Perforación inédita en el Atlántico revela rocas profundas, reacciones químicas raras e indicios sobre procesos que pueden haber precedido la vida en la Tierra, ampliando el acceso científico al manto sin atravesar toda la corteza oceánica y abriendo nuevas posibilidades de investigación.
Alcanzando 1.267,8 metros por debajo del fondo del mar, una expedición científica en el Atlántico logró perforar el Atlantis Massif, montaña submarina cercana a la Dorsal Mesoatlántica, y recuperar un núcleo récord de rocas directamente ligadas al manto terrestre.
Responsable de la operación, la Expedición 399 del Programa Internacional de Descubrimiento Oceánico, el IODP, obtuvo acceso a materiales raramente observados de forma directa, generalmente escondidos bajo kilómetros de corteza oceánica que dificultan investigaciones profundas.
Con 71% de recuperación total del material perforado, el pozo U1601C alcanzó un rendimiento considerado elevado para este tipo de ambiente geológico, superando con amplia margen el récord anterior en formaciones dominadas por peridotito, que no pasaba de 201 metros.
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Más que la profundidad alcanzada, llama la atención la continuidad de las muestras recuperadas, ya que los tramos largos permiten reconstruir con mayor precisión la estructura interna de las rocas, además de seguir deformaciones y transformaciones químicas a lo largo del tiempo.
Rocas del manto expuestas en el Atlántico y acceso inédito al interior de la Tierra

Ubicado en una área tectónicamente activa, el Atlantis Massif se destaca porque movimientos geológicos trajeron rocas del manto y de la corteza inferior a regiones cercanas al fondo del mar, reduciendo significativamente las barreras naturales de acceso científico.
En otros puntos del océano, la corteza suele alcanzar alrededor de 6 kilómetros de espesor, lo que aún impide una perforación completa hasta el manto, algo que la tecnología actual no ha logrado realizar ni en las regiones más favorables.
Durante la perforación del U1601C, predominan rocas ultramáficas, responsables de 68% del material recuperado, mientras que 32% corresponden a rocas gabróicas, combinación que ayuda a entender mejor la formación de la litosfera oceánica.
Según el informe de la expedición, la secuencia incluye rocas mantélicas atravesadas por intrusiones de gabro, originadas del enfriamiento de magma profundo, formando un registro que reúne procesos tectónicos, magmáticos y hidrotermales en un mismo ambiente.
Reacciones químicas con hidrógeno y posibles conexiones con el origen de la vida
Entre los principales focos científicos, destaca la interacción entre agua de mar y minerales ricos en olivina, proceso que desencadena la serpentinización, reacción capaz de generar serpentina y liberar hidrógeno como subproducto químico relevante.
La presencia de este hidrógeno favorece la formación de metano, hidrocarburos de cadena corta y ácidos orgánicos sin participación directa de organismos vivos, lo que amplía el interés por ambientes abióticos similares a los de la Tierra primitiva.
De acuerdo con los investigadores, estos compuestos pueden actuar como bloques químicos fundamentales para la vida, no como evidencia directa de su origen, sino como demostración de que procesos naturales pueden generar moléculas complejas en condiciones extremas.
Además, el Atlantis Massif alberga el campo hidrotermal Lost City, conocido por liberar fluidos alcalinos ricos en hidrógeno y metano, reforzando la importancia de la región para estudios que conectan geología profunda y química prebiológica.
Segundo pozo profundiza mediciones y revela altas temperaturas en el subsuelo

Paralelamente, la expedición avanzó en el pozo U1309D, que alcanzó **1.498 metros bajo el fondo del mar**, ampliando el conjunto de datos sobre la corteza inferior oceánica, donde predominan rocas gabroicas.
Cerca de la base del pozo, las mediciones indicaron temperaturas en torno a **140°C**, valor similar al registrado en campañas anteriores, lo que refuerza la consistencia de los datos térmicos obtenidos en la región.
Entre 1.451 y 1.474 metros de profundidad, los investigadores identificaron una zona de fracturación y alteración, importante para comprender cómo el calor, la presión y la circulación de fluidos transforman estas rocas a lo largo de millones de años.
Además de las muestras sólidas, el equipo recolectó fluidos y registró propiedades como densidad, porosidad, resistividad, velocidad sísmica y orientación de fracturas, ampliando la comprensión sobre el comportamiento físico de estas formaciones profundas.
Otro objetivo relevante implica la investigación de los límites de la vida en ambientes extremos, ya que las porciones más profundas del U1601C pueden superar las condiciones conocidas para la supervivencia de microorganismos.
Área sigue siendo un laboratorio natural para estudios del manto terrestre
Mantenidos abiertos después de la perforación, los dos pozos podrán recibir nuevas recolecciones de fluidos, además de la instalación de observatorios de subsuperficie, lo que garantiza la continuidad de las investigaciones en la región.
Este escenario transforma el Atlantis Massif en un laboratorio natural permanente, dedicado al análisis del interior de la Tierra y de los procesos que moldean la litosfera oceánica a lo largo de escalas geológicas.
Aunque no representa una travesía completa de la corteza hasta el manto, la perforación alcanza rocas mantélicas expuestas por procesos tectónicos, permitiendo una aproximación inédita con materiales normalmente inaccesibles.
Con muestras extensas, evidencias de reacciones que producen hidrógeno y un ambiente marcado por interacciones entre agua, calor y roca, la expedición refuerza el papel del Atlántico como área estratégica para investigar la formación de la litosfera y la química anterior a la vida compleja.

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