Multimillonarios como Elon Musk y Sam Altman defienden la renta básica universal como una salida para el desempleo causado por la automatización.
Imagina un mundo donde todos reciben una cantidad mensual para garantizar su supervivencia, independientemente de su situación financiera.
En una era de automatización creciente y avances tecnológicos que prometen sustituir diversas profesiones, la idea de la renta básica universal (RBU) ha ganado fuerza entre los grandes nombres de la tecnología.
Elon Musk y Sam Altman, nombres poderosos en el sector, se han destacado en la defensa de un «salario mínimo universal» para mitigar los efectos de la revolución tecnológica.
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La propuesta que reúne multimillonarios de la tecnología
La renta básica universal es una política que sugiere la distribución de una cantidad fija de dinero para todos los ciudadanos, sin exigencias ni condiciones.
Musk, el multimillonario y dueño de empresas como Tesla y SpaceX, cree en la RBU como una solución al desempleo masivo que la automatización podría causar.
Según él, con la inteligencia artificial ocupando el lugar de diversas profesiones, el trabajo se volvería opcional, mientras que la garantía de una renta mínima se volvería esencial para la supervivencia.
Altman, cofundador de OpenAI y presidente de la empresa detrás de ChatGPT, también comparte esta visión.
Él, sin embargo, ha ido más allá de las palabras y recaudó aproximadamente R$ 60 millones para iniciar pruebas prácticas de la RBU.
En un experimento realizado por su organización OpenResearch, alrededor de mil personas de Illinois y Texas recibieron US$ 1 mil mensuales durante tres años.
Otro grupo de dos mil participantes, por su parte, recibió solo US$ 50 mensuales, formando un grupo de control.
De acuerdo con los primeros resultados del estudio, el 81% del dinero se destina a necesidades básicas, como vivienda, y el 22% para ocio, revelando un impacto positivo en la calidad de vida y la seguridad financiera de los participantes.
Renta universal: pruebas y limitaciones de la propuesta
Aunque la RBU gana popularidad, la aplicación práctica presenta desafíos. Jurgen De Wispelaere, investigador de la Basic Income Earth Network (Bien) y uno de los principales estudiosos sobre el tema, resalta que los experimentos existentes tienen límites importantes.
«Por ser temporales y focalizados en pequeños grupos, los participantes tienden a usar los recursos con cautela y no hacen cambios radicales en sus vidas», comentó al periódico O Globo.
Según él, a pesar de sus límites, las pruebas ofrecen un «laboratorio» que posibilita observar los efectos de la RBU en diferentes contextos sociales y económicos, además de ayudar a definir los mecanismos para viabilizar esta política a gran escala.
En una plataforma que mapea experimentos de RBU en curso por el mundo, De Wispelaere ya registró 18 pilotos de RBU, que suman inversiones de US$ 286 millones en seis países, incluidos Canadá, Finlandia e India. En EE.UU., la política se prueba en 35 estados, con 150 iniciativas activas.
RBU y desigualdad: financiamiento es un punto crítico
Mientras los magnates defienden la renta universal como alternativa a los desafíos del futuro del trabajo, economistas y especialistas en desigualdad social plantean la cuestión de su viabilidad económica.
Viviana Santiago, directora ejecutiva de Oxfam Brasil, señala que el debate sobre la RBU surge en un contexto de extrema concentración de riqueza global, en niveles inéditos.
Una investigación reciente de Oxfam reveló que el 1% más rico del mundo concentra una riqueza superior a la de los 95% más pobres juntos.
Santiago alerta que, sin una tributación justa para redistribuir la riqueza, los recursos para financiar la RBU pueden volverse cada vez más escasos.
Según la directora, la concentración de riqueza sin una política de redistribución significativa puede inviabilizar políticas sociales, como la propia RBU.
Para ella, la verdadera cuestión pasa por la repartición de la riqueza de los multimillonarios y una reformulación tributaria capaz de alimentar políticas públicas que beneficien a la mayoría.
El proyecto «World»: identidad biométrica para garantizar renta universal
Además de los experimentos con OpenResearch, Altman actúa en otra frente, la empresa World, que propone un sistema de identificación biométrica con escaneado de iris para posibilitar la distribución de renta universal.
La propuesta es conectar a cada individuo a una identidad digital única y asegurar que el recurso se dirija de manera segura e individual.
Este sistema involucra tres pilares: el escaneado de iris, una identificación biométrica personal y una criptomoneda para viabilizar los pagos.
En una entrevista con Oxygen, Andrea Janér, fundadora de la organización, destaca que World busca resolver la cuestión de la identidad única para garantizar la distribución de renta universal en una sociedad donde el empleo se volverá cada vez menos necesario.
«Al lanzar ChatGPT y avanzar en la creación de inteligencia artificial, Altman crea un ciclo en el que dicta el ritmo del futuro y, al mismo tiempo, propone soluciones para los desafíos que sus tecnologías traen», puntualiza Janér.
Los primeros defensores y la creciente adhesión en el Valle del Silicio
El Valle del Silicio no es ajeno al concepto de renta básica universal. Desde los años 2000, con el surgimiento de las redes sociales, la idea ha ido ganando fuerza en la región.
Mark Zuckerberg, creador de Facebook, y Jack Dorsey, fundador de Twitter, ya han expresado apoyo al concepto, aunque no se han involucrado directamente en la implementación de proyectos de RBU, como lo ha hecho Altman.
Aunque el apoyo a esta política está creciendo entre líderes tecnológicos, economistas advierten que la efectiva implementación de la RBU depende de un consenso global sobre la redistribución de recursos.
Hasta el momento, la renta básica universal sigue siendo una utopía viable en pequeñas escalas, pero aún distante de ser adoptada como política pública de gran alcance.
La cuestión que divide opiniones: ¿vale la pena invertir en renta básica universal?
La renta básica universal tiene potencial para transformar el futuro del trabajo, pero aún divide opiniones sobre su viabilidad.
Para algunos, es una respuesta necesaria a los efectos de la tecnología en la fuerza laboral, mientras que otros creen que su implementación requiere una redistribución de riqueza que pocos países están dispuestos a adoptar.
¿Está el mundo preparado para sostener una política universal de renta básica y enfrentar la concentración de riqueza de los multimillonarios?

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