La cicatriz en la Luna apareció tras un choque a finales de la primavera de 2024 y dejó un embudo de 43 metros de profundidad, con rocas y material oscurecido que puede haberse derretido y solidificado en segundos.
La cicatriz en la Luna identificada por científicos revela el rastro reciente de un impacto raro en la superficie lunar, formado a finales de la primavera de 2024 y detectado al comparar imágenes de antes y después captadas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter, la LRO, de la NASA.
El hallazgo llama la atención porque la Luna es golpeada constantemente por rocas espaciales, pero evidencias tan recientes son inusuales, ya que los cráteres no “se borran” con viento o agua en la superficie lunar, y la mayoría de las marcas conocidas tiene millones o incluso miles de millones de años.
Cómo se descubrió la cicatriz en la Luna en las imágenes de la LRO
El equipo detrás del descubrimiento observó cambios claros en imágenes tomadas antes y después del evento, lo que permitió confirmar la formación reciente del cráter. El registro es un caso raro y valioso para entender mejor cómo se forman los cráteres no solo en la Luna, sino en otros cuerpos del Sistema Solar.
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Los resultados fueron presentados en la 57ª Reunión de Ciencias Lunares y Planetarias, en marzo, reforzando el papel del monitoreo continuo como herramienta para capturar eventos que, en la práctica, suelen ocurrir sin ningún aviso visible desde la Tierra.
Un cráter récord en 17 años de misión
El cráter recién identificado mide alrededor de 225 metros de ancho y, según los investigadores, es el mayor cráter de impacto formado durante los 17 años de la misión de la LRO. El récord anterior en la misión era de un cráter de 70 metros, descubierto en 2013 también por comparación de imágenes del mismo lugar.
El evento se describe como extremadamente raro, con una ocurrencia estimada de una vez cada 139 años para un impacto de esta escala, lo que ayuda a explicar por qué nuevos cráteres tan grandes casi nunca se ven en tiempo “reciente”.
Profundidad, forma y rocas arrojadas por el impacto

Además del ancho, la estructura impresiona por su forma. El cráter tiene alrededor de 43 metros de profundidad y fue descrito como un embudo de paredes empinadas. Alrededor de él, aparecen grandes bloques de roca eyectados por la colisión, con el mayor llegando a cerca de 13 metros.
Esta distribución de escombros es una pieza central para reconstruir la dinámica del choque, porque ayuda a estimar dirección, intensidad y consecuencia del impacto.
La pista dejada por el rastro de escombros
Al analizar la dirección del material eyectado, el equipo pudo observar la dirección del rastro y estimar de dónde vino el objeto. La roca espacial puede haber llegado desde la dirección sur-suroeste, con suficiente velocidad para perforar la superficie y esparcir escombros hacia el norte.
El rastro funciona como un mapa del impacto, transformando el cráter en un registro físico de trayectoria y energía liberada.
Material oscuro y posible “vidrio” formado por el calor
Dentro del cráter, los investigadores notaron un material inusualmente oscuro, descrito como similar a rocas con apariencia vítrea. La hipótesis es que parte del material fue derretido por el calor del impacto y solidificado casi inmediatamente, una señal de cuánta energía fue liberada en el evento.
Cuando el choque es lo suficientemente fuerte como para alterar el suelo lunar en instantes, deja pistas químicas y visuales, y esto ayuda a entender la formación de cráteres con más precisión.
Lo que la LRO ya ha aprendido sobre la frecuencia de impactos
La LRO orbita la Luna desde hace 17 años, mapeando la superficie en detalle para apoyar misiones futuras. En este período, la sonda ha identificado centenares de cráteres recién formados, y el conjunto de datos sugiere que la Luna puede estar siendo golpeada dos veces más de lo que se creía anteriormente.
En 2014, la propia LRO sobrevivió al impacto de un pequeño meteoroide mientras capturaba imágenes de la superficie lunar, reforzando que el ambiente es activo incluso sin atmósfera.
Antes de este descubrimiento, imágenes de la LRO también identificaron un cráter de 22 metros visto en noviembre de 2025, que puede haberse formado en algún momento entre diciembre de 2009 y diciembre de 2012, mostrando cómo la comparación de registros a lo largo del tiempo sigue revelando nuevas marcas.
Lo que te sorprende más de este impacto de 2024, ¿el tamaño del cráter o la rareza de un evento de este tipo?

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