Los EE. UU. excavaron 8 km de túneles en Yucca Mountain para estudiar si una montaña volcánica puede aislar residuos nucleares durante 10.000 años.
Cuando el gobierno de los Estados Unidos decidió investigar si una montaña volcánica podría almacenar residuos altamente radiactivos durante milenios, el debate mundial sobre energía nuclear ganó un nuevo capítulo. Desde finales de la Guerra Fría, los EE. UU. buscan una solución geológica capaz de garantizar que el combustible nuclear usado, extremadamente caliente, radiactivo y peligroso, permanezca aislado de la biosfera por períodos superiores a la historia de cualquier civilización. Fue en este contexto que surgió el proyecto en Yucca Mountain, en el desierto de Nevada, una iniciativa técnico-científica que atravesó décadas, gobiernos, batallas políticas, procesos judiciales y miles de millones de dólares.
Según el Departamento de Energía de EE. UU., las excavaciones estructurales comenzaron en los años 1990 y tenían como objetivo transformar el interior de la montaña en un laboratorio subterráneo. Para ello, excavadoras blindadas y Tunnel Boring Machines (TBMs) abrieron más de 8 km de túneles experimentales, localizados cerca de 300 metros bajo la superficie, dentro de un macizo de tufo volcánico soldado, roca formada por erupciones de un volcán extinguido hace unos 12 a 14 millones de años.
La profundidad y el tipo de roca no fueron elecciones aleatorias: cada metro excavado formaba parte de un estudio sobre cómo el agua subterránea, el calor, las fisuras y el tiempo influenciarían el material radiactivo.
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¿Por qué una montaña volcánica en el desierto?
Yucca Mountain está situada dentro del sitio de seguridad nacional de Nevada, una región extremadamente seca, con escasas lluvias, baja recarga de acuíferos profundos y suelo permeado por rocas volcánicas que presentan baja conductividad hidráulica.
Esto significa que, teóricamente, el agua subterránea tardaría miles de años en circular hasta el interior de los túneles, un requisito fundamental para el almacenamiento de combustible nuclear, ya que el agua puede transportar partículas radiactivas al medio ambiente.
La geología de la montaña ayudaba a reforzar el argumento técnico: múltiples capas de tufo volcánico soldado forman una barrera natural con porosidad reducida, mientras que zonas no soldadas funcionan como capas secundarias que amortiguan tensiones y acomodan fisuras. Estas características transformaron a Yucca Mountain en uno de los casos más estudiados del planeta cuando se trata de confinamiento geológico.
Tecnología, ingeniería y pruebas subterráneas
Las excavaciones se realizaron con TBMs de 7,6 metros de diámetro, utilizadas para abrir túneles capaces de acomodar vehículos, sensores y módulos de prueba. En el interior, los investigadores instalaron instrumentación para medir tres variables críticas:
- Calor — el combustible nuclear usado permanece caliente durante siglos.
- Agua — infiltraciones y humedad movilizan radionucleidos.
- Transporte geoquímico — reacciones químicas alteran la movilidad de elementos tóxicos.
Simulaciones térmicas llegaron a calentar paredes del túnel para probar cómo el calor se propaga en la roca, cómo esta “respira” y cómo responde a ciclos de humedad a lo largo del tiempo. Esto porque el proyecto necesitaba modelar períodos de 10.000 años, horizonte regulatorio definido por la Environmental Protection Agency (EPA) estadounidense para garantizar seguridad después del cierre de las operaciones.
Al mismo tiempo, el proyecto preveía el uso de contención doble: barriles metálicos con aleaciones especiales para retrasar la corrosión y el confinamiento geológico como barrera final. El principio era simple: incluso si el metal falla, la montaña sigue funcionando como filtro geológico.
El problema no era técnico, era geopolítico
A pesar de décadas de investigación, el proyecto nunca se convirtió en un depósito en operación. En 2002, el Congreso aprobó Yucca Mountain como el lugar oficial para almacenar el combustible usado de los reactores nucleares civiles de EE. UU. Sin embargo, había un obstáculo monumental: oposición política del estado de Nevada, que no tiene plantas nucleares y no aceptó convertirse en “depósito nacional”.
Las audiencias públicas reunieron a científicos, ingenieros, políticos, ambientalistas y comunidades indígenas. Desde el punto de vista regulatorio, el proyecto pasó por análisis de la Nuclear Regulatory Commission (NRC) y revisiones ambientales del Department of Energy (DOE), pero en 2010 el gobierno federal suspendió el proceso de licencias, interrumpiendo el avance legal del proyecto.
A partir de ahí, Yucca Mountain no murió técnicamente, quedó en un estado de estancamiento. Las instalaciones subterráneas, los túneles y el laboratorio siguen existiendo, pero sin autorización para recibir combustible nuclear real.
¿Qué pasó con el combustible nuclear de EE. UU.?
Mientras Yucca Mountain se estancó políticamente, el país adoptó una solución temporal: almacenamiento seco cerca de las plantas nucleares, utilizando cápsulas metálicas selladas en campos monitoreados. El uranio enriquecido usado en los reactores permanece caliente, radiactivo y físicamente estable en estos recipientes, pero esto no se considera una solución definitiva.
Estados como Illinois, Pennsylvania y Carolina del Sur acumulan gran parte del inventario nuclear civil estadounidense, ya que concentran plantas que operan desde la década de 1970. Esto significa que, irónicamente, el país que más invirtió en investigaciones geológicas profundas para almacenar combustible nuclear aún no ha resuelto políticamente dónde colocarlo.
¿Por qué todavía se habla de Yucca Mountain?
Porque el problema que intentaba resolver no ha desaparecido. El combustible nuclear no puede simplemente “desaparecer”: sigue siendo radiactivo y necesita ser confinado durante largos períodos. Por ello, países como Finlandia (Onkalo), Suecia (Forsmark), Francia (Bure) y Canadá (NWMO) han avanzado con depósitos geológicos profundos, con planes de sellado permanente.
Yucca Mountain, a pesar de estar detenida, sigue siendo una referencia científica global. Sus túneles a 300 metros de profundidad y su geología volcánica han sido utilizados en investigaciones que contribuyeron a la comprensión internacional de lo que significa proyectar para la escala de milenios.
¿Qué revela el caso Yucca Mountain sobre proyectos extremos?
Yucca Mountain expuso una contradicción de la civilización nuclear moderna:
- Tenemos tecnología para generar energía limpia sin CO₂,
- Tenemos ingeniería capaz de cavar túneles en montañas,
- Tenemos ciencia para modelar el comportamiento geológico durante milenios,
- Pero falta consenso político sobre el destino final de los residuos.
En este sentido, Yucca Mountain es menos un fracaso técnico y más un espejo del mundo en que vivimos: sociedades altamente energizadas, industrializadas y conectadas, pero que chocan con la parte menos glamourosa de la ecuación, qué hacer con lo que sobra.
Yucca Mountain ya fue llamada “obra científica de una generación”, no por su escala física, aunque 8 km de túneles a 300 m de profundidad impresionan, sino porque involucra ingeniería, geología, energía, política, seguridad nacional y la noción humana de tiempo profundo.
Mientras no haya una decisión definitiva, la montaña sigue allí: seca, volcánica, silenciosa, excavada y esperando el momento en que la civilización decida si está lista para lidiar con residuos diseñados para durar más que imperios, religiones y países.



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