vapor de agua. La tecnología aún enfrenta desafíos de costo y consumo elevado.
Un motor de combustión convencional funcionando sin una gota de petróleo y sin emitir dióxido de carbono. Lo que parecía distante acaba de tomar forma concreta: el Instituto Fraunhofer de Microtecnología y Microsistemas (IMM), en Alemania, en colaboración con la startup estadounidense First Ammonia Motors (FAM), presentó una tecnología capaz de hacer que un motor de gasolina tradicional funcione con amoníaco como combustible.
Según informó el sitio web Xataka, la novedad surge en un contexto de presión global por alternativas al petróleo convencional, combinando la inestabilidad en Oriente Medio con las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
¿Cómo funciona un motor impulsado por amoníaco?
El amoníaco —identificado por la fórmula química NH₃— es un gas compuesto por tres átomos de hidrógeno por cada átomo de nitrógeno. Aunque no es una idea nueva como combustible, siempre ha tropezado con un obstáculo técnico importante: su temperatura de ignición es muy elevada, lo que dificultaba el funcionamiento directo en motores convencionales.
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Anteriormente, la solución adoptada era mezclar amoníaco con diésel o metanol para viabilizar la combustión. Lo que el IMM y la FAM hicieron fue precisamente resolver este cuello de botella de forma diferente. En el sistema desarrollado por ambas entidades, cuando el motor se enciende, el amoníaco no quemado que saldría por el escape pasa por un proceso de descomposición.
El hidrógeno liberado en este proceso es entonces reinyeccionado directamente en el motor, actuando como aditivo de ignición. Al ser más inflamable que el amoníaco puro, permite que el propulsor arranque y entre en funcionamiento normalmente.
A partir de ahí, el motor opera emitiendo solo nitrógeno y vapor de agua — un nivel de contaminación significativamente menor que el generado por la quema de gasolina o diésel.
El motor de prueba: un V8 de los años 90
Para validar la tecnología, los investigadores utilizaron un Chevrolet V8 de 6,6 litros, modelo de la década de 1990, instalado en una camioneta Chevrolet C10. En las condiciones de prueba, el motor se comportó como si estuviera siendo abastecido con gasolina común — con una diferencia considerable en el consumo.

Al tener una densidad energética 50% menor que la de la gasolina, el amoníaco exige que se inyecte una mayor cantidad de combustible para generar la misma potencia. En la práctica, esto hizo que el consumo del vehículo se duplicara en relación con el original.
Para compensar y mantener una autonomía aceptable, la C10 utilizada en las pruebas pasó a cargar el doble de la capacidad de combustible en relación con su tanque original de gasolina.
Ventajas y limitaciones de esta tecnología de motor
La propuesta de FAM y del IMM presenta puntos positivos relevantes, pero también desafíos que no pueden ser ignorados:
Ventajas:
- Eliminación total de las emisiones de CO2 durante el funcionamiento del motor
- Aprovechamiento de la infraestructura de motores de combustión ya existentes
- Tiempo de repostaje equivalente al de la gasolina, según la empresa
- Posibilidad de producción de amoníaco verde a partir de fuentes renovables
Limitaciones:
- Consumo de combustible duplicado en relación con la gasolina
- Ausencia de red de estaciones de servicio en EE. UU. y Europa
- Costo elevado de producción del amoníaco
- Proceso productivo que exige la generación previa de hidrógeno y nitrógeno por separado
- Alto consumo de energía en el proceso de fabricación del combustible
¿Por qué el amoníaco es caro de producir?
Producir amoníaco no es sencillo. El proceso exige, antes que nada, la obtención de dos gases separados —hidrógeno y nitrógeno— que luego se combinan. El hidrógeno puede extraerse del agua mediante electrólisis, mientras que el nitrógeno se obtiene del propio aire atmosférico.
Aunque ambos procesos son técnicamente viables, demandan gran cantidad de energía, lo que eleva el costo de producción y compromete la eficiencia energética del ciclo en su conjunto. Incluso cuando se produce de forma verde —es decir, usando fuentes renovables—, el amoníaco sigue siendo caro.
La propia FAM reconoce el desafío y apuesta, con cierto escepticismo implícito, por la futura subida de los precios de la gasolina como factor que haría al amoníaco económicamente competitivo a lo largo del tiempo.

Un futuro incierto, pero posible
La startup planea comercializar un dispositivo capaz de convertir motores de gasolina convencionales para operar con amoníaco. Sin embargo, además del costo elevado del combustible, el alto consumo y el bajo rendimiento estimado en el proceso de producción plantean dudas sobre la viabilidad económica de la tecnología a gran escala.
Por otro lado, en el escenario de las alternativas a los combustibles fósiles, el amoníaco no está solo en la disputa.
El hidrógeno, frecuentemente señalado como la solución del futuro, también enfrenta críticas —y grandes fabricantes como Stellantis ya han reducido el ritmo de las investigaciones en esta área. Pocos fabricantes aún mantienen apuestas firmes en esta tecnología, lo que ilustra cuánto el sector aún busca un camino claro para la descarbonización de los motores de combustión.
Fuente: Xataka

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