Esquema con “barcos fantasmas” permite al Irán eludir sanciones internacionales y mantener la exportación de petróleo, generando cerca de US$ 50 mil millones por año para la Guardia Revolucionaria.
El petróleo ha vuelto al centro de un engranaje billionario que opera lejos de los focos. A pesar de las estrictas sanciones internacionales, el Irán mantiene un flujo intenso de exportaciones. Y gran parte de esa renta sostiene a la poderosa Guardia Revolucionaria.
La Guardia Revolucionaria del Irán no actúa solo como fuerza militar. Controla un vasto imperio económico. Está presente en sectores estratégicos como la construcción civil, infraestructura e industria petroquímica. Grandes obras nacionales pasan por empresas vinculadas al grupo. Conglomerados valorados en miles de millones de dólares orbitan su estructura.
No obstante, es el petróleo lo que garantiza la principal fuente de ingresos.
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Sanciones internacionales y la creación de los “barcos fantasmas”
Las sanciones impuestas al Irán restringen oficialmente la venta de petróleo en el mercado internacional. Aun así, todos los días, cerca de dos millones de barriles dejan la costa iraní.
La operación ocurre de manera silenciosa. Al acercarse a regiones como Indonesia y Malasia, las embarcaciones apagan sus sistemas de rastreo. Desaparecen de los radares. Por eso, se les conoce como “barcos fantasmas”.
En alta mar, el petróleo es transferido a otra embarcación. Esta segunda nave sigue bajo una bandera diferente. Luego, la carga tiene como principal destino China.
El cambio dificulta la identificación del origen del producto. Así, el petróleo iraní continúa circulando, a pesar del embargo.
Un mercado paralelo que mueve US$ 50 mil millones por año
El engranaje clandestino ha creado un mercado paralelo altamente lucrativo. Estimaciones indican que el esquema genera cerca de 50 mil millones de dólares por año a la Guardia Revolucionaria.
Este monto financia tanto la estructura interna como operaciones externas. Mientras tanto, dentro del país, la realidad es diferente.
A finales de enero, el rial alcanzó el valor más bajo de su historia. La inflación sigue presionando los precios. La población enfrenta crecientes dificultades.
Aun así, los ingresos del petróleo siguen siendo la pieza clave para sostener la máquina estatal. En medio del aislamiento diplomático y las restricciones comerciales, el régimen ha encontrado en alta mar una ruta alternativa para mantener el flujo de miles de millones.

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