La planta termoeléctrica de Camaçari, en Bahia, que era una de las principales inversiones de Petrobras, está con operaciones paralizadas, deudas millonarias y con incertidumbre sobre lo que será de su futuro.
Petrobras ya solicitó el cierre de las operaciones de la planta termoeléctrica de Camaçari, por haber se convertido en un “elefante blanco”, ya que simplemente no puede vender la energía al precio necesario, que sirva para cubrir los costos de operación, mantenimiento y tecnología utilizada en la construcción de la planta. En una entrevista, Petrobras admitió que no tiene idea de qué hará con el maquinario de la planta. Corresponderá al general Joaquim Silva e Luna resolver este nuevo desafío, ya que asumirá la petrolera aún en este mes de marzo.
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Inversión y asociaciones que involucran la planta termoeléctrica
Construida en 2001, utilizando más de US$ 60 millones, la planta – que tiene capacidad para generar alrededor de 120 megavatios (MW) de energía – fue el resultado de una gran asociación entre Petrobras y la portuguesa EDP.
Aproximadamente tres años después, la estatal brasileña decidió que tendría el control total de la planta, pagando más R$ 240 millones, en valores ajustados por inflación, poseyendo hasta el momento el 100% del negocio. Sin grandes problemas, la planta se mantenía firme en la generación de energía. Sin embargo, para sorpresa de muchos, en 2017 la planta movida a generación por gas estaba completamente rodeada de problemas, lo que llevó a su inviabilidad.
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Salida del mercado de energía
Petrobras, al darse cuenta del caos en el que se encontraba la termoeléctrica, y también después de haber subastado en dos ocasiones en 2015 y 2017 la energía de la planta, comunicó a la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (Aneel) que la “Termocamaçari” ya no generaba ganancias y no mostraba resultados “económicamente viables” en el mercado de energía, debido a “ausencia de condiciones operativas”.
