El profesor Thales Nascimento, de Serrinha, en Bahía, reunió a estudiantes de secundaria de una escuela pública para crear un biocemento sostenible hecho con papel reciclado y fibra de coco. Después de más de un año de pruebas, el grupo desarrolló bloques para aceras populares de bajo costo que ya recibieron certificación del CREA-BA. Según información del G1, el proyecto ganó el Premio LED de TV Globo y de la Fundación Roberto Marinho entre más de 2,3 mil inscritos y obtuvo R$ 200 mil para transformar el biocemento en startup con producción estimada de mil bloques por día.
Un profesor de matemáticas y emprendimiento sin ninguna formación en ingeniería creó un biocemento a partir de basura en el interior de Bahía. Thales Nascimento, que enseña en una escuela pública en Serrinha, a 180 kilómetros de Salvador, reunió a estudiantes de secundaria para transformar papel desechado y fibra de coco, materiales abundantes en la ciudad, en bloques de construcción para aceras populares. El biocemento surgió de una inquietud práctica: cómo transformar residuos en algo útil para la comunidad, y después de más de un año de pruebas con mezclas y técnicas estudiadas por cuenta propia, el grupo llegó a un producto que ya tiene certificación del CREA-BA.
El reconocimiento llegó a escala nacional. El proyecto ganó el Premio LED, Luz en la Educación, iniciativa de TV Globo y de la Fundación Roberto Marinho que premia proyectos innovadores en la educación brasileña. Entre más de 2,3 mil inscritos en la edición de este año, Thales fue el ganador en la categoría Educadores y recibió R$ 200 mil para estructurar una startup a partir del biocemento desarrollado con los estudiantes. La meta es comprar maquinaria e iniciar producción en escala comercial de aproximadamente mil bloques por día.
Cómo estudiantes de escuela pública crearon el biocemento

El proceso de creación del biocemento no siguió ningún manual de ingeniería. Thales y sus alumnos estudiaron por su cuenta el funcionamiento de máquinas, mezclas y técnicas de construcción civil, probando combinaciones de papel reciclado y fibra de coco hasta encontrar una fórmula que produjera bloques lo suficientemente resistentes para pavimentar aceras. «No todo sueño comienza saliendo bien. Los primeros bloques no quedaron buenos, pero fuimos aprendiendo en el proceso», contó el profesor sobre los meses de prueba y error.
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El papel reciclado y la fibra de coco son materiales que en Serrinha normalmente serían descartados. La ciudad genera un volumen constante de ambos, y su utilización como materia prima para el biocemento resuelve simultáneamente dos problemas: reduce la basura y produce un material de construcción accesible. La certificación del CREA-BA validó técnicamente el producto, abriendo camino para que los bloques de biocemento pudieran ser utilizados en obras reales.
Las aceras gratuitas y el impacto en la comunidad
El biocemento ya salió del laboratorio escolar y llegó a las calles de Serrinha. Dos familias de la comunidad recibieron aceras producidas gratuitamente por el proyecto, demostrando en la práctica que los bloques soportan uso real y resisten las condiciones climáticas del semiárido baiano.
La repercusión hizo que los vecinos comenzaran a donar materia prima a la escuela y buscaran al equipo para entender cómo podrían participar en la iniciativa. El biocemento también pasó a ser utilizado en acciones de resocialización dentro del sistema penitenciario de la región, ampliando el impacto social del proyecto más allá de los muros de la escuela. Para Thales, «estamos demostrando que dentro de la escuela pública hay alumnos descubriendo su potencial y sacándolo a la luz».
El premio de R$ 200 mil que transformó el biocemento en startup
El Premio LED recibió más de 2,3 mil inscripciones de proyectos educativos de todo Brasil. La victoria del biocemento de Serrinha en la categoría Educadores rindió R$ 200 mil que serán invertidos en la compra de maquinaria, en la estructuración de la empresa y en el inicio de la producción a escala comercial. La expectativa es fabricar cerca de mil bloques por día en la primera fase.
La startup, bautizada como Biocimento do Sertão, ya cuenta con identidad visual, redes sociales y estructura de contacto para recibir pedidos. El desafío ahora es escalar la producción sin perder la esencia del proyecto: usar materia prima local, generar empleo en la comunidad y mantener el precio accesible para poblaciones de bajos ingresos que necesitan pavimentación básica en sus barrios.
Lo que el biocemento enseña sobre innovación en Brasil
La historia de Thales y sus alumnos desmonta la idea de que la innovación exige laboratorios caros, formación académica de punta e inversión millonaria. El biocemento nació en una escuela pública del interior de Bahía, con papel viejo y cáscara de coco, creado por un profesor de matemáticas y adolescentes de secundaria que nunca habían entrado en una fábrica de bloques antes.
El proyecto también demuestra que la educación pública puede generar tecnología aplicable cuando el profesor asume el papel de facilitador y los alumnos son colocados como protagonistas de soluciones reales. El biocemento de Serrinha no es solo un material de construcción: es la prueba de que el conocimiento práctico, combinado con persistencia y recursos mínimos, puede crear empresas, resolver problemas urbanos y transformar la perspectiva de vida de jóvenes que la mayoría del país ni siquiera percibe.
¿Sabías que alumnos de escuela pública en Bahía crearon un biocemento con papel y cáscara de coco que ya se convirtió en startup? ¿Qué impresiona más: la falta de formación en ingeniería, los R$ 200 mil de premio o las aceras gratuitas? Cuéntanos en los comentarios.

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