Buque de guerra japonés hundido en 1942 es encontrado con explosivos intactos en el fondo del Pacífico. Descubre lo que los científicos revelaron sobre el Teruzuki.
Más de 80 años después de desaparecer en las profundidades del Océano Pacífico, un buque de guerra japonés de la Segunda Guerra Mundial fue redescubierto — y con una sorpresa que impresionó incluso a los especialistas: los explosivos siguen allí, intactos y potencialmente activos. Se trata del destructor Teruzuki, de la clase Akizuki, que fue hundido por torpedos americanos en 1942 y ahora reposa silenciosamente en el temido tramo conocido como Iron Bottom Sound, cerca de las Islas Salomón, con torres de artillería aún apuntando hacia el cielo.
La embarcación, que participó en las intensas batallas en torno a Guadalcanal — una de las disputas más sangrientas del teatro de guerra en el Pacífico — fue localizada a 820 metros de profundidad por el equipo de Ocean Exploration Trust, organización especializada en mapeo y exploración submarina. El hallazgo se realizó con la ayuda de un ROV (vehículo operado remotamente), revelando uno de los restos más bien conservados de la Segunda Guerra ya encontrados.
Explosivos activos después de 80 años: un campo minado bajo el mar
Lo más sorprendente fue el arsenal encontrado a bordo del Teruzuki: cargas de profundidad, municiones e incluso las torres de artillería siguen presentes y en un estado de conservación que exigió la máxima cautela por parte del equipo.
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A diferencia de la antigua hipótesis de que el propio armamento había causado la destrucción de la embarcación, ahora se confirma que los torpedos lanzados por lanchas americanas fueron los únicos responsables del naufragio.
Imágenes captadas muestran que la popa está separada del resto del casco en aproximadamente 208 metros, pero gran parte de la cubierta principal está intacta — como si el barco hubiera quedado congelado en el tiempo. El timón averiado, que imposibilitó cualquier maniobra para escapar después de los ataques, también fue encontrado en posición original.
El ‘cementerio’ de barcos del Pacífico
El área donde se encontró el Teruzuki es una de las más letales de la historia naval. Apodada Iron Bottom Sound — literalmente, «Son de las Profundidades de Hierro» — la región acumuló decenas de barcos de guerra, submarinos y aviones durante los enfrentamientos entre Japón y Aliados, especialmente entre agosto y diciembre de 1942.
La isla de Guadalcanal, epicentro de los combates, era vital para el control de las rutas marítimas del Pacífico Sur. Por eso, las batallas navales en esa área involucraron la máxima fuerza de ambos lados, con enfrentamientos que costaron miles de vidas y resultaron en un paisaje submarino repleto de restos históricos.
Tecnología de punta rescatando la memoria de la guerra
La misión que encontró el Teruzuki utilizó sensores y cámaras de altísima resolución para mapear en detalle el estado del barco. Los videos publicados por el equipo de Ocean Exploration Trust revelan armamentos aún acoplados, pasillos internos preservados y estructuras metálicas protegidas por el frío, la ausencia de oxígeno y la oscuridad de las profundidades — un verdadero museo bélico sumergido.
Además del valor arqueológico e histórico, los especialistas subrayan el riesgo involucrado en la aproximación: algunos de los explosivos japoneses de la época son tan inestables que pueden detonarse con simples vibraciones o toques accidentales. La operación exigió pericia de alto nivel y máxima cautela.
Memoria viva de la Segunda Guerra Mundial
El destructor Teruzuki ahora se une a otros íconos navales de la Segunda Guerra que han sido redescubiertos en las últimas décadas, como el USS Indianapolis o el portaaviones Akagi. Pero, a diferencia de muchos restos corroídos y sin vida, el Teruzuki parece estar solo adormecido, como si aún estuviera esperando órdenes.
La redescubierta no solo corrige registros históricos, sino que también reactiva el debate sobre los riesgos ambientales y militares de armamentos olvidados en el fondo del mar. Y más que eso: permite a la humanidad revisitar, con respeto y atención, las cicatrices dejadas por uno de los conflictos más destructivos de la historia.


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