El Primer Auto De Río De Janeiro Llegó En 1897, Causó Asombro En Las Calles Y Terminó Su Recorrido En Un Accidente Inusual
En 1897, una escena inusual marcó el inicio de la era de los automóviles en Río De Janeiro. El periodista y abolicionista José do Patrocínio regresaba de París con una novedad: el primer auto de la ciudad. Se trataba de un triciclo movido a vapor, creado por el francés Léon Serpollet. El vehículo llegó desmontado y fue reensamblado en Brasil con expectativa y curiosidad.
Patrocínio era conocido por su audacia y entusiasmo. Al presentar el automóvil, no escatimó en palabras. «Traigo de París un carro a vapor… El Vehículo Del Futuro, amigos míos. ¡Un prodigio!«, dijo, prometiendo que el vehículo haría el trayecto del Largo do São Francisco hasta Alto da Tijuca en solo media hora. Para él, aquella invención pondría fin a los tílburis, tranvías y hasta al ferrocarril.
La población de Río, acostumbrada al transporte tirado por animales, quedó asombrada. El cronista João do Rio, en “La Era Del Automóvil”, registró la reacción de la gente: “Gente con paraguas bajo el brazo se detuvo atónita, como si hubiera visto un bicho de Marte o un aparato de muerte inmediata.”
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Entre los primeros invitados a experimentar el nuevo vehículo estaba Olavo Bilac. Amigo personal de Patrocínio, el poeta asumió la dirección del Serpollet aunque no tenía ninguna experiencia con automóviles.
Patrocínio ocupó el asiento del acompañante, que estaba a la izquierda, ya que los vehículos seguían el estándar inglés en esa época.
El plan era ir de Botafogo hasta la Estrada Velha da Tijuca. Pero el viaje duró poco. El auto logró alcanzar alrededor de 4 km/h antes de que Bilac perdiera el control en la primera curva.
El Serpollet chocó contra un árbol. Ni Bilac ni Patrocínio resultaron heridos, pero el vehículo sufrió daños graves.
Años después, el escritor Coelho Neto recordó la escena con tono cómico en el periódico “Correio da Manhã”.
Según él, el auto llegó a quedar atrapado en un pozo y tuvo que ser remolcado con bueyes y cadenas. Abandonado, el automóvil se oxidó y se convirtió en refugio para gallinas. Al final, fue vendido como chatarra.
El episodio marcó no solo el estreno de los autos en la ciudad, sino también el primer accidente registrado.
Con información de Quatro Rodas.

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